El tamaño sí importa (LIX) — ‘Never Known’, de The Durutti Column

Hay cosas que necesariamente deben estar juntas, como la perseverancia y el éxito, como la niebla y la nostalgia. Después hay otras muchas que surgen porque sí y crean algo maravilloso. Como Vini Reilly y su guitarra. Como The Durutti Column.

Una guitarra y su hombre

Manchester. Año 1977. Siguiendo los pasos de otros miles de adolescentes ingleses, Vini Reilly monta una banda punk, The Nosebleeds, de la que no se conoce mucho más que el single ‘Ain’t Been To No Music School’. Poco más de un año después, Tony Wilson, fundador de Factory Records, le pide a Reilly que integre un grupo que había creado alrededor de los restos de varias bandas locales punk durante ese 1978. Y así nace The Durutti Column, que con el tiempo, después de muchas idas y venidas del resto de sus componentes, acabaría por convertirse en el proyecto personal de dos hombres, Vini Reilly y Bruce Campbell, el batería.

Su primer álbum llegaría en 1980, The return of The Durutti Column, y en él Reilly ya inventaría su propio estilo, una amalgama de texturas perfectamente interpretadas en la guitarra incluyendo elementos de jazz, folk, música clásica y rock. Su música era diferente a todo lo que cualquier otro grupo post-punk estaba haciendo en aquella época. Su segundo álbum, LC, lanzado en 1981 y autoproducido por Reilly, continuó expandiendo su paleta sonora y, grabado de manera casera en un magnetófono de cuatro pistas, se ha convertido en toda una obra maestra de la creatividad espontánea, mediante la fusión de una voz delicada, disciplina clásica, virtuosismo a la guitarra eléctrica y una perfecta intuición. El mejor disco de una banda que cuenta con más de veinte publicaciones de estudio.

Muy alejados de la parafernalia que rodeaba a la música del momento, The Durutti Column sonaban tranquilos y clásicos, ensayando una vieja fórmula que integraba a la perfección virtuosismo y sentimiento

Un halo de misterio ha envuelto siempre a The Durutti Column, los grandes olvidados del post-punk prácticamente desde sus inicios. Mientras veían cómo Joy Division acaparaban reconocimiento mundial con su música dura y gris, The Durutti Column sonaban tranquilos y clásicos, despojados de toda parafernalia y muy alejados de la prensa. Ensayando su vieja fórmula ante, eso sí, un público siempre fiel que veía en Vini Reilly la perfecta mezcla de virtuosismo y sentimiento.

Entre sintetizadores y guitarras, las canciones de LC pretendían ponerle sonido a las emociones más tristes y profundas del ser humano. The Durutti Column sonaban introvertidos, tal y como era Vini Reilly. Se atrevieron a mirar a los ojos a la muerte en ‘Sketch For Dawn I’ o en ‘The Missing Boy’ y cantaron al dolor que causa la inocencia en ‘Never Known’. Fue entonces cuando alcanzaron lo sublime. Un ritmo adictivo alrededor de los patrones repetitivos de la guitarra y la finísima voz de Vini, que tan solo necesitan acompañarse de unos sintetizadores y un poderoso crescendo para dar forma a un sonido grande y punzante. The pain is black. Directo al corazón. The pain is bright. Porque hay cosas que deberían estar siempre unidas. Don’t turn away.