Ya no están Sonic Youth, pero Thurston te lo trae fresco


Hace un par de Primavera Sound, en la edición de 2015, un nutrido grupo de redactores de Hipersónica, cuando íbamos en masa, nos dirigíamos a empezar el festival con el directo de los esperanzadores Ought. Sin embargo, en nuestro recorrido hacia la zona Adidas, algo se entrometió en nuestro camino, un ruido hipnótico, disonante, que sonaba con fuerza junto a batería y bajo; una guitarra que se alzaba majestuosa y que repetía los mismos acordes durante minutos y minutos como si fuera un ritual. Claro, tuvimos que girarnos y allí estaba esa figura espigada que responde al nombre de Thurstoon More. Quizá porque Sonic Youth ya no existe y hemos perdido la esperanza de que vuelvan a hacer algo, que es lo que hay, dejamos de interesarnos por el trabajo individual de sus miembros.

https://www.youtube.com/watch?v=m-1lGHYhHIk

Entre ellos, el de Thurstoon. Y, claro, mal. Aquél año venía con el gran The Best Day (Matador, 2014). Este año ha vuelto con Rock N Roll Consciousness (Caroline International, 2017), un título puede que de auto afirmación, reivindicando que aún tiene cosas que decir. Y eso es lo que nos transmite su Jazzmaster en este nuevo trabajo. Porque no, no tenemos la música de su seminal formación, pero les tenemos en sus trabajos personales. Y le tenemos a él. No se puede ocultar el característico sonido que le saca a su guitarra y que es el que explotó en Sonic Youth junto a Ranaldo (si hablamos sólo de las guitarras, cada una de las cuatro partes del grupo era fundamental para su sonido).

Una fórmula repetitiva y efectiva, para qué más

Pasan los años, los discos, las reediciones de Sonic Youth y nosotros nos hacemos más viejos, pero la guitarra de Moore sigue mostrando esos sonidos diferentes, fruto de las afinaciones poco comunes, y esas disonancias que hicieron del grupo un oasis dentro del underground americano. Y sigue incombustible. Sea con sus típicos devaneos de diez minutos o con momentos en los que hay más intensidad instrumental por parte de todos los que le acompañan, siempre hay algún recoveco al que engancharse. Él está lejos de ser uno de esos dinosaurios que se arrastra con las rentas de tiempos mejores. Es cierto que este disco no llega a la altura de The Best Day, pero se le acerca en varios momentos. Porque la creatividad nunca ha sido un problema para Thurstoon y hay material de sobra para que cualquier seguidor de Sonic Youth se suba al carro.

Sigue habiendo en temas como ‘Exalted’ ese sonido agudo y levemente distorsionado que se mete en tu cabeza y que avanza lento, hipnóticamente, para después incendiarse y acompañar a la voz de Thurstoon. La misma estructura que la otra canción que supera los diez minutos, ‘Turn On’. Su no virtuosismo, pero su capacidad para sacarle a su instrumento sonidos solemnes y melodías que entran en simbiosis con la parte rítmica, hacen que esa extensión, lejos de ser un coñazo, sea (casi) orgásmica. Son esas canciones que después en directo, con Steve Shelley en la batería, hacen que te vengas arriba y que te saltes conciertos como el de jóvenes que se quieren comer el mundo como Ought. Porque los veteranos buenos no desisten fácilmente.

Para quienes prefieren progresiones de menor duración, están los otros tres temas, con una duración sólo comprendida entre los 6 y los 8 minutos. Si con el grupo neoyorkino ya existían estas pajas mentales de gloriosa disonancia y tensión en temas mastodónticos, aquí no iba a ser menos. Aunque a veces no hace falta alargarse tanto para sacar el fuego. Y ‘Cusp’ es el claro ejemplo, seis minutos de intensidad, de ritmo lineal que te eleva simplemente pisando el pedal de distorsión a mitad de tema. Simple, pero efectivo y suficiente para flipar. Una vez más.

Rock n roll consciousness.

7,6/10

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