Tropical Fuck Storm – Braindrops, crítica: un lisérgico puñetazo en el estómago

Hasta el 25 de noviembre, Tropical Fuck Storm estarán de gira en nuestro país por varias capitales como Barcelona, Bilbao o Valencia, entre otras. Una oportunidad de ver a uno de los grupos más interesantes de la esfera independiente actualmente, como ya comentamos en aquél artículo del indie de hoy. Por suerte para nuestros oídos, los australianos han puesto la quinta con el proyecto, eso sí, dejando en un segundo plano The Drones, del que forman parte los vocalistas Gareth Liddiard y Fiona Kitschin, guitarra y bajo respectivamente. Con Braindrops (Joyful Noise, 2019), aprovechan el tirón de su debut del pasado año y siguen sumergiéndose en ese mar de noise y lisergia en el que miran a Flaming Lips por el retrovisor.

Con otro disco de nueve temas, el conjunto de Melbourne aguanta el tirón de su debut y mantiene un notable nivel. Si bien en su largo de 2017 había menos explosiones pero estas contaban con una mayor concentración de ese potente pastiche de noise y blues, Braindrops es un largo más relativamente ‘limpio’, aunque en él se encuentran más temas que acaban en estallidos y distorsiones de las que tanto se echan en falta en grupos de guitarras actuales. Con una marcado carácter ruidoso en sus estribillos, también presente en The Drones, y que recuerdan sin ambages a The Flaming Lips, este LP sigue con la pulsión que te agarra y no te suelta hasta que se acaba el disco. El tema de apertura, ‘Paradise‘, es el claro ejemplo. Una violencia galopante que podría tener su traslación pictórica en lo descarnado y directo de las obras de Basquiat, y que acaba por dejar exhausto.

Su presencia sonora sigue siendo arrolladora

Curiosamente, esa evolución in crescendo se encuentra tan sólo en ese primer corte y en el último, la épica ‘Maria 63‘ con el timbre de voz de Kitschin sonando tan afilado como una distorsión aguda. Una buena guinda de cierre que tiene esas marañas guitarreras de cierto viaje lisérgico como el que se encuentra en canciones que optan por la destrucción sonora en el cambio de ritmo, como es el caso de ‘Who’s my Eugene?‘. Un tema este último que vuelve a tener esas reminiscencias desoladoras y dramáticas que generan los temas de Tropical Fuck Storm. Como bien evoca el nombre del proyecto, sus composiciones lo mismo pueden virar de explosiones que te follan el cerebro, sin prescindir de melodía, dependiendo del tono delicado o furioso que adopte vocalmente Kitschin, a piezas que generan desasosiego como ‘Maria 62‘, avanzadilla del tema que cierra el álbum.

Unas emociones enfrentadas que tienen su equilibrio en un disco que vuelve a tener muchas partes de bendito ruido caótico, duetos vocales que se complementan de forma espléndida y esos fragmentos más al ralentí que si no fuera porque el disco es corto, podrían restarle peso al conjunto en su parte final. En cualquier caso, los pilares del álbum —las primeras canciones, ‘Braindrops‘ y ‘Maria 63’— están bien distribuidos para oxigenar esas partes más tendentes a la introspección y que aguanten mejor. Con todo, cuesta encontrar un grupo en la esfera de lo independiente que suene tan descarnado, potente y ruidoso como ellos.

Así pues, estamos ante una genuina propuesta que cobra entidad propia, con influencias más o menos claras, pero sin intentar emular a nadie hasta la marca de la púa. Una mezcla de psicodelia, blues, indie rock y experimentación en forma de misil para abordar temas perturbadores como la relación de control del psicólogo de Brian Wilson de Beach Boys, Eugene, o los escondrijos nazis en Buenos Aires tras la II Guerra Mundial. Un sobrio y doloroso puñetazo en el estómago este sophomore. Francamente, no se podía esperar menos del disco. Podrá gustar más o menos el acabado de los temas dependiendo del gusto. Pero el empuje y la seña de identidad sigue siendo la misma.

7,9/10

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