El tamaño sí importa (XXXVIII): ‘Seeplymouth’, de Volcano Choir

El mayor logro de Justin Vernon, mejor conocido por todos como Bon Iver, ha sido siempre saber dejar a un lado la preocupación de buscar un sonido que lo defina, olvidarse de las expectativas de un público e impregnar sus canciones de emoción y posibilidades inesperadas. Escuchar For Emma, Forever Ago, el álbum que lo llevó al estrellato indie, es ponerse en la piel de alguien ascético y despojado de todo lo que en algún momento consideramos imprescindible, es escuchar el producto de un hombre solitario en el medio de la nada, aislado en un cabaña con la única compañía de una guitarra. Sus canciones suenan a viento y a madera chirriante, como si hubiesen estado guardadas durante muchos años y estuviesen siendo ahora dotadas de vida.

El camino que decidió tomar Vernon tras el éxito al que le condujo For Emma, Forever Ago, fue seguir la senda de lo inesperado, como hasta entonces. Así, acompañado por los miembros de la banda de post-rock Collections of Colonies of Bees, dio vida a Volcano Choir. Una banda con la que jugaron a experimentar, mezclar, innovar. Apostaron por nuevos sonidos y combinaciones, sin pasar por alto la distintiva voz de Vernon, que en esta ocasión no relataba melancolía, pérdida, ni daño, como sí lo había hecho en sus trabajos anteriores. En Volcano Choir las palabras significan muy poco, los estribillos y los versos no se entienden como tal en las canciones de Unmap (Jagjaguwar, 2009), el que fue el primer álbum de la banda. La voz es ahí una textura, un manto que recoge y sombrea diferentes sonoridades con sílabas, frases repetitivas y falsetes, dando lugar a piezas extrañas, pero convincentes y atractivas a la vez, aunque no por su impacto emocional.

La excentricidad implacable que caracteriza Unmap se debe a su fuerza fundamental, la dificultad para imaginar cómo fueron construidos esos sonidos, dotando a Volcano Choir de originalidad y talento. Como si pudiesen evocar esos sonidos a voluntad, con tan solo pensarlos.

Y cuando todo eso se junta como lo hace en Unmap, el resultado es realmente asombroso. ‘Seeplymouth’ es uno de esos momentos, con una base instrumental casi minimalista que solo la voz de Vernon podría conducir armoniosamente hacia un final fascinante. Con un comienzo con reminiscencias de jazz, una sensación de ligereza te envuelve gracias a los repiqueteos de las guitarras. Después de un pasaje cantado por Vernon, la intensidad aumenta hasta que el bombeo de los tambores se estrella contra el lamento de las voces, en un final casi apocalíptico e insoportablemente intenso. Las repeticiones, las superposiciones sobre el sonido, los ecos y las distorsiones se entremezclan para descubrir sonidos que ya estaban ahí, pero necesitaban ser destapados. ‘Seeplymouth’ se convierte así en una persecución de ideas, pausada y confiada en su comienzo, estridente e intrigante en su final.