Ty Segall Band — Slaughterhouse: adorable y bendito loco

Ty Segall Band - Slaughterhouse

Pese a que no lo pueda parecer, Ty Segall es un tipo muy consciente de sí mismo. En realidad, la evolución de su carrera musical es bastante solvente y hasta cierto punto previsible. Pero pese a todo, Ty Segall es un adorable y bendito loco para quien las reglas de lo normalmente establecido son meros impedimentos, obstáculos en la batalla por la genialidad. En esta reencarnación, Ty Segall ha dado el paso hard que seguramente todos deberíamos dar alguna vez en la vida. Viciado y desquiciado, sin embargo, Slaughterhouse es una locura muy cuerda.

Slaughterhouse: todo es más grande

Cómo entender sino la distorsión descacharrante de ‘Dead’, la primera canción de Ty Segall Band, que no es más que un nombre bajo el que englobar su nuevo sonido. Que en realidad es el mismo sonido de siempre, sólo que mucho más grandilocuente. Y no en el sentido épico, sino en el sentido grande. Las canciones de Slaughterhouse son las más grandes, por tamaño, que Ty Segall ha compuesto jamás. Las guitarras se elevan dos o tres palmos del suelo y se transforman en un monstruo gigante, en un Godzilla, del garage rock.

Slaughterhouse es el reverso tenebroso. Es sencillo de entender. Desde la portada hasta ‘Fuzz Wars’, la incomprensible ida de olla de diez minutos de puro ruido. Ahí escucháis guitarras pero pensáis en trastos de metal chocando entre ellos y en los mundos post-apocalípitcos de Terminator. ‘Fuzz Wars’ sólo puede surgir de la mente de un enfermo, o de un desequilibrado. Y lleváis razón. Ty Segall lo es. Está completamente loco. Pero venid, acudid a él como acudieron miles de ellos a Jesucristo. En la enajenación se esconde la divinidad.

Puede que Segall, tan frenético (disco y múltiples splits por año) y drogado, esté construyendo un personaje mediante el que alcanzar la deidad. Slaughterhouse es la parada en el infierno. Si Ty Segall era un disco que venía a concretar el amateurismo naif de Horn the Unicorn, Slaughterhouse es el trabajo que coloca a Melted al borde del horror y lo deforma y contamina hasta la violencia. Hacia todo, hacia todos, hacia el propio disco y el mismo Segall. ‘I Bought My Eyes’ no es más que ‘Girlfriend’ siniestra y monstruosa.

Sonar hard era esto pero no exactamente, o sí

De todos modos, Ty Segall no es un preciso cirujano. Toda su locura, en el fondo tan cuerda, se aprecia en su imperfección. Slaughterhouse suena más hard de lo que Segall ha sonado nunca, pero sonar hard no tenía por qué ser exactamente esto. Algunas canciones se le quedan algo grandes. En ‘Slaughterhouse’ o en ‘Tell Me What’s Inside Your Heart’, dibuja un espacio que no siempre es capaz de llenar. ¿Quizá sea la producción? ¿Quizá sonar hard implique no sonar tan garage? Son ideas compatibles hasta cierto punto, pero Segall se empeña en llevar el concepto más allá.

Riffs que deberían golpearte hasta hundirte y luego arrastrarte por el fango, a veces, parecen una caricatura de lo que verdaderamente implica sonar duro. Pero Segall y todos los demás maestros contemporáneos del garage y del psych siempre caminan por una delicada e inestable cuerda que les invita amablemente a perder el equilibrio. Nunca caen pese a sus pequeños amagos. Y al final del camino siempre esperan cosas como ‘Wave Goodbye’, que es fantástica desde las primeras notas del bajo hasta los coros finales, perdidos en la enajenación, y el desarrollo tenebrista del final.

La segunda mitad del disco me ha gustado más que la primera, dejando a un lado ‘Fuzz Wars’. ‘Muscle Man’ es lo que todos podíamos imaginar cuando Segall nos hablaba de hard garage. También la muy genial ‘The Bag I’m In’, que es drama oscuro y comedia al mismo tiempo. El bajo saltarín, los berridos completamente idos de Segall. ‘The Bag I’m In’ suena al señor Rubio bailando mientras corta la oreja de un policía vivo. Suena a encontrar la diversión en lo macabro. Al fin y al cabo era lo que se podía esperar de Slaughterhouse.

‘Diddy Wah Diddy’, extra fast, es rock ‘n roll pero a lo bestia. Y ‘The Tongue’… Pues ‘The Tongue’ es una de las canciones del año. Es épica en su justa medida o todo lo épico que puede ser el garage y es desquiciante. Siempre tienes ganas de que doble la esquina más oscura del barrio, que vaya allí donde ninguno nos atrevemos a ir, que nos regale la adrenalina del peligro que nunca somos capaces de experimentar por miedo. Ty Segall viene y nos quita el miedo. Nos lo arrebata. Eso es Slaughterhouse. Todos nuestros miedos.

Es un disco difícil, eso sí, al que hay que darle tiempo. De lo contrario se hace inmenso, inexpugnable. El resultado es todo el talento de Ty Segall y toda su capacidad para perder el control. Tan genial como excesivo. Resulta que en Hair no era Ty Segall el que sostenía a White Fence, como podía interpretarse de su trayectoria, sino que White Fence también sujetaba a Ty Segall. Podrían plantearse formar un grupo. Por separado no tienen límite. Y, bueno, en el caso de Segall es mejor así. Adorable y bendito loco.

Ty Segall — Slaughterhouse tracklist

  • 01) Death
  • 02) I Bought My Eyes
  • 03) Slaughterhouse
  • 04) The Tongue
  • 05) Tell Me What’s Inside Your Heart
  • 06) Wave Goodbye
  • 07) Muscle Man
  • 08) The Bag I’m In
  • 09) Diddy Wah Diddy
  • 10) Oh Mary
  • 11) Fuzz War

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