El debut homónimo de Star Trip (2016) fue uno de esos pequeños discos a los que se les hace muchísimo menos caso del que merecen: una joya power-pop hecha con toda la maestría de quien ha escuchado tantos discos buenos como talento tiene para tratar de moverse por esos mismos caminos con soltura, frescura y sin acomplejarse.

Salto al vacío (2019), segundo disco de los valencianos, segundo también en el imprescindible sello (en retirada, cagonmimanto) Pretty Olivia Records, les presenta en portada andando por las nubes y apostando por ese gran salto que es, hoy en día, arrimarte al powerpop, al evangelio según San Big Star. Dicen mucho que Star Trip son los Teenage Fanclub españoles, aunque hace mucho que TFC no suenan tan vivos, brillantes y elegantes como en estas doce canciones.

Nada es importante’ es un jitazo alucinante, uno de esos cuyos estribillos se te agarran a los sesos y la tarareas y la fraseas continuamente. Una canción al borde de la derrota, con un solo de guitarra emocionante y unas voces vibrantes: “ya no habrá por qué huir, por qué querer salir de aquí / no tendrás ningún motivo más para marchar”.

He hablado de voces, y Salto al vacío es como la Capilla Sixtina del asunto de los coros: todos tan bien engarzados como en la canción inicial, o tan a flor de piel playera como en ‘Sueños’. Curioso que también en otra canción onírica, ‘Solo sé vivir soñando’, vuelvan a sonar tan perfectos, tan emocionantes en ese triplete inagotable (y acompañados por unas guitarras jangle que tocan a muerto en tu pueblo). Les salen siempre bien: que te quedas ahí esperando a ver cómo alguna vez deberían engolarse, o pasarse de frenada, pero qué va.

Da igual si tiran de arreones a lo Gigolo Aunts o si se acercan al pop elegante como en ‘Me dejo llevar’; todo fluye propulsado por un grupo que alcanza su cumbre de épica emocional en ‘Mírame’: “Dime que es verdad, que mañana seguiremos juntos y que habrá algo más”, empieza, y cuando entra la eléctrica cortando la canción desde segundo plano, parece que sí, que esto es el final. Y algo por dentro se te quiere morir.

Nunca he entendido a la gente a la que el powerpop le parece algo facilón, algo desechable, algo rutinario. Hay tantísima dificultad en tener la sensibilidad para clavar la esencia básica, el axioma pop. Las emociones también parecen fáciles, y luego todos nos encontramos una y otra vez tratando de explicar qué coño nos pasa hoy.

¿Y qué nos pasa hoy aquí? Que este disco no lo sabemos explicar. Que tendría que ser sencillo. Si está bien, si es tan fácil, ¿por qué duele y emociona y te rompe y te levanta; y te hace sentir bien y mal por dentro…?

⭐⭐⭐⭐⭐

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