Un álbum imprescindible, sin más


Es demasiado vasto y requiere de mucho tiempo para sumergirse en él y poder analizar todos sus movimientos, pero dentro de la electrónica hay algunos microcosmos que siguen explosionando, creando reacciones y evolucionando hacia nuevos cuerpos. Es algo que está pasando en el outsider house, una pequeña corriente que todavía está lejos de tener el peso que tienen otras como la IDM o el techno, por poner un par de ejemplos. Quizá falta un gran nombre que rompa con un disco redondo. O simplemente, es el hecho del contexto musical el que impide su auge, teniendo también en cuenta que tampoco hay mucha literatura al respecto. Por otra parte, no supone nada rompedor (como sí lo fueran los dos mencionados) con respecto a lo anterior, y aunque aporta discursos muy interesantes, ya llevamos unas pocas décadas de experimentación y electrónica con muchos matices. Sin embargo, sigo perdiéndome fascinado entre esta pequeña parte de la galaxia.

Un talento en estado puro

Es lo que sucede con lo nuevo de Max Ravitz, aka Patricia, titulado Several Shades Of The Same Color (Spectral Sound, 2017). Un trabajo notabilísimo, de alta calidad, en el que vuelve a demostrar que es uno de los tipos del underground electrónico (coger con etiquetas la expresión) que más emociones y detalles pone en el plato. Sus requiebros, sus finas melodías y la contraposición entre agudos y graves, cuando no los sonidos orgánicos, hacen de su propuesta una paleta sonora de la que siempre descubrir detalles. En este tercer largo, en el que ofrece mucho más minutaje, recoge el sonido orgánico de su primer álbum y las texturas del segundo. Una mixtura que hace de este trabajo su obra más conseguida hasta ahora.

Como buen talento que es, es escurridizo a la hora de etiquetarlo, muestra además de su capacidad para navegar por diferentes afluentes musicales. De la sensibilidad que rezuma el tema que nos recibe, ‘I Know the Face, But Not the Name’, a ese cruce entre techno sordo y outsider house de ‘Shiba Inu Dub’, hay varias leguas de música. Sin embargo, hay puntos comunes como la cantidad de matices y la apuesta aún firme por capas finas, sin arreglos abruptos que son más propios de otros estilos. Partiendo de esa delicadeza y tacto a la hora de tratar los temas, hay cortes que subliman su obra como ‘Liminal States’, cinco minutos de ambientación, pequeños parones para reforzar la línea de ese bajo rimbombante y una maravilla cómo esta discurre durante todo el tiempo en segunda línea, sin hacer mucho ruido pero mostrando su poder. Un paralelismo con su creador dentro de la escena electrónica internacional.

El poder colectivo de muchos elementos moderados

Several Shades Of The Same Color es una oda a la orfebrería electrónica actual, explotando todas las aristas de forma inteligente, epatando y sin saturar, como en ‘Thoughs of You’; pero también un paseo por el pasado clasicista con el ambient tan heredero de Richard D. James en ‘Étant Donnés’ o el acid de ‘It Gets Worse at Night’, deudor de gente como Luke Vibert. Al mismo tiempo, y sin vocales, es interesante ver cómo se corresponden las sensaciones que evocan las canciones con la música que las ensambla. Patricia es capaz de pegarte un puñetazo en la boca del estómago para después componer temas tan sensibles y transparentes que si afinamos el oído podremos ver su interior.

Todo ese cúmulo de sentimientos, de beats puestos quirúrgicamente sobre una base con todo el sentido del mundo, hacen de este álbum una obra exquisita. Muy bien como empieza, con los dos cortes de presentación, y tan bien como acaba, con dos temas para quitarse el sombrero en los que discurren ese acid y ambient añejos, junto a pequeños detalles y cajas de ritmos moderadas (y una sutil y jugosa colaboración con Terekke). Un recorrido circular en el que en medio Patricia se ha dejado las tripas y su talento desbordante.

8,6/10