Escribía el año pasado sobre la dificultad de encontrar grupos nuevos o diferentes que motiven desde el espectro del rock independiente. Aunque siempre queda una larga lista por descubrir en algunos nichos concretos y en plataformas con enésimas posibilidades como bandcamp. Cosas de las redes, a través de twitter, el año pasado descubrimos por aquí en la mencionada plataforma a Ramper, un grupo de cuatro amigos de Granada que en febrero de 2019 publicaron su maqueta, El Hoyo. Una demo grabada en directo pero en la que se notaba que no eran unos simples primerizos, y que ya en el primer tema, ‘Amalola’, ponía los pelos de punta. Tamaña sorpresa de las que a veces se encuentran por bandcamp. Este mes, un año después, han dado forma a aquello y hoy es su primer disco, Nuestros Mejores Deseos, un álbum autoeditado que quita el hipo. Y de qué forma.

Discurso propio con referencias clave

Se trata de un gran debut que en unos primeros compases parece obvio que bebe del post-rock, pero hay mucho más allá, como se comprueba en el despliegue y desarrollo de sus temas. Un disco autoproducido que saca a relucir el enorme talento de una formación joven que debuta con un largo de seis temas que discurre a fuego lento, sin prisas, marcando los tiempos, y esa es una de sus grandes virtudes. En lugar de recurrir al camino fácil con constantes explosiones tras la calma tensa, su ópera prima va por otros derroteros. Hay una clara línea discursiva que va de menos a más, calentando los motores y preparando pacientemente el momento de clímax que llega en la parte central del álbum. Y fundamental, juegan muy bien en esos cortes en los que el hilo conductor no es la virulencia sino una atmósfera oscura, casi sórdida, que te sumerge para acabar llevándote en volandas varias canciones después.

Precisamente un problema de los trabajos de post-rock es que pecan de automático y pierden fuelle cuando se salen de los temas de calma y explosión. Ellos mantienen el nivel también fuera de los pasajes de mayor músculo. Así empieza por ejemplo el título que da nombre al disco, el primero de todos, que con ese principio de calentamiento instrumental, viento inclusive, parece algo más experimental y artie, para después empezar con una onírica y delicada puesta en escena: bajo, batería, teclado y susurros jalonan una emotiva presentación que discurre a mitad de camino entre la angustia del dónde pertenecer y el estar fuera de todo. Juventud desgastada cuyo espíritu se ahoga entre todo el ensamblaje sonoro —donde se dejan entrever reminiscencias a esos Planetas heridos y también camuflados en un ambiente intenso—, y que tiene su pico en la última estrofa en la que se llega a esa respuesta de pertenencia.

Calma en casa.
Acepto el coma.
¿Qué se espera de mí?
¿Qué espero de mí?
¿Qué esperas hoy de mí?

[…]

Si tengo alternativa
elijo permanecer aquí.
Claro que no hay alternativa.
Quédate a verme crecer.

Una línea argumental que sigue hablando de juventud en clave casi poética en la balsámica ‘Niña en vela‘, prácticamente la más tranquila del disco —y quizá el punto más flaco del mismo—, para dar pie a la sobria ‘Pánico en las Calles‘, uno de esos puntos fuertes de Nuestros Mejores Deseos, una distopía de un futuro post-apocalíptico donde la naturaleza se ha ido a la mierda y reina la incertidumbre entre los supervivientes, una temática que se ve acompañada por un pasaje sonoro crudo y desalentador, con cuerdas afiladas que recuerdan a Slint, y que tiene ese final regio y potente, con unos últimos compases en los que hacen acto de presencia las guitarras más pesadas con la sección de viento, ahora, lidiando con la sombra de ese monstruo que es ‘Mogwai fear Satan‘.

No solo (ni tan) cerca del post-rock

Sin duda, palabras mayores, no comparables, pero que muestran el buen hacer de Ramper, y aunque sea manido, sorprendente por ser unos debutantes que en vez de abusar de una fórmula ganadora por haber llegado a ella, prefieren compaginar esa suerte de post-rock con otros estilos emparentados como el slow-core. Con su sello personal de la instrumentación de viento. Ahí es donde entra la joya de la corona, ‘Amalola‘, esa carta de presentación de la maqueta. Siete minutos de muros de sonido, guitarras saturadas que casi se vuelven shoegaze, tempo lento y una vez más, la voz camuflada entre reverberaciones, casi como un instrumento más, al más puro estilo math-rock y mucha épica en los púntos álgidos, coincidiendo con estrofas claves de versos crípticos y de abierta interpretación como Tú mira a tu hermana / en el cielo serás uno con ella, mientras los ecos vocales se funden con uno de los picos sonoros. Bien estirados para rebajar, in crescendo en intensidad y entrada de la trompeta para que vehicule un final de emoción y solemnidad. Sin duda, una de las canciones del año.

En los instantes finales del álbum, con ‘Oxígeno‘, de nuevo salen del post-rock para acercarse más al math-rock y el potente y atonal sonido de Polvo; guitarras tensas que acompañan a la letra para estallar vocal y sonoramente en sus compases más críticos. De nuevo el valor de aguantar esos silencios. Cierra ‘Murga‘ con otra canción sobre el tiempo y la pertenencia, jalonada con secciones de viento y cuerda, al más puro estilo Godspeed You! Black Emperor en un tema que suena a despedida, quizá el más adecuado para finiquitar un debut apabullante por todo: por la madurez que muestra, por cómo está construido, por toda la instrumentación empleada y fundida en unas influencias que son generalmente claras, pero que no impiden que Ramper elaboren su propio discurso. Algunas letras crípticas que no son solo simple ornamentación para acompañar su imponente ensamblaje sonoro y otras sobre las reflexiones frecuentes en grupos jóvenes de dónde encajar. Eso sí, un angst juvenil que se expresa de una forma más madura y evitando puntos tan comunes.

Así pues, un debut fantástico, de los más sorprendentes en nuestro país en los últimos años. Concilia esa sensibilidad en lo lírico —y esos putos tonos vocales que lo son todo— con un sonido solemne y tan bien acabado. Con reminiscencias que van más allá de los popes del post-rock, hay mucho del amplio espectro del indie rock. Más cerca de cada lado dependiendo del tema. El único pero, y que es buena señal, es pensar en un segundo álbum que tendrá que intentar superar la alargada sombra de este. Con suerte y algo de atención podrán llegar a una mejor producción, pero volver a construir una pieza tan memorable como Amalola o ese final slintiano con pánico en las calles, que no podrían servir más de banda sonora en estos tiempos de pandemia, serán difíciles de superar. Hasta entonces, a disfrutar esto.

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2 Comments
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hailttthief96
hailttthief96
5 months ago

Discazo

Ferraia
Reply to  hailttthief96
5 months ago

Vaya