Criminal confirma nuevamente la genialidad de Luis Vasquez


Ciertos géneros, aunque en términos de relevancia estén particularmente muertos, logran sobrevivir entres ciertos nichos manteniendo cierta productividad. Sin embargo, el caso del rock industrial resulta especialmente dramático, teniendo que agarrarse como un clavo ardiendo a los mismos referentes que tenían hace diez años, veinte o incluso treinta.

Lo de Nine Inch Nails a día de hoy es rara avis, un ejemplo que es poco extrapolable a otros estilos, pero sigue siendo el exponente mainstream del género (aunque hoy día ya no le da para ser primera línea en el Mad Cool). Eso supone un par de problemas: Primero, el mero hecho de tener el mismo referente durante casi treinta años. Segundo, que dicho referente ya no saca discos al nivel que cabría esperar de alguien en su estatus.

Por suerte, hay alguien que está sacando los discos que Trent Reznor debería estar sacando ahora para justificar su mantenimiento como referente.

Luis Vasquez ya es un viejo conocido en esta página al que hemos seguido durante años, tras discos tan estupendos como Zeros (Captured Tracks, 2012) y Deeper (Captured Tracks, 2015), y hasta hemos repasado los nombres que marcan su estilo. Casi podríamos decir que no queda esquina por explorar en el oscuro y rico mundo de The Soft Moon. Pero él no lo ve así.

Ya escuchar Deeper en su momento era como dar un paseo por los barrios más chungos imaginables, una recopilación de temas de pop oscuro al que Vasquez les prende gasolina para que suenen más abrasivos. Criminal (Sacred Bones, 2018) logra la difícil tarea de empujar los límites marcados en su predecesor, desatando más rabia, más garra y más oscuridad, y sigue dando nuevas e interesantes a un proyecto que ya resultaba atractivo.

Siempre hemos relacionado la figura de Vasquez y su proyecto con el mundo del post-punk, pero su nuevo trabajo muestra más que nunca las raíces industriales del sonido de The Soft Moon. Y es que no cuesta relacionar el punch y la energía de este disco con los primeros trabajos de Trent Reznor, sin llegar a sonar a algo demodé y anacrónico. Vasquez logra la perfecta conexión entre sus influencias y su espíritu atrevido para que el proyecto siga sonando fresco y personal.

Comprendo que os suene ventajista decir que Reznor, en toda su veteranía, ya no muestre el vigor y la energía que tiene un músico joven con un proyecto que no ha llegado a los diez años de edad. Sin embargo, sus esfuerzos para mantener el género resultan muy insastifactorios a estas alturas, así que no resulta complicado acabar decantándose por propuestas que tratan de jugar más con los límites del estilo, llegando a hacer que dudemos si verdaderamente es enmarcable en un solo estilo.

Está claro que la dirección de Criminal supondrá un jarro de agua fría para aquellos que no terminaron de comulgar con la dirección que tomó el proyecto después de Zeros. Para el resto, supone dar un paso adelante para The Soft Moon, un halo de esperanza para un género muerto y un disco solidísimo y demoledor. La confirmación de que el espíritu y la creatividad de Luis Vaszquez bien merecen ser seguidas de cerca.

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