I didn’t take no shortcuts
I spent the money that I saved up
Oh, mama running out of luck
But like my sister, don’t give a fuck

Los The Strokes del 2001 eran el exponente perfecto de la Nueva York de 2001, antes de, bueno, ya sabéis: joven, sin tiempo para pensar más allá del próximo fin de semana, de la larga noche para encontrarte con Esa Persona, poner «Esa Persona» en mayúsculas porque realmente no te importan más personas en ese momento, salir, beber, el rollo de siempre. Pensar si habrá salida del bucle, pero no haciendo nada realmente para salir de él. Suenan lejanos, no tanto porque ya vayan a pasar dos décadas a efectos prácticos, sino por la sensación de que hayan pasado dos décadas en tan sólo estos dos últimos meses. La Nueva York de 2020 nada tiene que ver con aquella de 2001. Si acaso, está más cerca de un cráter humeante.

Y suena ‘Why Are Sundays So Depressing?‘.

I kinda miss the nine to five, yeah
Do those things that you can’t hide
I scramble, fight just like a child

Los The Stokes de 2020, como Nueva York, ya no son los mismos de 2001. Nosotros tampoco, claro está. Pero la situación actual nos ha empujado a todos a mirar con nostalgia cosas que hacíamos hace tan sólo 6 semanas (¿son 6? Ya no lo tengo claro) como si hicieran años desde entonces. Irónicamente, ahora es mejor momento que nunca para un disco de The Strokes donde miran más que nunca con nostalgia su pasado, pero se dan cuenta de que esos tiempos no están cerca de volver. Por eso, mejor aceptar las cartas que te han tocado.

La historia de The Strokes está ya más que asimilado: el flechazo de los dos primeros discos, ese First Impressions of Earth que acogimos con frialdad pero ha aguantado mejor de lo que recordábamos, la catástrofe de Angles y la nadería de Comedown Machine. Dar un duro por The New Abnormal suena a tirar el dinero, pero ‘The Adults Are Talking‘ suena y todo parece que está… ¿bien? Al menos todo parece que está en sitio.

Los Strokes de The New Abnormal no son los de 2001, o los de 2004. También porque no podrían serlo aunque lo intentasen muy fuerte. No lo hacen, por suerte, y parecen más conscientes de qué grupo son ahora mismo, qué se espera de ellos, y por dónde pueden tirar. ‘Bad Decisions‘ tiene todas las herramientas de entonces, pero no las usan igual. No olvidemos, todos estamos más viejos, pero The Strokes parece que hayan vivido dos vidas ya. Y se nota en esa energía melancólica, en esa manera de mirar atrás, de lidiar con la realidad de que no puedes cambiar lo de entonces y ahora es tarde. Y ahora mismo parece sentarles bien.

Por supuesto, no han renunciado a intentar volver a esos ochentas que les han hecho más mal que bien (siempre han sido mejor nostalgia de los setenta que de los ochenta), pero ahora se siente más en sintonía con ellos como grupo. ‘Brooklyn Bridge to Chorus‘ podría haber toda la pereza del mundo, pero se resuelve de manera más aceptable de lo que lo hacía en Comedown Machine. No siempre caen de pie, como muestran en una ‘Eternal Summer‘ que parece escapada de Angles.

Pero la segunda mitad de The New Abnormal puede ser lo mejor que han hecho en una década (tanto juntos como separados). Ya, no es decir mucho, pero suena a triunfo estar más cerca de First Impressions of Earth que de Angles/Comedown Machine. Valensi y Hammond hacen su mejor trabajo en guitarras en tiempo, Casablancas parece más destensado que nunca cantando y en general el grupo da la sensación de estar más cómodo que nunca en su propia piel. ‘At the Door‘ podría haber salido muy mal, pero salva bien la papeleta. ‘Why Are Sundays So Depressing?’ corre en la cuerda floja de pasarse regodeándose en el pasad, pero cruza al final. ‘Not the Same Anymore‘ condensa todo lo que hacen bien en este disco. ‘Ode to the Mets‘ cierra con la sensación de que el grupo tiene por fin claro en qué punto están y qué les queda por delante.

No es para descorchar el champán que lleva desde 2009 en la nevera, pero resulta gratificante hasta cierto punto parece encontrar pie justo cuando menos fe había depositada en ellos. Que haya llegado hasta aquí sin mencionar ‘Selfless‘, que en sus dos discos anteriores habría sido un clavo ardiendo al que agarrarse, dice algo. Probablemente que ya estamos listos para la fase pollavieja de The Strokes porque también lo somos nosotros un poco. O también que no parece tan terrible el disco de The Strokes que más nos recuerda esas resacas nostálgicas, donde recordamos noches mejores que la última mientras la luz que entra por la venta es un poco más tortura. Qué no daríamos por una resaca de esas ahora. Que haya tenido que venir una pandemia para que nos reconciliemos con The Strokes, manda narices.

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