Tenet (crítica sin spoilers)

Es complicado no caer en grandilocuencias a la hora de hablar del cine de Christopher Nolan. Primero por la ambición y la seriedad con la que se toma a sí mismo el autor. Segundo, porque escribir de algo de lo que no puedes detallar mucho (por cuestión de embargo o porque directamente no has entendido mucho lo que has visto) te obliga a caer en los lugares comunes: “espectacular”, “pretenciosa”, “revolucionaria”, “sin igual”.

Sí, todo eso se puede aplicar a Tenet, de igual manera que se puede aplicar a casi todas las películas de Christopher Nolan. En ese sentido no decepciona, Nolan pasa por muchas de sus grandes obsesiones por esta película, quizá más expuestos sus referentes que nunca. No es secreto para nadie que el director lleva años queriendo dirigir una nueva película de James Bond, quizá su franquicia preferida desde que aprendió que era eso del cine, y la constante negativa por parte de los dueños del agente 007 le han llevado a cobrarse otro cheque en blanco de Warner y volcar ahí todas las ideas que tenía.

Por eso no debería sorprender que el componente sci-fi de la inversión del tiempo se trate en la película más como un macguffin que como trataba la inmersión en el sueño en Origen, la película con la que más comparaciones más va a recibir. En realidad, las comparaciones deberían acercarse más hacia películas como Goldfinger o la saga Misión Imposible, precisamente por tratar la amenaza global como macguffin, aunque luego Tenet termine dejándose llevar por las posibilidades sci-fy en su tramo final (especialmente con una secuencia que, sí, es realmente espectacular).

Es por ello que buena parte de la película este componente tiene menos presencia y se deja llevar por algunas de las claves de ese cine de espías al que homenajea: viajes internacionales, conversaciones donde la gente juega con la información como quien se pega las cartas al pecho, secuencias de acción trabajadas y realizadas en localizaciones reales. La diferencia es que Nolan es más rígido con la estructura de sus películas de lo que suelen ser las de Bond o las de Tom Cruise, que suelen empezar producción sin tener realmente un guion y trabajan in situ las secuencias de acción y luego arman una historia alrededor de ellas. En este caso, en vez de zambullirse del todo en lo fastuoso y lujoso de este tipo de cine (que también lo hace, hay escenas realmente preciosas), el cineasta va creando un ambiente de olla a presión que es constante en toda la película.

Y ahí es donde entra la otra mayor influencia en el cine de Nolan, también más expuesta que nunca en esta película: Michael Mann. El cine de Mann, y especialmente su cine de acción, suele estar marcado por un mismo tipo de personaje, excepcional en lo suyo, terriblemente obstinado y en ocasiones cerrado emocionalmente para evitar romperse en ese sentido. También es un experto es generar una atmósfera realmente opresiva en la que lanza de cabeza a sus personajes, con una sensación de peligro constante que puede estallar en cualquier momento y de cualquier manera. Nolan nunca se ha acercado tanto a esta sensación como en esta película, donde la particularidad del universo en el que se mueven y la amenaza real que supone el villano (Kenneth Branagh masticando escenas a gusto) trasmiten la sensación de que en cualquier momento la película va a estallar por los aires.

El cine de Mann también tiene ciertas particularidades que suelen conectar poco con el público: los personajes suelen tener poco viaje emocional, y este suele estar poco detallado y más explicado en acciones que en interacciones, algo que Nolan logra replicar con los personajes de John David Washington y Robert Pattinson, conteniendo su habitual tendencia al subrayado y la sobreexplicación (que sigue habiendo). También está tan obsesionado en generar cierta atmósfera en sus películas que se vuelven confusas conforme avanza su trama. 

Con un componente tan complejo como la inversión del tiempo en la mezcla, avanzar por la trama de Tenet puede volver algo desesperante, pero todo se vuelve mucho más llevadero cuando 1) recuerdas que en realidad es un macguffin y en realidad no hace falta tanto entenderlo como experimentarlo (algo que Nolan, por supuesto, te subraya) y 2) ves cómo Nolan acaba consiguiendo recrear esa sensación de poner a los personajes contra la pared, y que su espacio para respirar se limita más conforme avanza la película.

En ese sentido, no he podido parar de pensar en una película de Michael Mann conforme salí de ver Tenet, probablemente la más infravalorada de su filmografía: Corrupción en Miami. Aquella película recibió muchas críticas por su aparente frialdad emocional, por la incomprensión de su historia, por lo aparentemente poco desarrollados que estaban los personajes, por hacer demasiado pretencioso algo que en realidad se podía desarrollar de manera sencilla y porque le sobran 20 minutos. Todas esas cosas las vais a poder leer en muchas críticas a Tenet, pero al igual que la de Mann, la realidad está invertida: las amenazas son tan palpables que el ambiente es casi irrespirable, los personajes son más interesantes de lo que se aprecia superficialmente y logran que un universo y atmósfera muy concretos nos parezca auténticos y seamos introducidos en los mismos con naturalidad. Y por si todo fuera poco, hay una secuencia en la autopista que es puro Heat, y que puede estar entre lo mejor que ha hecho Nolan en cuanto a acción.

Y podríamos hablar de cómo logra introducir algunas de sus obsesiones temáticas de manera subyacente en la historia en lugar de estar haciendo que los personajes las digan cada 20 minutos (y, aun así, se permite algún que otro momento de subrayado), pero eso lo podemos dejar para una conversación con spoilers. La cuestión es que Tenet va a ser divisiva de una manera diferente a la que otras películas del director, donde sus fans más absolutos y los detractores más fervientes se lanzan disertaciones hiperbólicas. Tenet es de esas películas que va a gustar a diferente tipo de gente por diferentes motivos, y va a desencantar también por motivos diferentes. Y eso es definitivamente más atractivo que muchas superproducciones derivativas en las que el rango de reacciones se limita a un “tabien” o a un “meh” y luego no pensamos demasiado en ellas. Tenet te va a poner en un lugar incómodo a la hora de valorarla y no vas a poder evitarlo. Más allá de las rimbombantes explosiones, las revolucionarias secuencias, las enrevesadas estructuras, el valor de Nolan en el blockbuster actual es precisamente hacer que no se pierdan películas grandes que dejen sentimientos conflictivos que nos va a tocar desenmarañar.

Personalmente, yo estoy listo para que esta sea su Corrupción en Miami. Y no necesito invertir el tiempo para atestiguarlo.

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LinkinBoy
30 days ago

La vi el míercoles y con el pasar de los días más me ha gustado. Cuando salí del cine estaba un poco perplejo, no sabía que opinar. Ahora creo que me ha gustado bastante tirando a mucho. Eso sí, el personaje de Washington me ha parecido un sosaínas que no veas…