Summary

Un cancionero pop que bien podría contarse entre los mejores del año, y quizá uno de los más satisfactorios del último lustro.

Rolling Blackouts Coastal Fever – Sideways to New Italy

Cuando Rolling Blackouts Coastal Fever publicaron Hope Downs, su primer disco, hace dos años, trataron de resolver un dilema aparentemente irresoluble: ordenar el caos que alumbraba sus EPs, la permanente indefinición entre las variantes más adultas del rock y el aire más desenfadado del pop australiano. Aquel disco, aquel estupendo disco, fue un fracaso a tal respecto. No logró marcar una línea definitoria entre ambos caracteres, relegando al grupo a una indefinición, por lo demás, fácilmente consumible para cualquier oyente acostumbrado a ambos sonidos.

Sideways to New Italy no es exactamente un puñetazo sobre la mesa. Pero si hubiera que marcarles un camino, cual agente italiano maquinando la carrera de un joven talento yugoslavo, sin duda nos decantaríamos por la variante pop. Un pop que recogiera el testigo no reeditado por Dick Diver tras su insuperable Melbourne, Florida, la síntesis hiper-simplificada de aquel pop sofisticado y un tanto abigarrado que tantísimo éxito cosechó durante la década de los ochenta, tanto en la radiofórmula como en las emisoras independientes.

Es ahí, en ‘The Second of The First‘ y su alucinante puente cacofónico, en los arreglos reverberizados y la armónica hortera de ‘The Only One‘, en los vientos de ‘Cars in Space‘, es en ese delgado equilibrio que determina el éxito o el fracaso de un grupo, donde Sideways to New Italy resulta un disco verdaderamente brillante. La clase de música que un australiano con un perverso sentido de la sofisticación escucharía durante las largas horas de un verano itinerante por Europa, abotargado a la vera de un arroyo, circunspecto en el interior de un caserío italiano.

Rolling Blackouts Coastal Fever no han arrojado todas sus dudas por la borda. Han hecho algo incluso más valeroso y fructífero. Las han abrazado, las han comprendido y las han insertado en un cancionero pop que bien podría contarse entre los mejores del año, y quizá uno de los más satisfactorios del último lustro. Tenemos por aquí todos los tics y truquitos ya patrimonio de toda una generación de grupos de Melbourne. Todos a la vez. Y todos cuadrados con un gusto a un tiempo enérgico y elegante. No es nada fácil parecer tan hermoso en la propia contradicción.

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