Saele Valese – IVIC

Aunque sobre todo desde 2020 han sido numerosos los lanzamientos ambientales, quizá más que nunca, no solo desde los productores del ramo, sino también desde artistas que se movían en otros parámetros, hay una tendencia interesante en los últimos años en los que las estructuras minimalitas han cogido notorio peso después de cursos de intensa zapatilla, músculo technoide y propuestas grandilocuentes. Así es que cómo no desde Noton, heredero del mítico Raster-Noton, llegaba el mes pasado el debut del italiano Saele Valese con IVIC (Noton, 2021), un largo que juega en esas difusas líneas que apenas separan el ambient techno del minimal techno y estas derivaciones. Un debut muy interesante por la propuesta, que retrotrae a piezas como las de aquellas colaboraciones entre Alva Noto y Opiate, Emptyset, Sakamoto y otros insignes de Raster-Noton. Un sonido al que también rescataron el pasado año j con  Out of Place Artefacts (WSNWG, 2020), uno de los mejores discos de electrónica del pasado curso.

Sin embargo, el interés de este trabajo que plantea el artista italiano es que no se queda solo en los plugins ambientales y los tenues bombos minimalistas. Hay en su narrativa una querencia por la electroacústica que le lleva a un plano más experimental en el que devanea con el ruido y los silencios, algo que genera cierta tensión en el oyente a lo largo de los once temas, mientras lo compagina con ese sonido que sí juega ya en las coordenadas y puntos comunes del minimalismo techno. Esa inspiradora mezcla hace de IVIC un trabajo al que sacar mucho jugo por la experiencia más tensa y experimental y por otra, la relativa zona de confort para los acérrimos de este nicho. Eset último es precisamente el punto de partida del debut, con dos notables piezas, ‘In Your Rosary‘ 1 y 2, con esa esencia de sonido Raster Noton de pequeñas pulsaciones, ambiente introspectivo y colchones sonoros en pistas secundarias que van creciendo para inmiscuirte en el disco.

En la serie ‘You Cannot See Me from Where I Look at Myself‘, empieza a abrir ese abanico a un campo más experimental, con sonidos más inquietantes y estridentes, a pesar de algún pasaje puramente ambient como la versión 4. Tras esa línea narrativa en la que cada vez la coraza se vuelve más virulenta, es con las cuatro ‘Horse the Color of Rust‘, con una tendencia que avanza ligeramente hacia terrenos más industriales, empezando con la parte 1, con las que tira de un sonido más eléctrico y vigoroso que recuerda en cierta forma a producciones como las de Container, y sobre todo de lo último de Zavoloka, Ornament (Prostir, 2020). En la parte 2 y siguientes, esas atmósferas entran también en un tono inquietante que recuerda al Dj Richard más oscuro y que en la parte 2 tienen esa belleza que genera el ruido de reminiscencia cósmica. Unas evocaciones que no estrangulan, pero que sí llevan en cierta parte al oyente a habitaciones claustrofóbicas, como ejemplifica la última pieza de esta serie, con parajes más retorcidos y que quedan totalmente calmados en el cierre.

Así, se trata de un notable debut, interesante por ir más allá de ese ambient/minimal techno y jugar más en la experimentación, en la tensión que generan ciertos silencios en los que apenas hay sonidos activos, y en las que los detalles secundarios no siguen patrones determinados. También tiene su querencia por la intensidad en las frecuencias, como hacía el difunto Mika Vainio, o las vacas sagradas de Raster-Noton que apostaban por esa tensión y poner a prueba los límites tonales en sus ambientaciones. Un LP que da mucho juego en las escuchas reposadas, dejando que los graves y su densidad sonora entren en tu cabeza para dejarte en babia. Reposado pero intenso en distintos pasajes. Prometedor debut.

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