El tamaño sí importa (LVI): ‘In Company of Wolves’, de Incubus

Incubus son una banda que se lo ha puesto siempre muy fácil a los haters y muy complicado a los que creemos que son mucho más que una cara bonita y un par de guitarrazos. Ya lo hacían en sus inicios, cuando se escapaban del Nu-Metal a golpe de hit en MTV y del rockalternativoaqué con coplas forracarpetas, pero su evolución artística tiene tanto de interesante como de la bien pagá y el “puñao de parné”.

Las suspicacias llegaron pronto y eran tan lógicas como el que el combo californiano explotase la imagen de ese adonis que de haberse dejado barba habría sido el primo yogurín de Andrea Pirlo. Brandon Boyd las volvía locas y su timbre vocal corroboraba ese ecosistema que a muchos hacía pensar que la banda no era más que un aspersor de efluvios y un torrente de sueños húmedos, pero más allá del baladeo y de esa composición que le dejaba siempre el balón sobre el punto de penalti para que el vocalista rematase la jugada, había un trabajo de exquisitez instrumental entre el que sobresalían Mike Eizinger, tremendo guitarrista, y José Pasillas. La opinión mayoritaria encuadraba a Incubus en la mayor comercialidad y oportunismo de la época, pero si se escarbaba un poquito era normal encontrar recompensas si tu paladar era algo más áspero de lo habitual.

Si se escarbaba un poco Incubus eran una banda que ofrecía recompensas sustanciosas, que era mucho más que esa comercialidad impostada en la que muchos la encerraba

Llegado el año 2004 Boyd y Eizinger tenían tantos billetes que no eran capaz de doblar la cartera, por lo que entendieron que había llegado el momento de ir alejándose paulatinamente del Rock de guitarras y encaminarse hacia una propuesta algo más personal y expansiva, a fin de dar espacio a unas ansias experimentales que eran vitales en ese momento sobre todo en el caso del guitarrista. La cosa salió de maravilla en A Crow Left Of The Murder (Epic Records, 2004), para mí su mejor disco, pero no tanto en el posterior Light Grenades (Epic Records, 2006), disco en el que la banda comenzó a mostrar serias muestras de cansancio. La respuesta fue un parón que se iría por encima de los cinco años.

Si no es ahora, ¿cuándo? Pues mejor nunca.

Tan cansados, tan agotados se encontraban Incubus en 2006 que cuando quisieron regresar vieron que se les había pasado el arroz. Eso es lo que pensé en su momento y lo que pretende ejemplificar el título para un álbum que nació perdido en el tiempo y muerto en el estilo.

If not Now, When? (Epic Records, 2011) llegó cuando ya nadie esperaba un disco de Incubus, cuando de tan larga que se había hecho la espera la mayoría de nosotros estábamos ya en otras cosas y no necesitábamos a los californianos. Lo peor, es que Boyd y compañía nos lo pusieron muy fácil a todos los que quisimos despedazarlos entonces, mucho más de lo que lo hicieron años antes con los que los tachaban de numetaleros cuando es lógico que eran mucho más.

Incubus se habían convertido en la autoparodia de Bono en vez de envejecer con la dignidad de Eddie Vedder

En estos cinco años Incubus se habían convertido en una banda anodina, insulsa, vieja. Se habían olvidado del riesgo que les había definido por encima de la solvente comercialidad, se habían convertido en esa banda que seguro ellos mismos habrían odiado cuando comenzaron en el mundo de la música allá por el año 1990. Incubus se habían convertido en U2 cuando el mundo les necesitaba siguiendo los pasos de Pearl Jam, y claro, su disco de entonces no resistió la mirada furibunda que muchos de nosotros posamos sobre él.

Lleno de medios tiempos, de versos bañados en almíbar y guitarras que parecían de algodón de azúcar, If not Now, When? hizo tanto daño que en este 2015 la banda ha vuelto a la actividad y nadie se ha inmutado, ha sido tan nocivo que ha provocado un reset en la memoria de gran parte del público para convertir a Incubus en una banda de muertos vivientes a la que todo dios ignora. Lo peor, que de tanta indiferencia muchos no se percataron o no quisieron percatarse de que aún así, a pesar de todo, los estadounidenses eran y son una banda bastante solvente.

Prueba de ello, quizás la única en el disco de 2011, es la interesante ‘In Company of Wolves’, canción que comienza en plan chicle de fresa y colonia chispas pero que poco a poco va derivando hacia lo que siempre he deseado que fuesen Incubus. La segunda parte de la canción transforma el relato en algo profundamente distinto sin que el malabar suponga un requiebro, aprovechando la melodía oscureciéndola, alargando unas líneas que derivan en un ambiente de nocturna psicodelia que habla de experimentos nocturnos y días que no se olvidan.

Lógicamente la canción habría quedado sepultada en tracklists como los de sus discos de 2001 o 2004, pero en el olvidable de 2011 resplandece pues se sale de la tónica demostrando que, a pesar de todo, Incubus retenían. Quizás sobrevalore el tema, pero supongo convendremos que significó un halo de esperanza, minúsculo, es cierto, en noches de oscuridad insulsa pero estremecedora.

Hoy, 5 años después, Incubus aún no se han repuesto del descalabro de entonces. Tanto daño sufieron que ni siquiera se han atrevido a lanzar disco escudándose en la tibia táctica de lanzar dos EPs para no hacer demasiado ruido.

¿Qué tal están? La verdad es que no tengo la menor idea. Puse el principio del primero esperando encontrarme algo similar a este ‘In Company of Wolves’ y me entristeció profundamente ver que en pleno 2015 Incubus pretenden salir de la crisis regresando a 1999. Algo así como la actual España. En fin.