Thurston Moore – By the Fire

Thurston lo ha vuelto a hacer. No a lo Deftones, pero también lo ha vuelto a hacer. Después de 40 años de disonancias, distorsiones, experimentación y de pertenecer a uno de los grupos clave del indie rock americano, y por ende, a nivel internacional, el viejo Thurstoon y sus dedos de 62 años continúan aporreando la guitarra como si tuviera 25. By the Fire (The Daydream Library, 2020), publicado en su propio sello, con ese guiño a posiblemente la obra cúspide de Sonic Youth, Daydream Nation, cumple con el guión establecido de los discos en solitario de Moore. No encontrarás nada nuevo salvo lo esperado. Porque en un álbum de Moore no vas a buscar cambios de patrón. Vas a escuchar lo que ha estado haciendo en solitario y toda su vida con el grupo, los muros de sonido, el tema uniforme de 15 minutos con las mismas notas pero sonidazo o ese toque melódico que aún conservaban bien fresco Sonic Youth en sus últimos trabajos. Y eso es By the Fire. 80 minutos inmiscuido en ese imaginario.

Sonará típico y previsible porque se debe haber dicho como 40 millones de veces, pero es tremendo cómo con toda la trayectoria que lleva Moore a las espaldas aún siga siendo capaz de hacerte disfrutar con otro disco en solitario. La buena forma es obvia, y su talento también. Dentro de esos largos temas y de esas gruesas capas de distorsión, disonancia y notas poco comunes, siempre consigue sacar punta. Hace mucho con poco, como hacía relativamente con Sonic Youth junto a Lee Ranaldo. Ninguno es que fuera un guitar hero ni un súper virtuoso, pero la convergencia de ambos, siempre buscando melodías y roturas sonoras en los márgenes habituales —en no pocas ocasiones con acordes sencillos— hacían un combo tremendo que ha quedado para la historia. Mucha parte de aquello está presente en este trabajo, y en general en la mayoría de sus discos en solitario. Es obvio que él fue decisivo en el sonido del grupo.

Lo de siempre, pero joder, qué bien

De hecho, claro, abrir este disco y escuchar lo primeros compases de ‘Hashish‘ con las cuerdas y esa melodía que después va tomando forma con el acorde y una batería de ritmo tan steveshelleysco, puede que si te dicen que forma parte de alguna cara B de los últimos trabajos de SY te encaje. Pero es también marca de la casa de Moore en solitario, que como decíamos, ha seguido siempre en la misma onda. Esos pequeños cambios de tonalidad que le dan cierta melodía, junto a esa coraza instrumental tan acompasada entre guitarra y batería hacen que tenga electricidad y sea puro enganche. Pequeños detalles y cambios que le dan dinamismo a sus composiciones y que se ve perfectamente en ‘Cantaloupe‘, con las pequeñas ráfagas que oxigenan el sonido y que se funden con su voz en el estribillo. Moore molando, aunque casi se podría decir, la mitad de Sonic Youth, ya que le acompaña Shelley a la batería —no en todas—, lo que se reconoce claramente, y al bajo Deb Googe (My Bloody Valentine). Grata reunión de dinosaurios.

Canciones de amor en un tiempo donde la creatividad es nuestra dignidad, nuestra demostración contra las fuerzas de la opresión. BY THE FIRE es una reunión, una fiesta de paz, canciones en el calor del momento

Un elenco con el que Moore también aprovecha para meterse en sus habituales temas extensísimos. El primero, ‘Breath‘, diez minutos de intensidad, en los que se alterna la habitual capa gruesa de guitarras con los cambios a la parte rítmica y vocal en la que le acompaña Googe. Todo mientras en las pistas secundarias se ven esos detalles marca de la casa. El tema tiene unas envestidas que recuerdan y mucho a ‘Cusp’ de Rock n roll Consciousness (Caroline International, 2017). Cosas de Moore, haciendo varios temas a partir del mismo patrón. Pero como hemos dicho, importa poco al perfil al que va dirigido el trabajo. Y estas son las cartas que a lo largo del álbum va mostrando Thurston, con suaves balsas sonoras de doce minutos como en ‘Siren‘, más centrada en la belleza del sonido que no en retorcerlo, como sí hace en ‘Locomotives‘, de nada más y nada menos que 16 minutazos. En ella se funden la experimentación de los primeros discos de Sonic Youth y sus desvaríos con Glenn Branca, aunque al final hay un desmelene más indie rocker totalmente disfrutable. Son esos momentos los que te sumen en el trance en sus discos. Placer sonoro. Distorsiones, ritmos repetitivos y punteos evocadores. También cierra el disco un casi cuarto de hora de experimentación en ‘Venus‘.

En cualquier caso, si bien en su trayectoria en solitario estos temas largos, principalmente aquí de experimentación han estado presentes, y en menor medida en Sonic Youth durante los 2000, este By The Fire es posiblemente el trabajo que más se acerque al extinto grupo, al que recuerda en casi todas las canciones de minutaje normal. No es obviamente lo mismo, pero pasajes de ‘Calligraphy‘ o ‘Dreamers Work‘ llevan a todo ese pasado. Una conjunción de temas realmente buena, cuya estructura se podía ver venir porque Moore no se ha complicado demasiado en solitario, ha hecho lo que siempre le ha gustado, pero que por ejemplo supera notoriamente discos recientes más discretos como Spirit Counsel (The Daydream Library, 2019). A mitad de camino entre el notabilísimo The Best Day (Matador, 2014) y su álbum de 2017. Más experimentación en cortes largos y buena melodía en esos temas cortos en los que también hay cierta oscuridad. Resumen, un gran trabajo, efectivo en corto y en largo. Pura inspiración. Aún tiene algo que decir.

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