El tamaño sí importa (XCIV): ‘Heliosphan Live’ de Aphex Twin

Quizá se nos está acabando el tiempo y no nos damos cuenta, quizá el tamaño deje de importar de aquí a algún tiempo. Por eso es necesario plantearse la necesidad de quemar los cartuchos, de salir con todo el arsenal. Y hoy (me) toca volver a los ruidos, aunque el ruido del que hablamos no tenga esas connotaciones que nos vienen a la cabeza. Hace algunos días publicaba Pitchfork una lista de los cincuenta mejores álbumes de ambient de la historia, “una música tan ignorable como interesante”, que decía Brian Eno. Como era de recibo el número 1 iba para el propio Eno, pero el 2 también estaba claro para dónde tenía que ir, para la obra maestra Selected Ambient Works Volume II (Warp, 1994) de Aphex Twin. Allí hizo lo mejor que ha hecho en el terreno ambiental, lo que se traduce en uno de los discos fundamentales del estilo, como bien han puesto en la revista inglesa.

Sin embargo, dos años antes, el genio irlandés ya había parido Selected Ambient Works 85–92 (Warp, 1992), un álbum por supuesto no tan redondo ni crucial para el género, pero en él dejó algunas de las mejores composiciones que ha hecho hasta la fecha de hoy. Poco importaba que se tratara de un disco con una mala masterización. Richard D. James había configurado un álbum de electrónica para escuchar, en tiempos en los que el ácido y las raves estaban a la orden del día y la electrónica era la directora de la orquesta, dirigida a la pista de baile. Este debut en largo del irlandés no sólo tiene algunas de sus mejores piezas, también son algunas de las mejores piezas de ambient que se han hecho en las últimas tres décadas. Una de ellas es ‘Heliosphan’.

Una canción que funciona como lanza clavada en el hemisferio derecho, una de esas melodías que son capaces de conquistar a oídos no entrenados en la electrónica. Todo gracias a la sensibilidad que rezuma el tema, a la fuerza de todas las capas superpuestas a pesar de su aparente sencillez: una percusión, unos efectos atmosféricos en las notas indicadas para erizarte el vello y un timbre que más tarde va marcando el momento clímax de esta sinfonía. En efecto, es un tema que no llega a los cinco minutos. Pero… ah, las versiones en directo. A pesar de que la colgó en soundcloud en su etapa de soltar temas a cholón con al cuenta user48736353001, esta ya andaba rulando por las entrañas de internet.

A una canción que roza la perfección poco había quizá para añadirle, pero dentro del contexto de un live, el simple aumento de la percusión, tanto en su tempo como en sus repeticiones, más las líneas ácidas que después entran y arpegian, convergen en seis minutos y medio de pura belleza. Una forma de abrirte la cabeza y viajar de la mano del irlandés, una vez más. Una versión estirada, lisérgica, que aúna la creatividad en el directo, su capacidad de improvisación y el refinado gusto para mejorar algo que parecía imposible de mejorar. Pura orfebrería melódica.