Pixies — Bossanova (1990): ¿es o no el mejor disco de Pixies?

Pixies Bossanova (1990)
Pixies Bossanova (1990)

Tras Surfer Rosa & Come On Pilgrim y Doolittle, es el turno de analizar el tercer larga duración de Pixies, Bossanova, también bajo el sello 4AD y la producción de Gil Norton. Otro disco para enmarcar.

El propio peso de los dos primeros álbumes de los Pixies hace que tanto aquellos que no son especiales acérrimos del grupo, como la propia inercia asumida por quienes sí son fieles a la causa, desplacen casi involuntariamente a los otros dos trabajos, Bossanova y Trompe Le Monde; pudieran parecer por ello obras menores. Del último disco podremos abrir un debate al respecto, pero desde luego Bossanova es el injustamente mayor damnificado. También ayuda que el propio grupo no haya tocado profusamente el disco en directo, algo de lo que se han ido encargando de corregir desde su regreso.

Más tensión interna y solución salomónica

Corría el año 1990 y el rock independiente continuaba en ascenso, no sólo por los discos totémicos salidos años antes por ellos y otras bandas. Ese mismo año, aparte de Pixies, también Sonic Youth cerraba su magnífico tridente (Sister, Daydream Nation) con Goo. Multitud de grupos que se harían más conocidos poco después empezaban a lanzar demos, EPs y singles. Las bases estaban puestas de sobra para la explosión que llegaría poco después. El underground de Estados Unidos estaban en plena ebullición. Mientras tanto, el cuarteto de Boston se encargaba de lanzar un nuevo álbum que ensalzara aún más su figura, sobre todo por mantener el listón tan alto tras de haber tocado techo.

Después de las peleas que habían tenido lugar entre Black Francis y Kim Deal últimamente, nuestro rubio y sanote amigo tomó una decisión tajante, marca de la casa — como se comprobaría a la hora de disolver el grupo — , sería únicamente él quien se encargara de componer las canciones de Bossanova. Y efectivamente, así fue. Exceptuando ‘Cecilia Ann’, que es una versión de los Surftones, todos los temas del disco fueron escritos por Francis. Visto en perspectiva, costaría pensar que de haber participado Deal con mayor protagonismo, Bossanova hubiese sido mejor. Pero no porque ella precisamente estuviera falta de talento, sino porque él se encontraba en estado de gracia, tanto como musicalmente el grupo. Con todo, ese mismo año, meses antes del lanzamiento de este LP, se publicó POD, el (buenísimo) debut de Kim Deal con The Breeders.

Tapado por la sombra de sus hermanos mayores

Este tercer LP, tapado por las altas sombras que proyectan sus dos hermanos mayores, es una nueva muestra del talento innato de los Pixies como conjunto y concretamente de la piedra angular del proyecto, su vocalista. Sacar un disco como Doolittle lastra a cualquiera, pero lejos de escurrirse o intentar sacar un Doolittle 2, el cuarteto de Boston volvió a sacar lo mejor que tenía dentro y sacaron su disco más distinguible, el que sonoramente más se desmarca del resto. El resultado fue un trabajo completísimo que perpetuó algunas de las mejores canciones del grupo, hoy himnos. Siempre me preguntaré qué hubiera pasado si Deal hubiera podido componer, pero es difícil creer que hubiera salido algo mejor que esto.

En Bossanova se dan cita casi todos los esquemas que les habían llevado a donde ahora estaban, la cresta de la ola (de su ola); encabezando festivales y ya con el moderado éxito comercial que les repartió su anterior álbum. Digo casi todos los esquemas porque no es un disco tan agresivo ni hardcoreta. Está más contenido. Joey Santiago ya no echa tanta gasolina a su guitarra, apenas hay solos tan estridentes como en Surfer Rosa ni tantos gritos psicóticos como en Doolittle por parte de Francis. Ni hay spanglish. Es un trabajo mucho más suave en el que siguieron ahondando en sus letras surrealistas — cómo no — , donde hay menos melodía pop y donde siguen estando presentes los cambios de tempo repentinos. Pero dentro de su esqueleto sonoro, fueron capaces de pegar varios volantazos en la dirección correcta para seguir sonando como ellos mismos, pero enfocando el estilo desde un engranaje más suave. Es un oasis dentro de su discografía.

A pesar de que por el sonido cogiese a pie cambiado, la crítica le dio una cálida bienvenida al disco y no cosechó ‘tanto’ éxito a nivel de ventas como su antecesor, pero obtuvo resultados aceptables. Supuso otra muestra de lo inesperados que eran, sorprendiendo siempre y manejándose al margen del indie rock de aquellos años. Pocos habrían apostado a escuchar un disco así, y gracias a esa excentricidad compositiva podemos disfrutar de esta faceta más ensoñadora, volátil y extraterrestre del grupo. Sencillamente brillantes en algunos pasajes, y vigorosos exhibiendo sin pasarse el músculo que miraba por el retrovisor al Doolittle.

Abrir un disco y encontrarse con ‘Cecilia Ann’ enchufa a cualquiera. De nuevo, los Pixies iniciando los discos con canciones incontestables. En esta concretamente, con varias marchas más de las que lleva la versión original, una magnífica versión que sirve de entrada al terremoto que vendrá después, con una ‘Rock Music’ que poco tiene que envidiar a las canciones más violentas de la liturgia del grupo: Pixies en estado de gracia con un Black Francis desgañitándose mientras que Santiago lleva la batuta y los otros dos el ritmo asesino. En estos primeros instantes del disco, no parece que haya muchas diferencias, más cuando nos encontramos después con uno de los buques insignia de su discografía: ‘Velouria’. Un riff superlativo que apunta al cosmos y que después se comprime para aguantar las embestidas de la canción y el pico de máxima explosión:

we will wade in the shine of the ever 

we will wade in the shine of the ever

we will wade in the tides of the summer

every summer

every summer

every

my velouria

my velouria

Abducciones, ciencia ficción y melodías ensoñadoras

Bossanova es seguramente su disco más enigmático, una especie de diamante en bruto al que no siempre se le presta la atención, como si fuese el hijo talentoso que se siente ignorado por culpa del éxito desbordante de sus hermanos. Descubrir, redescubrir o escuchar una vez más este tercer LP te devuelve a la grandeza del grupo, con el vendaval guitarrístico de ‘Allison’ dedicada al jazzista Mose Allison o al misticismo y perfil ascendente de ‘Is She Weird’, con un Francis especialmente inspirado, que cuando habla de temas manidos, lo hace de una forma diferente. A la mierda los corazoncitos y las cartas de amor.

Is she weird, is she white, is she promised to the night

Es precisamente ese misticismo y esa reconfiguración dentro de sus propios cánones la que hace de este un disco especial, quizá el más especial de los cuatro. De hecho, es el disco preferido de Black. Fuera de los márgenes, una vez más, esculpieron bellezas evocadoras y cálidas como ‘Ana’, momentos de los que uno no quiere salir nunca. La portada tan definitoria avisa de la ciencia ficción y el carácter ufológico habitual, hablando de otros planetas, de visitantes de otros mundos que aterrizan en canciones asfixiantes y apoteósicas como ‘All Over The World’ (apenas la han tocado en directo) o en los avistamientos del Area 51 de ‘The Happening’, con una estrofa final en la que Francis recita, flotando entre los coros, el testimonio de una abducción. Una canción que estaría en el walkman del agente Mulder.

i was driving doing nothing on the shores of Great Salt Lake

when they put it on the air i put it in the hammer lane

i soon forgot myeslf and i forgot about the brake

i forgot all laws and i forgot about the rain

they were talking on the 9 and all across the amy band

across the road they were turning around and headed south with me

En estos dos temas mayúsculos encontramos de nuevo esas sincronizaciones, letras surrealistas en todo su esplendor, los cambios de ritmo finales que dividen a cada canción en dos, y hay que hacer especial mención al final de The Happening, quizá lo más cercano a una abducción que se ha descrito musicalmente; un ejemplo del excelente momento creativo por el que pasaba el grupo. Y a pesar del ostracismo al que fue condenada, otra vez queda demostrada personalidad que Deal imprime al grupo, que es la que mantiene la melodía en esos emocionantes y finales instantes en los que el protagonista de la historia se encuentra con Bill. Pero no es algo aislado, basta con fijarse en la importancia del bajo en ‘Is She Weird’, ‘All Over The World’ y otras. Cada uno de los factores es necesario para que todo el engranaje funcione encaje, así como los punteos de Santiago en estos dos temas, y en otros, siempre van acordes con la melodía de Deal y avanzando de forma acompasada con el cuerpo rítmico de cada canción.

Estos pequeños fragmentos son la prueba de la creatividad que, como con sus dos primeros discos, se hace extensible a los temas que no son a priori de cabecera. Pixies no son un grupo de singles, cuidaron al milímetro cada una de las canciones y prácticamente cualquier canción del tridente mágico podría ser susceptible de ser elegida para representar al grupo. En la segunda mitad del disco tenemos más ejemplos, con el triplete formado por la bajada al infierno de ‘Down To The Well’, la esquizofrenia de ‘Blown Away’ (escrita en España en una gira en 1989) y la joya ‘Hang Wire’. Tres golpes de ciencia ficción, viajes por el cosmos, sonidos retorcidos y angustiosa densidad sonora. Clases de indie rock.

Para el recuerdo, canciones tan preciosas como ‘Dig For Fire’ (dedicada a los Talking Heads), con una melodía pop tan conseguida como la que lucían en Doolittle y el onírico cierre patrocinado por ‘Havalina’. Una forma ideal de cerrar un periplo de 14 canciones que se consumen en poco más de media hora, demostrando que los Pixies seguían perfectamente engrasados, funcionando estupendamente en las distancias cortas, exhibiendo personalidad y músculo en los temas de más minutaje. A pesar de no ser tan agresivo, en él hay retales de fascinantes punteos, explosiones rítmicas en pequeñas dosis y buenos coros. Definitivamente, Bossanova es una película ensoñadora, mística, que se clava en el hemisferio derecho, donde se albergan las emociones, para proyectar algunas de las canciones más mágicas de toda su discografía.

Un disco nada uniforme en el que los Pixies decidieron salirse por la tangente para seguir sorprendiendo un año después de sacar un álbum que definiría a muchos grupos en las siguientes décadas. No sólo salieron incólumes sino que dieron un guantazo de creatividad, desbrozando sólo en parte su lado más rabioso, conteniéndolo para adentrarse en una realidad paralela en la que convergen sueños, OVNIs, y canciones de amor que escapan de la ortodoxia tanto como el videoclip de Velouria. Ligeramente inferior a sus hermanos mayores, pero otro disco de sentar cátedra, cambiando moderadamente el registro. Infalibles, una vez más.

8.8/10

Discografía de Pixies

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Pixies - Bossanova
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