El maestro del glitch Markus Popp, Oval, vuelve cuatro años después en largo para recoger el testigo de aquél gran trabajo que fue popp (Uovooo, 2016), uno de los mejores discos de su curso y cuyo poso está muy presente en Scis (Thrill Jockey, 2020), que se publicó hace escasos días. Uno de los LPs que había que marcar en rojo para este inicio de año. Vuelve a la que ha sido siempre su casa, Thrill Jockey, para demostrar por qué es el pionero de ese ruido errático utilizado como herramienta musical. Si popp era un largo más frenético, centrando en los breaks y la melodía, este Scis está más centrado en las posibilidades que abre el trabajar con la electroacústica.

Sonoramente es continuista con el anterior largo, pero aborda sus habituales errores y melodías deconstruidas y atípicas desde la perspectiva de instrumentos acústicos, desde pianos preparados hasta instrumentos de viento de madera y secciones de cuerdas. Algo que se intuye nada más abrir el álbum y escuchar ‘Twirror‘, clasicista en sus primeros contrastes para después entrar con los breaks característicos de sus últimos discos y epés, y en medio de todo, capas vocales que ejercen más como otro sonido que como una intención de canto, como muestra también en ‘Improg‘. Precisamente si en popp todo fueron ritmos rotos y melodías incesantes que se salían de sus caminos en una suerte de correa de transmisión fuera de control, aquí el germano relaja el tempo para saborear esos ritmos junto al clasicismo que permiten simular cierta instrumentación.

Asimismo, tampoco faltan los detalles IDM marca de la casa, con ese sonido digital que con tanto orgullo ha defendido, y que han estado siempre jugando en los límites de su glitch. Algo que se ve claramente en los primeros cortes del LP, con piezas como ‘Robussy‘ o ‘Fluoresso‘. Por otra parte, también hay una vertiente vocal normal, al igual que la hay como otro mero recurso sonoro. Aunque hay pocos ejemplos, están las escasas voces filtradas de ‘Pushhh‘ o ‘Mikk‘. Eso sí, muy poco. Popp siempre ha mirado la creación artística desde un punto de vista diferente, creando a partir de la deconstrucción, cambiando de lugar los pilares de esas estructuras. Por eso, la parte vocal es un ‘instrumento’ más, como hacen otros, y sobre todo, lleva una línea propia desde hace casi 30 años y sus trabajos siguen siendo imprevisibles.

Manteniendo el pulso décadas después

En ese sentido, incluso en algunos temas como ‘Cozzmo‘ se puede percibir una alusión al deconstructed club —en lo sonoro, no en lo conceptual y sus premisas políticas—, a pesar de que Oval lleve experimentando tres décadas. Pero sin duda, es otro ejemplo de acercamiento a otros planteamientos electrónicos de hoy, actualizando su propuesta manteniendo sus fundamentos. Con esta vertiente electroacústica que tampoco es nueva en él, pero sí cruzándola con los ritmos rotos que se alejan de sus propuestas más experimentales de hace unos años, puede recordar a otros artistas que tiran de propuestas similares como Daniel Brandt.

Así pues, otro trabajo interesante sin duda de Oval, aunque es cierto que sobre todo de cara a la recta final del álbum al disco le falta la creatividad de la primera mitad, en cuanto al partido y la inspiración que le saca a todos los elementos con los que juega. Una vez mostradas las cartas, esos momentos finales son más lineales incluso en la construcción de las canciones, pero tampoco es una losa que lastre un conjunto en el que el alemán vuelve a mostrar sus dotes como creador, reinventándose después de haber sido el visionario que creó casi un género nuevo junto a sus compañeros Oschatz y Metzger en los primeros años del proyecto.

7,4/10

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