Un paseo a fondo por el Punisher de Phoebe Bridgers

Tres años después del lanzamiento de su debut, Stranger In The Alps (uno de los mejores discos tristes de 2017), esperábamos mucho de Punisher, de Phoebe Bridgers, y la recompensa ha sido la adecuada. Llegó en junio para ser aclamado rápidamente (salvo un par de hipersónicos a los que se les ha atragantado) y para quedarse con nosotros durante los meses siguientes… y posiblemente para siempre.

En él se esconden once canciones (en realidad 10 y una intro apropiadamente titulada DVD Menú) que oscilan entre el folk confesional que ya conocíamos de Bridgers y canciones más expansivas, algunas de ellas directamente más pop (‘Kyoto’ ha estado entre los jitazos del momento) y otras que se abonan a la épica. Lo de hoy es un paseo por todas y cada una de ellas, con parte de las pistas que ha ido dejando Phoebe Bridgers en sus entrevistas.

DVD Menu

Claro, con ese título… tenía que ser una intro. Son sólo un minuto y nueve segundos y suena a canción que suena en el menú de selección de los DVDs. Pero es también una canción espejo: parte de la melodía de ‘DVD Menu’ es también la de ‘I Know The End’, el tema que cierra Punisher. E incluye otro sample, el de la voz de ‘You Miss My Heart’, el cierre del debut.

Según la propia Phoebe Bridgers… “he estado escuchando mucho a Grouper últimamente”.

Garden Song

‘Garden’ fue el single de adelanto, y una buena elección por lo continuista pero también por la delicadeza con la que sublima sus casi cuatro minutos.

Sorprende, eso sí, la voz masculina que le acompaña en el estribillo, más hablando que cantando. Como Bridgers confesó a Zane Lowe, es su tour manager, Jeroen Vrijhoef:

Me di cuenta de que tenía la voz de un ángel cuando cantaba Mitski conmigo en la camioneta y estaba dos octavas por debajo de mí. Pensé “Suenas como un Matt Berninger (The National) holandés».

Sobre la canción, Bridgers cree que todos nuestros pensamientos se hacen reales:

“Si tienes miedo de algo, intentas demostrar que ha ocurrido o que va a ocurrir. Y si eres una persona triste que piensa que los mejores siempre mueren jóvenes y las malvadas multinacionales lo controlan todo, hay pruebas suficientes en el mundo de que es así. Pero si crees que hay buena gente haciendo cosas increíbles, por pequeñas que sean, y que hay belleza en medio de la oscuridad, también vas a encontrar pruebas. Y vas a ignorar los malos rollos y no dejar que afecten tu forma de ver el mundo. La canción habla de luchar contra el mal y la oscuridad en mi cabeza, y sentir que si realmente quiero algo, se hace realidad de una forma extraña y completamente diferente a la que imaginaba”.

Todo entre recuerdos al momento en que su casa de infancia ardió justo a la vez que sus padres estaban en pleno camino al divorcio.:

I grew up here, ‘til it all went up in flames
Except the notches in the door frame

Kyoto

El hit inmediato del disco es también una canción que recuerda a los momentos eufóricos de Sufjan Stevens o a la melancolía con la que Neutral Milk Hotel lanzaban sus fanfarrias.

Es una canción de músico hablando sobre su vida en las giras, algo que suele ser terriblemente aburrido pero aquí no tanto:

“Esta canción habla de estar de gira y odiarlo, y de volver a casa y odiar eso también. Siempre quiero estar donde no estoy, un sentimiento que no es particularmente especial pero es real. Con boygenius, cogimos un vuelo a última hora para tocar en un programa de late night. Suena glamuroso pero, en realidad, nos dimos una prisa tremenda para después esperar en un camerino durante horas. Yo estaba de los nervios, hablando con desconocidos. Recuerdo pensar que era increíble y espantoso al mismo tiempo. Estaba con mis amigos, pero nadie se sentía bien. Nos sentíamos afortunados y consentidos, pero no paramos de quejarnos de lo cansados que estábamos. Echo de menos la vida de la que me quejaba, algo que creo que le pasa a mucha gente. Espero que haya fiestas otra vez cuando esta mierda termine. Espero que la gente aprecie más el contacto humano. Sé que yo agradeceré las giras”.

El estribillo, los vientos ahí, ese “¡uuh! final”, qué bien todo.

Punisher

The drugstores are open all night
The only real reason I moved to the east side
I love a good place to hide in plain sight

No, no es el punisher de los cómics, es ella viéndose como una plasta (punisher) que persigue a sus ídolos. En concreto a Elliot Smith, si hubiese estado vivo cuando Phoebe Bridgers se colgó de sus canciones. Va sobre el miedo a ser pesada. Y sobre el paisaje que tan bien retrata ‘Under The Silver Lake’.

Pensándolo ahora, encajaría estupendamente en su banda sonora, con esa pátina etérea, inaprensible, que también tiene la película de David Robert Mitchell y los plastas que habitan en su minutaje:

“No sé con qué compararla. Normalmente, escribo las cosas cinco veces, pero esta fue una simple canción de homenaje desde el primer momento. Trata del barrio de Silver Lake de Los Ángeles, de la depresión, pero sobre todo de acosar a Elliott Smith con el temor de ser una ‘punisher’ (una plasta), y de que mis héroes me ignoren cuando hablo con ellos. Imagínate que estás cenando con la familia de tu mujer el día de Acción de Gracias y hay un antivacunas o alguien que ha leído alguna teoría de la conspiración. Aunque sea una persona encantadora, te habla y no se da cuenta de que has desconectado y quieres escapar. Eso es un ‘punisher’. Lo peor es cuando ocurre con un fan que es un cielo pero le tiemblan las manos y no se da cuenta de que estás a punto de subir al autobús para irte a dormir. Se tira 45 minutos hablando, pero te das cuenta de que tu reacción significa mucho para él e intentas mantener el tipo. Supongo que me aterroriza pensar que puedo ser ese tipo de persona cuando hablo con Patti Smith o alguien así. Sé que lo he sido en el pasado. Y si Elliott estuviera vivo, sobre todo porque hubiésemos sido vecinos, estoy segura de que lo habría conocido y lo habría arrinconado en el Silverlake Lounge sin tener ni puta idea de qué decirle”.

Halloween

Es Halloween y podríamos ser lo que quisiésemos, pero sólo somos una pareja aburrida en la que uno de los dos ya se ha dado cuenta:

Oh, come on, man
We can be anything
Baby, it’s Halloween
There’s a last time for everything
Oh, come on, man
We can be anything

Phoebe ha contado cómo la compuso en apenas diez minutos, en casa de un amigo junto a la que no hacían más que pasar ambulancias:

“La empecé con mi amigo Christian Lee Hutson una de las primeras veces que quedamos. Nos pasamos cinco horas hablando y diez minutos componiendo esta melodía. Habla de una relación muerta, pero no tiene un final triunfal. Simplemente estás aburrida y triste y no quieres ningún drama. Vive al lado de un hospital pediátrico y cuando estábamos escribiendo la canción se oían ambulancias sin parar y ese ruido de fondo deprimente está presente en la canción.

Para el tramo final, Bridgers tuvo que invitar a Conor Oberst. No es que quisiera hacerlo, no: es que TUVO que hacerlo.

La otra voz es de Conor Oberst. Me estaba agobiando un poco con la letra. Buscaba una última estrofa y me dijo ‘tía, siempre estás hablando del fan de los Dodgers que asesinaron, deberías meter eso’. Y pensé ‘joder, claro’. El disco de Better Oblivion me sirvió para aprender y terminé sintiéndome muy cómoda hacia la mitad del proceso. Cuando terminamos, sentí que podía enseñarle una idea terrible sin que me diera vergüenza porque sabía que me iba a ayudar. Lo mismo con boygenius. Al empezar una colaboración con gente nueva siempre estás nerviosa, pero cuando terminas piensas que sería muy fácil volver a hacerlo. El mejor concierto es el último de la gira”.

Chinese Satellite

En la mitad del disco, y tras la atmósfera casi fantasmagórica de ‘Halloween’ hubiese sido esperable un nuevo tema de subida, pero Phoebe Bridgers prefiere volver a quedarse, en apariencia, en su lado más lento. También en el más nihilista: el que mira al cielo buscando señales, respuestas o, por lo menos, un satélite chino, y no encuentra absolutamente nada:

“No tengo fe y de eso trata la canción. Tengo creencias extrañas que no vienen de ninguna parte, hago yoga y ejercicios de respiración, pero no tuve una educación religiosa y no voy más allá de eso. Me gustaría creer que los fantasmas y los extraterrestres existen, pero lo dudo. Me encanta la ciencia, creo que es lo que más puede acercarte a esas cosas.

Para Phoebe Bridgers, ésta, una canción que en su segundo tramo se asoma a la épica, es una que le trae de vuelta a la infancia, al momento en el que quedó claro que estaba todo el pescado vendido:

La canción habla del día que cumplí 11 años y no me llegó una carta de Hogwarts, de darme cuenta de que nadie me a salvar, nadie me va a despertar para decirme que era todo una broma y que en realidad es todo mucho más especial y también yo soy especial. No, voy a ser así siempre. En realidad, sigo esperando esa carta en secreto y eso también es parte de la canción. Quiero que alguien me despierte en mitad de la noche y me diga ‘ven conmigo, en realidad es totalmente distinto a cómo lo imaginabas’. Sería maravilloso”.

Moon Song

“Querer a una persona que se odia a sí misma es muy difícil y te trata como si fueras idiota y terminas sintiéndote idiota. Si te quejas, se va, pero si no te quejas y te lo guardas todo dentro, al final casi le pides que vuelva a pisotearte.”

‘Moon Song’ examina esa sensación, ese “deseo de que te pisoteen” y lo hace reflejando y recopilando algunas estampas de discusiones de pareja. Algunas de ellas ridículas, porque la mayoría de los motivos lo son. Incluso Eric Clapton o si John Lennon merece la pena:

We hate Tears In Heaven
But it’s sad that his baby died
And we fought about John Lennon
Until I cried
And then went to bed upset

Ser capaz de recitar algo como ese “no podría haberle metido la lengua hasta la garganta a alguien que te quisiera más” desde una calma y dulzura casi relajantes es uno de los motivos por los que Punisher, un disco lleno de sutiles contrastes, funciona tan bien.

Savior Complex

Está situada detrás de ‘Moon Song’ no sólo porque la secuenciación cuadraba, sino porque Phoebe Bridgers la ve como su “secuela”:

Es como cuando consigues lo que querías y terminas saliendo con una persona que se odia a sí misma. Es una de las pocas canciones que se me ocurrieron durante un sueño. Me di la vuelta en la cama en mitad de la noche y empecé a tararearla. Todavía sigo buscando la nota de voz, porque sé que existe, pero suena tan loca que da miedo. Cuando me desperté ya sabía de qué quería que tratara y la llevé al estudio. Blake Mills tocó el clarinete y fue muy divertido. Estaba ensayando en el vestíbulo de Sound City como un niño en el colegio

ICU

O I See You. El momento en el que el disco vuelve a sonar esperanzado y abiertamente épico es también un repaso a los muchos bajones en la vida de Bridgers, con versos como “llevo haciéndome la muerta toda mi vida”, y a la posibilidad de un cambio, quizás con alguno de los momentos líricos más románticos de Punisher (ese “But I feel something when I see you now / I feel something when I see you”). Curiosamente, es una canción de ruptura:

“El verso ‘I’ve been playing dead my whole life’ (llevo haciéndome la muerta toda la vida) lo tenía desde hace por lo menos cinco años. Mi depresión se manifiesta en la sensación de que soy una zombi todos los días. Es como un letargo, como una fatiga absoluta. No soy maníaca depresiva, ojalá. Me gustaría ser muy creativa cuando estoy deprimida, pero lo único que hago es mirar el teléfono ocho horas. Y después empiezas a medio enamorarte y es como una sacudida. Piensas que sería maravilloso si esa persona pudiera sacarte de ahí. La canción habla de sentirse cerca de alguien. Es sobre mi batería y nadie más. Cuando rompimos fue muy doloroso y difícil al principio. Es muy raro salir con alguien y de repente eres como una extraña. Ahora somos íntimos amigos y siempre lo seremos. Hay gente con la que sales y la relación es tan romántica que la amistad pasa a ser algo secundario, pero para nosotros nunca fue así. El elemento de amistad siempre predominó sobre todo lo demás. Empezamos un millón de proyectos juntos, escribíamos juntos desde el principio y no podíamos estar separados ni un segundo. Es horrible cuando todo eso desaparece”.

Graceland Too

La más american-folk de todo Punisher, cuatro minutos que comenzaron a crear en pleno viaje de MDMA y que vuelve a algunos de los temas sobre los que gira todo Punisher: la dificultad de querer a alguien cuando ya te cuesta quererte a ti mismo, los momentos en los que deberías ser capaz de despojarte de lo tuyo porque otro necesita tu apoyo…

En palabras de Phoebe Bridgers:

“Otra vez, querer a una persona que se odia a sí misma y es autodestructiva es lo más difícil que hay para mí. No puedes controlar a la gente, pero es difícil resistir la tentación de intentar ayudar cuando pasan por un momento difícil. La canción es una reflexión sobre eso, sobre tratar de estar junto a alguien cuando te necesita. Me gustaría ser capaz algún día de estar con gente que ha tenido problemas serios de adicción o impulsos suicidas y pasarlo bien. Quiero escribir más canciones así y espero que ocurra”.

I Know the End

Una de las canciones del año, y desde luego la que hace que todo Punisher se cierre con una sensación de cumplitud, de camino que ha merecido la pena recorrer. Casi seis minutos de subidones y la épica según san Sufjan envueltos en algunas de las imágenes más turbias de la carrera de Phoebe Bridgers, más por la yuxtaposición de todas ellas que por sus connotaciones por separado: parques oxidados, olas que arrasan la costa, mataderos y centros comerciales, máquinas tragaperras, drone del gobierno (¿o son ovnis?), casas encantadas.

The billboard said «The End Is Near”
I turned around, there was nothing there
Yeah, I guess the end is here

El inicio, en mitad de Alemania mientras dice “cómo odio esta parte de Texas” es una historia real, tal y como contó a un medio belga:

Me gusta la primera frase porque hay una historia divertida detrás de ella. Mientras girábamos con el anterior disco por Europa, nos bajamos del autobús y estaba lloviendo. Alguien de la tripulación dijo “mierda, odio esta parte de Texas» y siempre lo he recordado.

Un cierre magnífico que ella califica a la vez de “metalero” (¿?) y medio-balada:

“Aquí hay un montón de cosas que tenía en mi lista: quería gritar, quería tener una canción metalera, quería escribir sobre los viajes al norte de California conduciendo por la costa que he hecho muchas veces a lo largo de mi vida. Es una sensación muy concreta. Puede sonar como si estuviera colocada, pero ese viaje es como un purgatorio para mí porque lo he hecho en todas las etapas de mi vida. Es como si me sumergiera en un tiempo que no existe cada vez que lo hago, como si no pudiera distinguir de cuándo son los distintos recuerdos que tengo. Siempre he imaginado que escaparía del apocalipsis en un viaje eterno al norte. Es una medio balada. ¿A qué género pertenece ‘Welcome to the Black Parade’ de My Chemical Romance, por ejemplo? No es un himno exactamente, no sé. Me gusta engañar a la gente con un rollo y después cambiarlo por completo. Es algo que me gustaría hacer más”.

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