Taylor Swift – folklore

Para algunas de nosotras, que Taylor Swift haya dejado el pop chicletero de lado es la mejor peor noticia de todo 2020. Y es que, mientras la humanidad se ha pasado los últimos cinco meses luchando contra el tedio y la angustia existencial de la peor pandemia en los últimos 100 años; la chica de Tennessee que creció entre árboles de Navidad ha sacado el que quizá sea el disco más coherente de su carrera. En todos los sentidos.  Solo hay que echar un vistazo a “Songs Taylor Loves (Past and Present)”  para soltar un sonoro “claaaaaro” y rendirse ante la misma Taylor Swift que se ha pasado los últimos 10 años intentando agradar a todo el mundo,  y que ahora (ahora sí que sí) ha decidido agradarse a sí misma.

folklore es el disco de Taylor Swift que escucharía sin parar la propia Taylor Swift porque suena a respuesta constante a ese “¿y si?” que todos nos hacemos: ¿Y si por una vez hago lo que realmente me apetece hacer? ¿y si viviese una vida que no es la mía? ¿cómo sería todo si aquella relación hubiese ido bien? Bajo esta premisa y con Jack Antonoff (como venía siendo habitual) y Aaron Dessner  (el “¿Y si?” de The National) se enmarca folklore, un disco de producción  minimalista y elegante con atmósferas a medio camino entre el pop, el folk moderno y la electrónica.  Un disco coherente en su sonido y en su letra, delicado como un vestido blanco de lino en septiembre. 

Desde ‘The #1’, en el que la propia Taylor enuncia el “¿Y si?” como temática principal, pasando por ‘Cardigan’, el indiscutible primer single que bien podría encajar en el Norman Fucking Rockwell de Lana del Rey pero que también recuerda al «Safe & Sound» de la propia Taylor para «The Hunger Games». Todo está conectado,  todo está tejido con ese “Invisible String” al que se hace referencia el propio tema del disco.

En folklore se mezclan historias que pudieron ser y no fueron como ‘Exile’, la colaboración con Justin Vernon, perfecta BSO del amor que se pierde por la falta de comunicación con otras historias que sí son.  Como la maravillosa «The last great american dynasty», en la que se describe la vida de nueva rica de la anterior dueña de la casa de Taylor en Rhode Island, para enlazar directamente con la vida de la «old Taylor», aquella que en 2016 celebraba por todo lo alto el 4 de julio con sus amigas modelo y lo posteaba en Instagram («I had a marvelous time ruining everything»). 

folklore es también nostalgia, esa de los veranos en el pueblo cuando todo era más fácil de lo que pensábamos , en preciosidades como ‘Seven’ o ‘Invisible Strings’. Una nostalgia y una sencillez que Taylor pone más que nunca al servicio de la historia que se quiere contar en la bobdylaniana ’Betty’ que te atraviesa de principio a fin: «I don’t know anything, but I know I miss youuuuuuu».

Y sin embargo, por mucho piano, arpegios contenidos y triángulos amorosos adolescentes – que los hay-  puede que la virtud más obvia de folklore es ser el primer disco de Taylor Swift en el que el drama ha dejado espacio a la melancolía que viene siendo lo mismo que el drama, pero con 10 años más y el disco que siempre has querido grabar bajo el brazo. 

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