Entrevista a Titus Andronicus: monólogos, canciones definitivas y El mago de Oz

Como probablemente ya sabréis (porque hemos estado dando la paliza abundantemente con el tema), Titus Andronicus tienen nuevo disco (The Most Lamentable Tragedy, a la venta el 28 de julio), lo cual siempre es un gran acontecimiento para Hipersónica. Para celebrarlo iba tocando ya hablar por fin con su líder Patrick Stickles y eso es exactamente lo que hemos hecho. O al menos lo que hemos intentado, porque una entrevista con este hombre puede ser un deporte de riesgo.

Seamos justos y expliquemos el contexto: la entrevista es telefónica y Patrick se queja de un molesto retorno (se escucha a sí mismo hablar con un par de segundos de diferencia), así que propone educadamente como solución que yo haga las preguntas y luego él responda apartando el teléfono de la oreja. La idea funciona a corto plazo pero tiene un efecto bumerán: Stickles acaba dando respuestas de 20 minutos, convirtiendo lo que iba a ser una charla en una pequeña terapia, donde las preguntas son sólo un pie que le permita ir expresando en voz alta las cosas que le preocupan en este momento, hilando de forma algo caótica unas ideas con otras. El ejercicio, en todo caso, resulta interesante.

“Era importante para mí que fuéramos una banda de verdad, no una cosa cada vez más arbitraria”

El primer comentario era obligado: 29 canciones en 93 minutos parecen indicar que realmente tenía mucho que decir. “Sí, así es, y quería escapar de las restricciones habituales. No quería estar coartado por las limitaciones de los medios con los que trabajamos, por esa idea del LP convencional de 40 minutos. Es mi derecho como artista, me puedo poner todo lo recargado y tedioso que quiera”. Escuchado el disco, la primera impresión es que es algo así como un punto medio entre la cantidad de arreglos e instrumentos de The Monitor y el estilo simple y directo de Local Business. ¿Era intencionado? “Sí, totalmente. En nuestro segundo álbum había mucha ornamentación, lo cual me gusta y fue muy divertido de hacer y me llevó a descubrir formas nuevas de hacer cosas, pero había también un cierto divorcio respecto a lo que representaba la banda en la vida real, en el escenario. Yo quería representar eso también, cada vez se volvió más importante para mí que fuéramos una banda de verdad, no una cosa cada vez más arbitraria, y cuando llegó Local Business eso es lo que traté de explorar, intentar ser más inmediato, más espontáneo”. Fueron dos discos con enfoques distintos y ahora tiene problemas con ambos: uno le parece artificial y el otro, unidimensional, “así que quería hacer algo intermedio por el propio concepto de ópera rock del disco, donde el personaje principal sufre una cierta transformación a lo largo del disco, y eso nos permitió utilizar distintas técnicas de grabación para dar un estilo diferente a cada parte de la historia”.

Es un disco ambicioso, con los referentes más inesperados. “El sonido del disco aspira a transmitir los sentimientos del personaje en cada momento. Así, por ejemplo, cuando el personaje está en lo más alto, el ambiente sonoro tiene que reflejar eso, como cuando en El mago de Oz Dorothy sale del mundo en blanco y negro del principio y entra en el fascinante mundo en Technicolor de Oz”. Una idea que no es fácil de llevar al formato disco: “Es una ópera rock, pero no queríamos hacer como en los musicales, donde un personaje expresa un sentimiento en una línea, otro personaje le contesta inmediatamente y se produce un diálogo entre ellos. Eso sería muy raro, sería imposible escuchar eso y hacerse una idea mental de lo que quería expresar. Eso podría tener sentido en un escenario, pero no en un disco. Por eso el disco es en realidad una secuencia lineal de monólogos”. Escoge como ejemplos ‘Fired Up’ y ‘Dimed Out’, los cortes 11 y 12 del disco, en los que dos personajes se ponen frente al espejo: “Tenemos primero al personaje principal y luego a otro que es como su gemelo idéntico y, aunque parezcan iguales, tienen visiones opuestas del mundo: el protagonista es extremadamente negativo y pesimista y el doppelgänger es todo lo contrario”. No hay interacción, cada tema es una pieza dentro de un conjunto.

“Quería escribir siempre la versión más extrema posible de distintos tipos de canción”

Y en un disco conceptual y complejo como éste, ¿es posible disfrutar de las canciones de manera individual? “Bueno, espero que sí. En realidad lo que quería era escribir canciones que tuvieran sentido y entidad por sí solas pero que al mismo tiempo contaran con un significado más profundo cuando las interpretas juntas como un todo. En este disco la mayoría de las canciones duran 3 o 4 minutos y eso es un cambio respecto a discos anteriores, donde la canción media duraba 6–7 minutos y eso sin estribillo. Aquí la idea es que puedas coger una canción suelta y disfrutarla sin que necesariamente tengas que saber que forma parte de una idea mayor”. ¿Y cómo son esas canciones? ¿Hasta dónde llegan? “Bueno, yo lo que quería hacer con ellas era escribir algo así como canciones definitivas, ¿sabes? Quería escribir siempre la versión más extrema posible de distintos tipos de canción. Es una idea que me metió en la cabeza Jim Steinman, el tío que escribió las canciones de Meat Loaf y Bonnie Tyler. Él dice que cuando estaba trabajando en el Bat Out of Hell, quería escribir la versión más extrema de cada arquetipo de canción de rock’n’roll, como la típica canción doo-wop sobre un accidente de moto, por ejemplo, y yo quería hacer algo así”. El reto era, pues, poner ideas complejas en la forma de una canción tradicional de rock’n’roll y llevarlas al máximo: “sí, el objetivo era ‘The Boys Are Back In Town’, de Thin Lizzy, que es una de mis canciones preferidas de todos los tiempos: habla de algo de todo el mundo puede entender, todo el mundo conoce la sensación de cuando vuelven unos amigos que hace mucho que no has visto, y esa canción es la explicación más perfecta de ese sentimiento, es el himno perfecto de ese momento. A eso es a lo que yo aspiro”.

“Me sentí más como un rapero que como un rockero por la densidad verbal que tengo”

El elemento narrativo es también el que condiciona que, además de variedad de estilos, haya también una variedad de tonos en The Most Lamentable Tragedy: “Sí, la historia es la que va dictando qué tipo de canciones van apareciendo en cada momento: tenía que haber varias canciones alegres y enérgicas para los momentos en los que el personaje está feliz y decidido y tenía que haber canciones más brutales y extremas para ilustrar los momentos en los que el personaje está enfadado o triste”. Y eso, cuenta, hizo el proceso compositivo quizá más difícil pero también más rico: “a veces estaba componiendo y me salía un riff demasiado vitalista para lo que se suponía que estaba tratando de expresar en esa canción, pero inmediatamente pensaba: eh, esto lo puedo utilizar para una de las canciones alegres que tengo que escribir luego”. Y así, cuenta, todo fluyó con una libertad inesperada: “la verdad es que me resultó mucho más fácil de lo que esperaba escribir 29 canciones, sobre todo porque no empecé a escribir nada hasta no tener clara la idea que las iba a articular. Pero una vez empecé, todo fluyó de manera natural; de hecho, me sentí más como un rapero que como un rockero, más que nada por la densidad verbal que tengo y que ha quedado reflejada en el disco: muchas palabras, mucha acumulación… Eso sí, creo que me ha costado menos en esta ocasión encontrar la solución adecuada para cada tema en busca de la canción perfecta, signifique eso lo que signifique”.

Stickles comenta en varias ocasiones que le cuesta seguir el ritmo actual del mundo de la música. “Parece que a mucha gente le interesa más estar constantemente anticipando lo siguiente, lo que va después, en vez de disfrutar realmente lo que acaba de ocurrir, lo que ellos mismos acaban de escuchar. Parece que lo importante es estar siempre demostrando que eres más guay que tus colegas, que eres superior a ellos. La gente está todo el rato hablando con sus amigos de cosas que ellos aún no han escuchado. Es como si fuera un concurso: lo ven como un deporte, un juego”. E inevitablemente acaba saliendo el tema de su complicada relación con la prensa, especialmente con los medios online: “Si una entrevista tiene contenido, eso puede ayudar a que la gente entienda mejor lo que hago. Pero luego los medios tienen que producir una determinada cantidad de contenido, tienen que sacar sus titulares… Y acaban haciendo de todo, las cosas más estúpidas e inexplicables que puedas imaginar. Hay muchas cosas que se publican sólo para cubrir un ciclo de noticias de 24 horas y luego pasar al siguiente tema”. Y así, muchas de las cosas que se escriben no le gustan: “Normalmente, si la crítica de un disco tiene cinco párrafos, los cuatro primeros se dedican a explicar lo que el crítico piensa que esa banda ha hecho hasta ese momento. Es como si hubiera un concurso entre críticos para ver quién escribe el texto definitivo sobre la carrera de tal artista”.

“Hay un montón de artistas mucho mejores que nosotros que están por ahí, muriéndose de hambre en alguna esquina, así que me siento afortunado”

Da la sensación de que sacar un disco al mercado es una sensación de inmenso alivio para Patrick, que en varias ocasiones habla del laborioso proceso de creación y de la paz que le produce verlo terminado. “Llevó tres años completar este álbum, así que ahora quiero disfrutar de él, quiero presentarlo a todo el mundo, ver si el público puede establecer una conexión con él y comprobar si es algo que nos ha ayudado a continuar aquello que empezamos como banda y a seguir trabajando”. También muestra en varias ocasiones un respeto reverencial a los fans, hasta el punto de que le inspiran un sentido del deber y de la responsabilidad: “Es que hay gente que paga dinero para venir a verte, ¿sabes? Y nada me inspira más respeto que eso. En ese sentido, me siento como un diputado que representa a una circunscripción y tiene el deber de servir a sus electores”. “Llevamos ya diez años en esto”, remata, “y todavía seguimos ahí, seguimos contando con los apoyos suficientes para grabar un disco y salir de gira y la gente todavía parece interesada en lo que tengamos que decir, lo cual es raro en estos tiempos. Hay un montón de artistas mucho mejores que nosotros que están por ahí, muriéndose de hambre en alguna esquina, así que me siento afortunado”.

Y aun a riesgo de recibir una gorda, toca cerrar preguntando cuál es el siguiente paso para Titus Andronicus después de todo esto. “Bueno, lo primero es salir de gira por todo el mundo. Por desgracia, no vamos a pasar por España en principio, pero espero que podamos encontrar una fecha en algún momento porque vamos a ir a todas partes. Nuestro último disco salió en 2012, así que ha pasado ya mucho tiempo y no hemos estado en la carretera todo lo que nos habría gustado. Vamos a sacar un par de vídeos, vamos a dar unos cuantos titulares para que los medios online los podáis manipular y todas esas historias, pero tocar en directo es la prioridad ahora mismo porque el disco está terminado desde hace como cuatro meses y ya tenemos ganas. Con un poco de suerte, a la gente incluso le acabará gustando el disco y todo y hasta puede que acabe convirtiéndose en un símbolo para hipsters”. A pesar de alguna mención a sus depresiones, el líder de Titus parece estar en un buen momento vital (“Me levanto por las mañanas y no tengo otra preocupación en que pensar que mi música, vaya vida de privilegiado”) y, a pesar de que la entrevista (como el disco) haya sido finalmente una sucesión de monólogos), Stickles transmite un entusiasmo por la música que consigue que vuelvas a ponerte The Most Lamentable Tragedy al acabar y eso sólo puede ser bueno. La crítica de cinco párrafos, eso sí, la publicaremos lo antes posible, cuando no nos oiga.