Después de un cuarto de siglo en el tomate, Thomas Jenkinson, Squarepusher, sigue afrontando sus nuevos discos con la misma frescura que aquellos trabajos de segunda generación en la explosión de la IDM y el Drill ‘n’ Bass con uno de sus discos imprescindibles, Hard Normal Daddy (Warp, 1997). Para sobrevivir desde entonces, lejos de tirar de ritmos rotos y breaks con el automático, pasó el grueso de su carrera a finales de los 90s y buena parte de los 2000s experimentando con IDM, abrasivo drum&bass e incursiones de jazz fusión. Sin embargo, en los últimos años ha vuelto por los derroteros ortodoxos de su drill’n’bass. Y por ahí fluctúa Be Up a Hello (Warp, 2020), otro efectista paseo por el redil warpiano.

Be Up Hello, como ya pasara con Damogen Furies (Warp, 2015), tiene en su introducción un magistral rediseño de algún tema clásico; si en 2015 fue el ‘Just Like Heaven’ de The Cure, esta vez es algo más clásico aún, el Canon de Pachelbel —el cual ya filtró en ‘I Wish You Could Talk‘ en un lejano 2001— en ‘Oberlove‘ a partir del cual ir goteando un acid suave que se cuela por los huecos que dejan su frenética descarga de breaks. Precisamente en un tiempo en el que algunos como Skee Mask dejan caer el abuso de los amen breaks —como él mismo—, que ahora rescatan los pistoleros de la EDM, el bueno de Jenkinson viene para poner orden, que de esto sabe un poco, para no utilizarlos con el automático sin personalidad e imprimir durante todo el disco dos de sus facetas principales, la de la descarga de ritmos frenéticos que te fusilan y la del drum’n’bass más melódico y juguetón. Una aviso a navegantes para marcar territorio.

Y sobre todo, un ejemplo de que su proyecto no está agotado a pesar de la veteranía, y aunque no pasa mucho, algunos de su quinta siguen en postulados estancados. Es por esto que Squarepusher aún es capaz de sacarse uno de los cortes más magistrales y locos de lo que llevamos de año: ‘Terminal Slam‘ (acompañado de un pedazo de vídeo de Daito Manabe). BPMs acelerados, cajas de ritmo echando humo, con la correa de transmisión a punto de salirse de su sitio, y con un tercio final fabuloso, solo con la base de breaks principal y una melodía ambiental que hace acto de presencia para que hinques la rodilla ante él. Son esos pequeños detalles que hacen que merezca la pena esperar trabajos de un maestro como Jenkinson. Asimismo, mientras que en sus dos anteriores largos tiró de estructuras más efectistas, en algunos pasajes con capas demasiado saturadas —e incluso tonteando innecesariamente con el brostep—, aquí baja el pistón para tener temas vitalistas que no abusen de esos recursos pero seguir mostrando esa faceta divertida y elocuente que siempre le ha acompañado. El claro ejemplo es ‘Hitsonu‘.

Por otra parte, para refrendar el buen estado de forma, sobre todo hay que atenerse a la máquina apisonadora de drill ‘n’ bass de ácido, breaks intensos, y melodías que se deconstruyen cuando caen en su interior. ‘Neverlevers‘, ‘Speedcrank‘ o cortes más regios como ‘Vortrack‘ y oscuros como ‘Mekrev Bass‘ traen de vuelta a un Squarepusher que parece no haber salido de los 90s, rescatando ese espíritu de machacar sin piedad al oyente a base de tempos acelerados y ambientes de pesadilla. También hay dos piezas más ambientales que no acaban de tener su aquél en el disco, pero lo importante es que el inglés recupera una notable forma, rescatando no todos los palos que ha tocado durante su carrera, que son unos cuantos, pero sí algunos de los básicos y que se echaban de menos en sus dos anteriores LPs, que a pesar de ser decentes, en ocasiones eran presa de algunas fórmulas facilonas y que podían presagiar la falta de ideas. Por fortuna, todo eso se va en Be Up a Hello, un álbum notable. Poned el cerebro a su disposición.

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