La gran paradoja que sobrevuela sobre Thundercat es que entre los círculos más especializados se le va a tener como uno de los artífices de uno de los mejores discos de la década que no es realmente suyo, el To Pimp to Butterfly de Kendrick Lamar, pero sigue siendo relativamente anónimo fuera de allí, donde To Pimp to Butterfly sigue siendo conocido. Basta buscar otras reseñas que han salido estos días de su último disco y ver como pocos se resisten a mencionar el disco.

Quizá sea porque la propia naturaliza de su música y de los discos que saca acaban dando una liviana sensación, como que conforme entran su música esta termina saliendo. A veces Stephen Bruner no puede evitar dejarse llevar por su zigzagueo, por dejar que las canciones salgan disparadas de sus dedos conforme estos golpean las cuerdas del bajo. Y de ahí los discos de muchos temas, con muchos de menos de dos minutos que no sabes si profundizar en ellos o dejar que te acaricien los oídos un rato y dejar que pasen.

Es posible que eso le pasara a un disco que, al final, se le iba un tanto de las manos como Drunk, a pesar de las perlitas que contenía. Pero Thundercat no sería Thundercat sin esa verborrea creativa, sin ser un verso libre dentro de su propio poema, sin dejar que la espontaneidad lleve las riendas. A veces tan sólo necesita encadenar las suficientes gemas para terminar de funcionar. Es probablemente lo que consigue atraer de un disco como It Is What It Is, que no evita caer en algunas de sus peores tendencias (quince canciones, algunas ni llegan al minuto y medio) pero logra ser más interesante sin tener los temazos aparentes del calibre de ‘Them Changes‘.

Por supuesto, hay jitazos. Coged los que queráis (yo hoy me quedo con ‘Black Qualls‘, ‘Dragonball Durag‘ o ‘Funny Thing‘), es difícil fallar. Sin embargo, lo que da cuerpo a It Is What It Is es como aparenta tener la misma ligereza de un disco de Thundercat, pero cuando raspas un poco a sus partes ves cómo está haciendo cierta torsión en la misma canción que escapa lo tradicional en él. Todos sus referentes siguen ahí, y Thundercat sigue haciendo canciones que suenan sexy incluso cuando más existencialistas o funestas son las letras (la versión funk del meme de los negros del funeral), pero hay un poso latente en este disco que conviene no desestimar o tratar como si de algo liviano se tratase. La buenísima recepción no es casualidad.

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