Que todos los álbumes de despedida sean como el de Brand New

Uno no sabe cuánto echará de menos algo hasta que lo pierde


Hace ya ocho años (!) desde que saliese Daisy (DGC, 2009), un tiempo bastante extenso en el que hemos tenido tiempo para muchas cosas, entre ellas, preguntarnos mil veces si Brand New iba a volver a hacer algo. Ocho largos años desde que la banda de Nueva York sacara su tercer disco, normal que a estas alturas ni se esperase la llegada de un cuarto disco, a menos que, como sucede en este caso, fuera para dar un carpetazo a la banda que ellos mismos trataban de postergar.

Es cierto que esta clase de despedidas hay que cogerlas con pinzas, porque lo mismo en tres años los tenemos de vuelta al ruedo y dando guerra. Resulta curioso que los neoyorquinos hayan esperado esos ochos años para cerrar esta etapa de su vida, y que la cierren con un álbum que casi nadie necesitaba y esperaba. En cierto modo les honra que quieran marcharse así.

Pero claro, no esperábamos que por culpa de ese disco ahora queramos que no se vayan.

Tan inesperado ha sido el resultado como inesperada fue su llegada. Es cierto que no faltaban cada año las típicas noticias que lanzaba un medio y el resto “retuiteaba” de que sí, que este año salía el último de Brand New. Finalmente llegó Science Fiction (Procrastinate! Music Traitors, 2017) de la noche a la mañana, con algún aviso previo en forma de pre-order pero sin fecha definitiva hasta que, sin avisar, lo publicaron.

Lo que más destacaba de la trayectoria de Brand New era que, en su mayor parte, lograban cambiar bastante en cada disco, de modo que el sonido de The Devil and God Are Raging Inside Me (Interscope, 2006) parezca de otra banda distinta a la que grabó Deja Entendu (Triple Crown, 2003) y así lo mismo con Daisy. Science Fiction deja la sensación de álbum de regreso en el que la banda trata un poco de todo lo que le caracterizó previamente, cogiendo un poco de cada disco.

No obstante, lejos de sonar a una obra autoparódica que de la sensación que recicla descartes del pasado, Science Fiction logra encontrar su propia voz dentro de la discografía del grupo al mismo tiempo que sirve de homenaje a dicho grupo. El toque melódico y mayormente acústico del disco no está exento de un tono crudo y desgarrador emocionalmente hablando, propio del emo al que se les ha encasillado de manera general.

En cierto modo uno se puede imaginar a la banda tocando rodeada de flores como el mítico Unplugged de Nirvana, aquel que buscaba dar la sensación de estar en un funeral (reforzando la sensación de despedida del grupo). Aun así, Brand New son capaces de pisar el pedal y sacar los dientes, acercándose al tono de Daisy, como demuestran en la descarnada ‘Can’t Get It Out’ o en ‘451’. El disco logra mantener siempre el equilibrio entre los estribillos de máxima fuerza e intensidad y el tono pausado y armónico en las estrofas. Habrá quién les acuse de demasiado constreñidos por la fómula A-B-C y poco atrevidos, pero está claro que sería un adios muy raro hacer el enésimo volantazo.

Al final, lo que pesa de un disco como Science Fiction es el poderío de su cancionero, lo honesto y devastador que suena y cómo recopila todo lo que ayudó a esta banda a sobresalir sobre la banda promedio del emo. Como he dicho, esta separación puede ser más una justificación para pasarse años sin tener que girar o meterse a un estudio y en unos años los tengamos de vuelta, lo cual hace que sea un poco un adiós entre comillas. Pero ojalá muchos discos de despedida fueran tan redondos como el de Brand New.

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