Podría haber sido el disco de Smashing Pumpkins que peor podría haber envejecido, pero no ha sido el caso para Gish, su álbum debut. No lo ha sido no sólo por las últimas cagadas de Billy Corgan (quien dice últimas puede hablar perfectamente de un periodo de dos décadas), sino porque conserva las dos cosas que hicieron esencial el álbum y al grupo posteriormente: potencia y sensibilidad.

Por eso mismo, aprovechando que se celebra el 30 aniversario de la publicación del disco, le echamos un repaso rápido, canción a canción, por regodearnos un poco en lo que fue y ya no volverá. Porque los 30 años también han pasado para nosotros.

  1. I Am One: Los medios entonces tenían más querencia en apoyar a otras bandas emergentes del rock alternativo como Nirvana, más anclada en sonidos frescos e independientes, que en la reivindicación hard rock que a ratos hacía Corgan. Hay espacio para la belleza, pero hay mucha estructura de rock viejuno clásico, pero poderoso. 7,77/10
  2. Siva: No lo escondía demasiado Corgan entonces. Siva es puro Black Sabbath, con concesiones pop ligeras y mucha más desviación a la psicodelia setentera. Teniendo en cuenta cómo evolucionaron después, puede sonar a tosca, pero es un cañonazo remarcable. 8,4/10
  3. Rhinoceros: Aquí otra pieza de psicodelia bastante pura, pero aquí dejó bastante espacio para esos toques dream pop que luego marcarían el éxito de Smashing Pumpkins. De hecho, ya hay aquí ese maravilloso juego de contrastes, de ir acariciándote suavemente el oído con melodías para subir al once y darte la hostia. Instant classic. 9,1/10
  4. Bury Me: De nuevo, Black Sabbath en vena. Casi hasta buscando su himno de estado a los Guns N’ Roses más descarado. Desconecto un poco más de esta, aunque el momento guitar hero cerca del final es maravilloso. 7,99/10
  5. Crush: No todo es ir a saco. Punto de inflexión melódico necesario para un disco que estaba yendo bastante a piñón. Y de por sí, en el vacío, es hermosa, así que super a favor, claro. Un 8,2/10
  6. Suffer: Meh. Se deja llevar de nuevo por el LSD y los aires psicodélicos, pero da la sensación que aquí le saca menos provecho que en el resto del disco. No cumple un propósito claro dentro del disco ni tampoco vale demasiado por sí misma. 5,9/10
  7. Snail: Otra muestra del Corgan megalómano, que también quería su propio himno de estadio. Es difícil no pensar aquí en una ganas de seguir la ola de Mother Love Bone/Temple of the Dog. Pero guay, el guitar hero aquí también te despeina y te ilumina los ojos. Un 8/10
  8. Tristessa: Aquí otra de las canciones de hostia y hard rock claro. Un poco estándar en muchos puntos, pero la batería de Jimmy Chamberlin te rompe bastante. Bravo por él y por Butch Vig por sacarle ese sonido desde producción. Un 6,8/10
  9. Window Paine: No se diferencia tanto de ‘Suffer’, pero aquí el mar de guitarras psicodélicas sí cumple mejor su función hipnótica, y hay una garra que claramente lleva el tema hacia alguna parte que interesa seguir. Para dejarte mecer a gusto con ella. 7,6/10
  10. Daydream: Claramente sí, una de las mejores versiones de los Smashing melosos. D’arcy Wretzky pone la voz principal aquí mientras las guitarras te envuelven con belleza y sensibilidad. Lo pulirían más después, sobre todo al equilibrar las facetas, pero aquí ya se veía grupo bueno, uno que volaría alto. Pierde puntos por hacer pausa y meter el track oculto, aunque sean 5 segundos de silencio. 7,99/10
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