Siguen siendo constantes los artistas británicos que llegan apostando por el UK Bass, ese reducto a mitad de camino entre el auge del dubstep y tiempos pasados (o no) que rememoran a retazos sonoros de épocas pasadas de baile. Un amplísimo abanico desde Ikonika hasta Pangaea, pasando por Objekt. Es prácticamente imposible seguir el ritmo de una biblioteca que cada año se expande a ritmos vertiginosos, consecuencia de la democratización de los medios electrónicos y la música en casa y de ese gusto inglés por los bajos gordos, tirar de graves y los ritmos urbanos y pisteros desde el jungle hasta los breaks o el footwork. De entre todo ese terremoto productivo, hay un chaval de Bristol aunque afincado en Londres, cómo no, que ya lleva tres epés este año y en los que se va notando ya una evolución clara, un salto adelante en comparación con los singles, EP y otras referencias de cursos pasados. Es Ashley Thomas, más conocido como Otik.

Por orden, este año ha publicado Wetlands (Intergraded, 2020), Thousand Year Stare (Gobstopper, 2020) y este mes 4CB (2020), autoeditado y publicado en su bandcamp. Ha puesto la quinta y no deja de poner en cola nuevas producciones. De hecho, el día 25 de septiembre saldrá un pequeño EP de dos temas, y a mediados de octubre otro de cinco. Si se escuchan las composiciones de Otik de hace unos años, alrededor de 2014-2015 pasarían fácilmente desapercibidas: el ritmo roto, amen breaks, un poco de ambiente y a volar. El automático fácil para empezar a enseñar el lomo, algo complicado en un país como Inglaterra donde este tipo de producciones son el pan nuestro de cada día. Sin embargo, quizá desde el curso pasado, pero sobre todo en este 2020, es donde está empezando a mostrar una material con un acabado de otro nivel, de mayor calidad, y que muestran que hay madera. Cuando parece que toma forma el ser algo más que una promesa.

Un registro que empieza a madurar

Sin olvidar esos patrones sencillos de los que abusaba hace un lustro, ahora hay una ornamentación más trabajada a su alrededor, sin el gatillo fácil del ritmo roto, y un uso equilibrado de los graves que le da profundidad a su propuesta. Es uno de los alicientes que más gusta saborear en sus platos. Además, y sin excederse, está empezando a introducir secciones vocales de otro calado, más dinámicas y evocadoras, a veces por ese toque fantasmagórico que no hace sino recordar al bueno de Burial, en otro ejemplo de la época que marcó en la pasada década. Se trata pues de una trayectoria y evolución de manual (coraza sonora más rica, uso de vocales que le dan otra perspetiva a los temas) que ya se deja ver claramente en Wetlands.

El primer tema de Wetlands ya deja entrever claramente el giro de timón empleado por Otik, ya no hay ritmos rotos, sino un esquema más tribal, tirando de congas y pequeñas ambientaciones en segunda línea, acompañadas de vocales a modo de gentío. Un cúmulo de efectos que generan una sensación más dinámica y rompedora con sus referencias pasadas, anquilosadas en el mismo patrón que no le hubieran hecho llamar la atención. Después de ese primer corte que da nombre al EP, ‘Clairvoyant‘ sigue esa línea con una percusión sin tanto protagonismo, siendo el actor principal una línea ambiental melódica. Una tónica que acompañará durante toda la referencia, que tiene su parte más interesante en los dos últimos temas, ‘Gravel‘ y ‘Whole Wide Worlds‘, con bases que puedan recordar a Special Request, como en la primera de ellas y su pegadiza atmósfera al final, y con estimulantes dejes urbanos en el segundo con la parte vocal y graves contenidos de fondo. No es una gran publicación, pero sí un buen EP.

En esa estela sigue Thousand Year Stare, de abril, en la que ya se nota claramente que este Otik ya es otro. Ha perfilado mejor el tiro y es una propueta más clara y madura, alejada del automático y centrada en explorar las texturas y la profundidad en los temas. En el tramo medio flojea algo más la inspiración de los temas, con algún estertor de sus inicios, pero ese primer ‘Thousand Year Stare’, más evocador con hipnóticos loops y ese ‘Means Nothing‘ más tribal y estimulante en su superficie, a lo Dj Python, acaban por dejar buen sabor de boca. Y para los que buscan más zapatilla y un sonido más sucio, con esa influencia de compatriotas como el Zomby más macarra, ahí está ‘Antihero‘.

El EP de inflexión

Siendo estos dos buenos epés, especialmente notable el primero y decente el segundo, la cosa ya se pone más seria en 4CB, publicado este mismo mes de septiembre. Se trata de la mejor publicación que ha hecho hasta la fecha, con muchas más aristas que el resto, más trabajado, con más texturas y con un acabado productivo de mayor enjundia. Curiosamente en el primero de este año que lanza fuera de algún sello. Quizá por esa libertad de ataduras, y porque está en un periodo en el que está redefiniendo su sonido, aquí ya hay una elegancia notoria en ‘4CB‘, en la que se palpa una mayor soltura a la hora de recurrir a los efectos y combinar vocales femeninos y masculinos hiphopero, una fórmula sencilla pero frecuentemente ganadora. Si ahí hay esperanzadores detalles, en ‘Long Time No See‘, el segundo corte, el salto es cualitativo. Texturas bien trabajadas, amagando el pequeño subidón, aguantando los agudos que van arropándose con otras pistas, para que después entre como Dios la parte vocal, el ritmo roto característico inglés y que luego va difuminándose en buenos detalles en segundas capas.

Pero ah, ese momento en el que a uno se le cae la baba viene con ‘What More Would It Show‘. Una línea de bajo señorial, con una gran sección vocal filtrada que junto a un ambiente suave tiene ciertas reminiscencias burialísticas del future garage. Un tema en el que se empiezan a ver resultados de muy buena factura y de calidad. Otra historia. Evolución. Después hay buenas canciones y juegos diversos con las atmósferas, pero después de ese tercer corte, ahí está lo importante de Otik y la indudable trayectoria ascendente que ha cogido. Un chaval al que seguir la pista, y no será difícil, ya que mañana mismo publicará un sencillo con dos temas, Amor/Seasonal FX del que ya se puede escuchar uno, que suena francamente bien, y en octubre llega otro EP, el cuarto de este año, Zero​-​Sum Game EP (Shall Not Fade, 2020). Es curioso cómo parece haber sido tocado por una varita mágica este año, una arquitectura sonora más seria en todos los sentidos y en la que cada referencia muestra una pequeña evolución, un pasito para seguir dando forma a su sonido. Ha cogido la velocidad crucero, y de momento con muy buena pinta.

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