Roly Porter – Kistvaen

Durante toda la pasada década, esperar un nuevo disco de Roly Porter ha sido como una especie de profecía, la llegada de uno de los mejores trabajos de electrónica del año. No es para esperar menos del gran paladín de Subtext Recordings. Desde hace años, Porter ha estado publicando álbumes que en muchas ocasiones superaban la propia expectativa del oyente, siempre en el plano electrónico pero con una vocación épica que parecía más propia de una banda sonora de una superproducción. Porque en cada uno de sus tres trabajos, el inglés te ha ido metiendo en un universo del que formabas parte, como un elemento endógeno. Tras esas temáticas sobre el cosmos, fuera en ese notable debut con referencias al universo Dune, como en los dos siguientes, imaginando el sonido de los cuerpos celestes en Life Cycle Of A Massive Star (Subtext, 2013) o la fuerza g de la carrera espacial en Third Law (Subtext, 2016), sus piezas monumentales parece que nunca acaben de tocar techo. Con Kistvaen (Subtext, 2020), que se publica oficialmente hoy, esa sensación vuelve intacta. Después de un disco tan arrollador como Third Law, su bajada desde el espacio, pasando de la fantasía a algo tan crudo y terrenal como la propia muerte, esto es harina de otro costal.

Porter cambia el espacio por lo terrenal, donde gana lo emocional

Detrás de toda esta jerga rimbombante, que fácilmente puede exagerar el trabajo real, hay ciertamente un trabajo fantástico, con secciones que acongojan y empequeñecen, como suele ser habitual en sus LP, pero también otras de un tallo preciosista que no había explorado demasiado. Es sin duda un álbum en cierta forma ‘previsible’: pocas canciones pero con gran intensidad y buenos clímax. Con un importante ‘pero’; precisamente esa temática terrenal, literalmente, puesto que los kistvaen son tumbas ancestrales inglesas, han acabado por arropar la propuesta de una forma que no había hecho hasta ahora, con esas secciones más delicadas, centradas en impresionar por la belleza y no por el poderío. Además, cuenta con grabaciones de campo en estas zonas de enterramiento, con tres vocalistas dedicados en parte a estas músicas pasadas como invitados. Y sin filtrar. Voces desnudas para darle más naturalidad e impresión a algo que nos acompaña durante nuestra vida. Y para volver a sonar en la Tierra, aunque en cierta forma sea bajo el propio suelo.

Este cuarto trabajo ya vio la luz en Berlin Atonal, con una composición audiovisual lista para ello, pero la experiencia con auriculares no queda atrás. De hecho, incluso estas evocadoras sensaciones de la naturaleza que resuenan durante el álbum dejan atrás los impulsos gravitatorios de los discos anteriores. Y son un ejemplo de cómo o por qué es necesaria la tecnología y el software para poder construir piezas de difícil composición con instrumentación clásica o analógica. Precisamente empieza esta ruta con ‘Assembly‘, de la mano de la primera de estas voces que resuenan y arropan el disco. Una sección fantasmagórica, que anticipa la desazón y sordidez de lo que será el álbum, envuelta en esa capa de dark ambient marca de la casa, con una ornamentación que recuerda al mejor Tim Heckerque ya publicó su álbum de temática ancestral— y que se va recrudeciendo mientras esa alma en pena vaga hasta llegar al descanso final, con una fina línea ambiental y vientos ¿o voces? que se hacen uno.

Del ataque sin compasión a la melodía delicada

Como si las seis piezas describiesen el proceso de un entierro, desde la preparación del funeral hasta la llegada al kristvaen y desde lo físico hasta lo espiritual, cada una tiene su propia sinfonía. Lo que era lamento en el primer corte, se torna en el dolor, en el entierro, en ‘Burial‘. Poderosas secciones de viento resuenan como campanas que anuncian la muerte, golpeando a unas voces femeninas que intentan no desaparecer entre los estruendos que fabrica Porter. Una vez más, finalizando con la calma tras la tempestad, bellas melodías que hasta ahora habían estado omitidas en la música del inglés toman las riendas del final. Porque como en las vigilias fúnebres, también hay tranquilidad después del dolor. Y momentos para el recuerdo y la emoción, que tienen uno de sus picos de emoción en la tan alegórica ‘An Open Door‘, quizá su corte más espacial y cercano a lo que fue Third Law.

Sin embargo, aunque lo conceptual y evocador siempre pesa, y la grandeza de estas propuestas reside en la capacidad de acompañar esos momentos con la música de tal forma que parecería imposible hacerlo con otra, Porter suena en general como nunca en este trabajo. Hablar de épica y de poderío es lo habitual en su juego de atmósferas. Sin embargo, este pequeño —relativo— cambio, aguantando los caballos para no soltarlos a que te machaquen a la primera de cambio como había hecho en largos anteriores, para jugar y recrearse en ambientes y dejar que la emoción fluya, suponen escalar un peldaño sonoro. Algo que otros primeras espadas del ambient ya llevan tiempo haciendo y que él sin embargo aún tiene por explorar. Sumado a su vigoroso sonido como partida, aquí yacen sus credenciales: ‘Inflation Feld‘ es otra composición de contraluces como las que yacen en portada, buenos graves, instrumentación épica, grabaciones de campo y más instrumentación que te mete de lleno en el meollo.

Pero el punto aparte llega con ese pasaje, nunca mejor dicho, de casi cuarto de hora que es ‘Passage‘. El tema que quizá le faltaba por construir hasta ahora. El extenso tema de ambient que empieza con una especie de ángel anunciador; que evoluciona muy lento, con todo el ensamblaje cerrándose poco a poco, con vientos fúnebres a los que va añadiendo capa tras capa mientras bombos regios marca Porter™ atacan desde los cimientos de la pista, preparando un viaje de final angustioso, en el que la atmósfera se vuelve más gruesa y porosa, casi drone, para pasar por encima de ti como si fuera el final del mundo. En cierta forma, y según la temática del disco, lo es. Cuando parece que ya acaba la tormenta, vuelve a resurgir todo a la vez, las voces apocalípticas, la épica y erosión ambiental. Un tema megalómano. Y por fin, después de tan funesto viaje, con su emoción, sus claroscuros y sus curvas, como la vida misma, llega el reposo final con uno de los temas del disco. Del propio Porter. ‘Kistvaen‘ lo es todo, es el salto excelso de calidad; del dark ambient desbocado a la pieza delicada y celestial que pone los pelos de punta, jalonando la melodía con aristas sonoras que varían su tonalidad. Si tuviera que ser una parte de la portada, sin duda sería la que yace iluminada por los rayos de sol. El puto final de la película que te sobrecoge y te hace pequeño.

¿Su mejor disco? Seguramente. Prueba a ponerte unos auriculares y a tirarte en la cama. Responde entonces.

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