Vitalic — Voyager

El intento de volver a los orígenes


¿Os acordáis del electroclash? Yo casi que tampoco. Durante esta misma década la facturación de trabajos relevantes en este ámbito han ido decayendo, incluso en aquellos productores que venían a ser los últimos y esplendorosos estertores del estilo. Vitalic era uno de aquellos. Tras aquél buenísimo Ok Cowboy (Different, 2005), el V Live (Different, 2007) y Flashmob (Different, 2009), más los epés y temas por en medio, llegó un tropezón gordo en su carrera: el machaconismo vulgar de Rave Age (Different, 2012), acorde a las producciones de éxito de aquellos días. Consciente del bajón, Pascal Arbez ha intentado remontar el vuelo este año con Voyager (Universal, 2017).

Alzando el vuelo (pero poco)

Tras los primeros adelantos del disco, pronto se veía cómo el galo ha intentado recuperar la esencia de su sonido, ese que predicaba en sus primeros tiempos y con los que prácticamente sólo sabía sacar temas de notable para arriba (varios clásicos mediante). Es decir, ha intentado reconducir su esquema sonoro de nuevo a esas bases contundentes, emparentadas con el rock y cruzadas con recursos electrizantes y melódicos que recuerdan a Flashmob. Además de venir con algunas colaboraciones vocales de renombre, sobre todo la de Miss Kittin.

Desde luego, una jugada lógica para alzar el vuelo: vuelves a las estructuras que te reportaron más prestigio y con algunos singles de gancho comercial para asegurar el tirón. Y en ese sentido, no se puede negar el esmero para que volviéramos a dejar en bucle varias veces su disco, como pasaba hace diez años. Sin embargo, remontar le va a costar bastante, al menos para llegar a ese nivel, si es que eso es posible. Voyager se presenta ante nosotros como un trabajo más digno, ya con un sonido más familiar y propio del francés; con algún tema para quitar el hipo, varios que quedan a medio gas pero salvan la papeleta y otros que funcionarán muy bien en la radio.

El disco empieza francamente bien, con un tema que puede servir de enganche como ese ‘El Viaje’, que da la bienvenida a una temática espacial que acompañará durante casi todo el trabajo. Sus bases pegadizas marca de la casa, aguijonazos agudos y un ritmo al que es difícil resistirse. Bien. Después viene ese espíritu buenrrollero que tantos buenos momentos nos ha dado en producciones anteriores con una muy conseguida ‘Waiting for The Stars’ y culmina con ‘Levitation’, que podría ser un tema perfectamente de Flashmob. Es más, por momentos parece un refrito, y aunque es obvio de dónde viene la raíz, después del hostión del álbum anterior, volver a escuchar esto es positivo.

El proceso de reconciliación

Es una sensación que en mayor o menor medida acompaña durante todo el LP, unos beats gordos y bien marcados para enganchar y las típicas capas electrizantes a las que apela. Sigue siendo efectista, aunque la inspiración a la hora de facturar esos temas que quitan el hipo ha desaparecido. Salvo ‘Eternity’, de largo el corte del disco. Tras esa elegante intro a piano que está claro que prepara el terreno, al fin, en vez de escuchar una ordinariez casi brostep (como hacía en Rave Age) llega ese amago de resurrección electro con una tormenta que promete ser un momento álgido en directo. Este tema sí es Vitalic. Mucho Vitalic, que diría Mariano. Claro que el resto del disco no es así. Eso sería otro cantar.

El resto de Voyager, de hecho, es un compendio de temas que suenan bien como los que encontramos al principio del mismo, colaboraciones que podrían dar mucho más de sí como la de Miss Kittin, otras que huelen a sección vocal orientada extremadamente a la radiofórmula, como la de Mark Kerr y bases ultraproducidas para amarrar a los más seguidores como ‘Nozomi’. En resumidas cuentas, un regreso aceptable para reconciliarse con él, por el camino cómodo del sonido de la zona de confort para ir alzando el vuelo y unas cuantas colaboraciones que finalmente no aportan un elemento diferencial. Y lo más importante, un par de jitazos al menos. El resto, decente, tirando de los sintes de siempre y a pastar. Pero había que intentarlo.

6,8/10