Pink Floyd — Wish You Were Here (1975): todavía mucho que decir

Pink Floyd - Wish You Were Here (1975) Pink Floyd - Wish You Were Here (1975)

Tras un disco tan popular como The Dark Side of The Moon, que en España logró vender la friolera cifra de 40.000 copias –en Francia fueron 650.000- y 40 millones en todo el mundo, Pink Floyd debieron de pensar cómo desembarazarse de tan pesada carga sin cargarse al grupo.

Para eso estaba Roger Waters, ejerciendo de férreo líder, y tomando el control en Wish You Were Here (Emi-Harvest, 1975), pues suyas son todas las letras de un disco que grabaron en Abbey Road y que recordaba al compañero ausente Syd Barret, quien, por cierto, visitó el estudio en plena grabación, tras siete años de ausencia física.

Aquel tipo gordo y calvo que apareció por Abbey Road cuando grababan Wish You Were Here

Muchos aseguran que éste fue el último gran disco de la banda británica, quizás, pero con él nos dijeron que todavía les quedaba mucho por decir. Personalmente fue mi primer álbum de Pink Floyd y lo tengo incluso por encima de su aclamada anterior entrega. No es como algunos ha dicho un disco conceptual o semiconceptual, si bien podrían agruparse los temas en torno a la extrañeza del antiguo líder y la crítica feroz de la industria discográfica.

Henchidos de éxito y un tanto abrumados por el peso de la fama Pink Floyd se plantaron en 1974 dando luz a tres temas que fueron probando en sus directos, a saber, ‘Raving and Drooling’, que más tarde titularían ‘Sheep’, y ‘You Gotta Be Crazy’, después ‘Dogs’, que se publicarían después en Animals, y el embrión de la suite ‘Crazy Diamond’.

Pero pospusieron el remate de esos dos primeros temas y escogieron ‘Shine on You Crazy Diamond’ (YouTube) como corte central, sirviéndoles para mentar la memoria de Barret. A modo de suite de 9 partes dividida en dos piezas, la que abre y la que cierra el disco, sin duda uno de los momentos estelares del mismo.

Musicalmente hablando, y es discutible, Wish You Were Here es en cierta media una vuelta a los tiempos anteriores a Dark Side of The Moon, con pasajes instrumentales, larguísimos en la suite citada. Ejemplo de ello es la primera parte de Crazy Diamond.

Primero, cuatro notas de guitarra misteriosas sustituidas por el teclado de Rick Wright, todo templado, sinfónico, como una sintonía. Luego el punteo de Dave Gilmour espectacular, ensoñador, increíble. Y Syd Barret, el tipo gordo y calvo que apareció por el estudio y no reconocieron hasta un buen rato después, en la memoria.

Los siguientes movimientos tienen más ritmo: el segundo tiende al misterio en su inicio, el sinfonismo de Pink Floyd en estado puro, y el teclado imitando una flauta turbadora; el tercero es el más popular, en él aparece la letra que rememora el pasado que no iba a volver para el ídolo caído. A propósito, el pesadísimo saxo de Dick Parry lo quitaría de un plumazo de la mezcla final.

Pink Floyd con la industria discográfica en el punto de mira

El tema se funde con el inicio de ‘Welcome to the Machine’, un inicio de ruidos del moog de Wright, y la melancolía del corte anterior se torna en una ácida crítica del tremendo engranaje de las grandes bandas, la industria y el sueño del rock & roll. Las guitarras acústicas de Gilmour emplastan perfectamente con los pizpiretos teclados de Wright, combinados con el Moog, logrando un sonido verdaderamente espectacular. Aquí vemos la influencia que el teclista tendría en el debut y primeros discos de Neuronium.

‘Have a Cigar’ abre la cara B y nos encontramos con una sorpresa, pues Roy Harper es quien lleva la voz cantante. Es una pieza de rock clásica pinkfloydiana cuya letra es un ataque frontal, bastante cínico contra el establishment de la industria, los A&R discográficos y una declaración de principios de la banda que afirmaba no ser un corderillo ante Emi.

El tema central, ‘Wish You Were Here’ es uno de los más populares del cuarteto, quizás compartiendo honores con el tema principal de The Wall. Supone en cierta medida una rareza y es todo un hallazgo.

Pink Floyd deseaban que Syd estuviera allí con ellos y este tema que combina guitarras acústicas y eléctricas y es un remanso de paz y nostalgia pasa por ser una de las más amables piezas escritas en la carrera de la banda por la alianza Waters & Gilmour.

El álbum se cierra con la segunda parte de Shine on Your Crazy Diamond, a la que no hace falta añadir más sobre ella. Salvo que una primera parte es densísima y la segunda enlaza con el estribillo de la pieza primera, mientras que en la tercera, el teclado es absoluto protagonista.

Como curiosidades, éste es el primer disco de estudio de Pink Floyd que no se editó con portada abierta. El arte gráfico corrió a cargo nuevamente de Storm Thorgerson del colectivo Hypgnosis y la portada es para mí una de las mejores y más impactantes del grupo, especialmente en la edición en vinilo. La foto de portada con el hombre ardiendo se hizo en un exterior del complejo de Warner Bros., en California.

9.5/10

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