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The Black Keys — Turn Blue

Lo lógico seria empezar la crítica a un disco de The Black Keys hablando de The Black Keys, claro. Pero eso sería caer en lo previsible y aquí en Hipersónica nos gusta mucho eso de improvisar, así que antes de meterme de lleno en lo que es Turn Blue os voy a hablar un poco de física. Más concretamente, de un concepto llamado horizonte de sucesos.

Mediante este término se define a la frontera que divide dos eventos, impidiendo que un observador cualquiera pueda verse afectado por lo que suceda del otro lado. Un ejemplo muy claro lo tenemos en los agujeros negros, siendo su horizonte de sucesos el lugar a partir del cual nada puede escapar de su aplastante atracción gravitatoria, ni siquiera la luz.

Intentando hilar fino para adaptar este concepto a la música, podríamos decir que representa ese momento en que un grupo que te encanta empieza a lanzar discos que, mire usted, ya no son para tanto. Seguro que todos sabéis a lo que me refiero, y pocas son las formaciones que han escapado a este punto de inflexión, así que tampoco habría que echarse las manos a la cabeza por decir que el dúo de Ohio podría llegar también a ello.

Volverse gris

¿Es Turn Blue el horizonte de sucesos de The Black Keys? Naturalmente, es demasiado pronto para responder algo así, pues podría tratarse de un simple traspiés del que recuperarse más adelante. Pero sin poder hablar del futuro tenemos que decir que, aunque me duela en el alma tener que admitirlo, este trabajo no ha estado a la altura del nivel que Dan Auerbach y Patrick Carney venían demostrando hasta ahora.

Antes de seguir profundizando en mi argumento, dejadme también aclarar algo: Turn Blue no me parece un disco realmente malo, pero tampoco podemos decir de él que sea bueno. Entre ambos polos fluye una amplia variedad de grises en la que, lamentablemente, el álbum que hoy nos ocupa se mueve durante la mayor parte de su contenido. Hay momentos que se salvan, pero lamentablemente no los suficientes como para evitar que tengamos la sensación de que la pareja ha perdido por el camino que les separa de El Camino buena parte de su mojo.

Si alguien está pensando en lanzar la clásica acusación de que se han “vendido”, ya puede ir buscando otra bala en su cartuchera, porque de hecho estamos ante un trabajo menos accesible que sus antecesores, que eran pura inmediatez y golosinas aptas para casi cualquier paladar. Aquí, una vez más de la mano de Danger Mouse (para bien o para mal) han buscado explorar otros rincones en los que desafortunadamente no han sabido mostrar lo mejor que llevan dentro.

En esa búsqueda hay soluciones que se resuelven bien, como esa ‘Weight Of Love’ que a todo el mundo hace pensar en Pink Floyd y que supone, ya en su mismo comienzo, el momento más brillante que nos dará el disco. Otro punto álgido lo encontramos en la sucia ‘It’s Up To You Now’, la otra muestra clara de que, si quieren, aún pueden hacerlo bien. La enérgica ‘Fever’, aunque se ha llevado algún que otro palo, también me parece un momento rescatable del conjunto.

Lamentablemente, frente a ellas encontramos una abundante mayoría de canciones que, seamos sinceros, lo habrían tenido muy difícil para pasar el corte y acceder a sus mejores discos. Y de haberlo conseguido, habrían quedado como el relleno de mitad de tabla en el que casi nadie se fija.

¿Y de quién es la culpa?

No negaré que también hay aquí un importante problema de expectativas, pues poco menos que ya se estaba dando por hecho que The Black Keys estaban obligados a seguir la senda triunfal que venían trayendo. Posiblemente lo consigan a nivel comercial, porque se han ganado por méritos propios la posibilidad de vender solo por el nombre, y además están trabajando una campaña de promoción bastante agresiva que incluye a personalidades tan dispares como Charlize Theron y Mike Tyson; pero a nivel de valoración, es difícil negar que estamos ante uno de los momentos más bajos de su discografía.

Está clarísimo que el blues rock descarnado se fue hace tiempo y ya no se le espera, pero los ingredientes más distintivos que han conseguido hacer de ellos un fenómeno de masas en los últimos años están ahí: riffs coquetos, el aderezo con teclados apuntando directamente a nuestras caderas, los falsetes y los coros que todos hemos adorado… Y sin embargo, la mezcla no funciona esta vez, como esa mayonesa que estás cansado de hacer siempre igual y que hoy, vete tú a saber por qué, se te corta.

Quiero creer que no estamos ante un punto sin retorno, que Dan y Patrick aún conservan el talento necesario para seguir enamorando al personal como lo han hecho hasta ahora, y que su horizonte de sucesos, de producirse, aún quedará lejos en el futuro. Las trazas de calidad siguen ahí, solo queda que para la próxima vez no acaben enmascaradas por una abundancia de sinsabor como la que impera en este trabajo.

6.8/10

Es obvio que The Black Keys han buscado hacer de Turn Blue un disco más profundo y rico en matices que sus trabajos previos, sacrificando la agilidad para probar con algo más intenso. Pero ni los ingredientes clásicos, que siguen ahí, ni esas nuevas aproximaciones que a veces intentan ahondar en la psicodelia y otras nos llevan a la disco, claramente apoyadas en los hombros de Danger Mouse, consiguen quitarnos esa sensación de que parecen haberse hecho muy mayores en muy poco tiempo.

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