En uno de los puntos tempranos de Onward, una mantícora que ha vivido días mejores explica a los protagonistas de la función cómo su guarida ha terminado convertida en un restaurante familiar típico, inofensivo e impersonal, mientras se ve claramente superada por la demanda de un negocio de esta clase. «No sabéis cómo es tener que responder ante los inversores». Una frase que expresa la situación del personaje y que no es complicado observar como un comentario de la propia Pixar y, por extensión, de Disney en general, donde la aventura y la emoción del riesgo son eliminados de la ecuación para optar por lo familiar y cómodo porque hay que obtener los resultados esperados en la propia reunión de accionistas.

La mantícora, por supuesto, termina rebelándose del yugo en el que estaba atrapado y vuelve a saborear el excitante toque del riesgo y la aventura. No cabe duda de que Dan Scanlon y el resto de involucrados en Onward ven su animada aventura como la energizante originalidad que necesitaba Pixar tras haberse entregado en exceso a la producción de secuelas. El espíritu y el entusiasmo están allí, pero el resultado muestra que entregarse a la fórmula patentada de la compañía es demasiado tentadora para evitarla. Porque es innegable que funciona y ofrece resultados, pero sólo te ayuda hasta cierto punto.

Onward es tan «Pixar menor» como cabía intuir por los trailers y ofrece exactamente lo que imaginas de ella: una aventura de dos hermanos elfos que descubren que la magia que veían en las partidas de rol es auténtica y les va a permitir tener de nuevo a su difunto padre por un día. La mente te puede llevar a pensar que el tema del padre va a llevarnos al momento lagrimita en el último acto, pero Pixar conoce demasiado cómo llegar al corazón de la audiencia y el corazón de esta película está en la cuestión fraternal. Por momentos, hasta se podría hablar de una Pixar más para padres que nunca -la cuestión de si en realidad Pixar alude más a los niños o a sus padres siempre está en el ambiente- pero mejor no para no desvelar demasiado el pastel.

Es imposible reprocharle que no funciona, porque es innegable que lo hace. Las fórmulas lo son por algo. Funcionar, eso sí, no te hace significativo, y la excesiva familiaridad hace que sus aciertos (la conjunción de las fantasías roleras con el mundo moderno, algunas secuencias de acción y la relación de los hermanos) resalten menos. Pero, al mismo tiempo, ¿necesita Pixar ser significativa todo el rato? ¿Tiene Onward una responsabilidad o se la estamos exigiendo? Podrá ser menor, pero está claro que disfruta siendo la película que es. Y seguro que hay mucha gente que lo disfrutara tanto o más que ella. Quizá yo no me suba a este tren (no veo locura que eventualmente se haga Onward 2), pero incluso siendo consciente de su obviedad he llegado al final con la lagrimita. No me cabe duda de que otras originales me interesarán o me tocarán más, pero prefiero una Pixar menor haciendo esto que una Monstruos University o Cars 27.