Un puñado discos de metal y aledaños recomendables que se te pueden haber pasado desapercibidos (II)

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Hola de nuevo. Tan sólo habéis tenido que esperar dos semanas para el regreso de mi sección turra con un puñado de discos para que escuchéis. ¿No os sentís afortunados?

Esta vez subo con respecto a la anterior entrega, con un total de 9 discos de diferente índole y estilo. Cada uno es responsable de cuántos de ellos quiere escuchar, pero no me hago responsable de posibles secuelas producidas tras escuchar los 9.

Bueno, al lío.

Maestus — Deliquesce

Es complicado recomendar discos que requieren tanto de ti, como es el caso del funeral doom de alta bisutería de Maestus que, cuando menos te lo esperas, te saca la vena blackmetalera y te rompe cualquier atisbo de monotonía. Es uno de esos discos que requiere estar muy in the mood, porque son cuatro canciones de diez minutos mínimo cada una, pero el que entra y se deja encandilar, encuentra recompensa. Un trabajo de maestro artesano que hila fino, llenando de detalles cada rincón del disco para que te pierdas en su inmensidad.

Glory in the Shadows — Glory in the Shadows

Un disco (bueno, más bien EP) de doom metal tan emocional que acaba difuminando las posibles barreras con géneros también densos y atmosféricos como el shoegaze, quedando como una versión bonica de unos Monolord o, incluso, de unos Godflesh. O al revés, como una versión bruta de unos Jesu. Preparaos para ser inundados por sus oleadas de guitarras.

The Moth Gatherer — Esoteric Oppression

Esta peñita de Suecia vienen a ser los herederos directos de Cult of Luna, por compartir patria y estilo. Su post-metal no sorprenderá por su inventiva -no hagáis un juego de beber con esta frase-, pero la potente garra de esta gente de Estocolmo se complementa por un delicioso uso de teclados que aportan unas melodías fabulosas a unas composiciones de por sí bastante sólidas.

Somn — The All-Devouring

La llama del blackgaze da la sensación de haberse apagado con la misma fugacidad con la que se encendió, al menos eso parece ante esfuerzos nuevos cada vez más famélicos y decepciones notorias como las que ofrecieron Deafheaven y Sylvaine (que casi parecía más un disco de Anathema). Por suerte, estos rusos parecen tener la lección aprendida de un disco como New Bermuda y ofrecen una versión más pulida, con extremos más aproximados y menos polarizados, y muy interesante. Quizá los puntos álgidos no sean tan brillantes y memorables, y es posible que el disco no acabe entre lo más destacado de 2019, pero que me aspen si no es por falta de ganas y esfuerzo.

Primitive Man / Hell — Split

Dos bandas prominentes en el doom metal más extremo y abrasivo de la actualidad se juntan para un split, más efectivo que deslumbrante, pero suficiente dosis de ambos para mantenernos enganchados de cara a las próximas referencias que saquen en el futuro. En los tres temas encontrarás suficiente para acabar así tras escucharlo:

Vanum — Ageless Fire

Vanum es uno de esos proyectos de black metal a los que siempre tenemos mucho aprecio por aquí, más que por la sensación de estar haciendo trabajos importantes o necesarios en el género, sino más bien por esa urgencia que transmiten en cada riff de “esto es lo que tienes que estar escuchando ahora mismo”. Los estadounidenses aprovechan cada segundo de sus discos para sacudirte con un metal extremo profundamente emocional, como si les fuera la vida en ello, y Ageless Fire es otra enorme muestra de ello.

Labirinto — Divino Afflante Spiritu

A riesgo de repetirme con lo que ya he soltado con The Moth Gatherer (y con casi todos los grupos del mismo palo), no estamos ante un derroche de inventiva con estos brasileños, pero en su nuevo disco logran recuperar el espíritu de los mejores Russian Circles, pero sin miedo en abrazar una oscuridad que, por momentos, los acerca a Amenra. Uno de esos discos construidos con mucha solidez y con la suficiente dosis melódica para llegar a la emoción.

Kaleikr — Heart of Lead

La enésima banda de metal extremo salida de Islandia, pero esta vez con un giro único ya apreciable desde la psicodélica portada. Nacidos de las cenizas de Draugsól (o haciendo una completa reformulación de la banda), este dúo de Reykjavík deforma su black metal con una composición más abstracta y ambiciosa, revestido con mucho metal progresivo, y dejan un álbum deslumbrante. Aparte de interesante por su ambición, Heart of Lead es un disco contundente, compuesto y tocado desde las entrañas, y posiblemente uno de los mejores que han salido estos dos últimos meses.

Ithaca — The Language of Injury

Después de un año inusitadamente bueno para el mathcore/metalcore con discos como los de Vein, The Armed o Frontierer, que viraban hacia una vena más técnica y abrumadora, resulta refrescante como Ithaca optan por tocar la tecla más emocional (al menos en comparación) y que más evoca al post-hardcore, dentro de un brutalismo superficial. Es una decisión que te puede hacer pasar sin pena ni gloria en caso de que no toques bien esa tecla, pero el revestimiento vigoroso que le aplican los londinenses hace acabar el ejercicio con nota positiva.

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