Fuera de los discos de renombre del ambient internacional de hoy, 2020 ha sido una cosecha muy pero que muy prolífica, para ello, la pequeña muestra de 5 discos que habían salido durante el verano. Un género que cada vez está ganando más terreno y adeptos, y eso se nota con nuevas propuestas que llegan en consonancia. De cara a este final de curso musical que ya llega, seguimos repasando algunos de esos álbumes que quizá no han hecho mucho ruido, pero que para la parroquia de la erosión, las progresiones y las atmósferas pueden ser de mucho interés. Ambient es la premisa, pero metemos en el pack otros subestilos relacionados o emparentados, cosas modulares y progresivas.

Brian Eno, Roger Eno – Mixing Colours

No vamos ahora a descubrir a Brian Eno, quizá en todo caso a su hermano Roger, que también tiene una dilatada trayectoria, aunque obviamente incomparable con la de su hermano. Sea como fuere, publicaron una colaboración en marzo, Mixing Colours (Deutsche Gramophon, 2020), un bonito disco de ambientación minimalista, sin grandes pretensiones. Un álbum que quizá por salir durante el confinamiento, servía como buena válvula de escape y respuesta al histrionismo mediático y de las redes sociales. Es un disco lento, sobre todo esculpido a base de piano, con algunos aderezos de viento. Con sus momentos de frágil belleza y de ambientaicones tenues, es sin duda un disco ideal para desconectar de todo. Música como respuesta y como antídoto. Con acabados sencillos y preciosistas como los de ‘Dark Sienna‘. Un verdadero refugio.

Alva Noto – Xerrox vol.4

Era uno de los trabajos esperados de este año sin duda, la nuevo edición de la saga Xerrox del imprescindible Noto. Un largo que no llega a las virtudes de Unieqav (Noton, 2018) y que en ese sentido deja un poco con los dientes largos. Aunque la calidad del disco está fuera de toda duda, está justificado esperar algo más de intensidad. Si bien es cierto que en los Xerrox Noto ha optado más por aplicar íntegramente un postulado ambiental, sin la arista techno de sus otros trabajos, en este volumen 4 se sigue ahondando en esa capacidad del alemán para transportarte a otros lugares, con melodías ambientales en las que trabaja quirúrgicamente en los detalles de fondo, como muestran las piezas evocadoras ‘Xerrox Neige‘ o ‘Xerrox Îlle‘. Detalles muy secundarios bañados en sensaciones oníricas antes las que tan solo queda rendirse. En esa línea, como todo trabajo de estas características que se precie, hay reminiscencias solitarias y algo nostálgicas que tienen sus momentos en ‘Voyage‘. De cara al final hay secciones que parece que pueden ir a algo más como ‘Sans Retour‘, pero nunca pasa de las atmósferas minimalistas. Un trabajo del que quizá por las buenas sensaciones de los últimos lanzamientos se esperaba más, aunque es sin duda un decente LP con el que deja intacta su huella.

Siavash Amini – A Mimesis of Nothingness

Precisamente, si hay algo que le sobra a lo nuevo de Siavash Amini son las diferentes texturas sonoras que se atraviesan conforme se va avanzando en A Mimesis of Nothingness (Hallow Ground, 2020). Después de otro buen largo colaborativo con Saåad en uno de los sellos ambientales por excelencia, Opal, el iraní ha construido aquí su fuerte. Una fortaleza de ambientes opresivos, de drones que evocan salas de máquinas a pleno rendimiento, que conjuga también con sampleos y grabaciones de campo como ‘Moonless Garden‘, con una gran evolución que culmina con capas de imaginería emotiva y espacial. Reencontrarse de nuevo con esos ambientes siderales, con el vacío. Frente a progresiones más lineales que simplemente aumentan la intensidad, Amini cambia el modus operandi para que ese acumulado de fuerza evolucione por otros derroteros, como las estridencias industriales de ‘Observance (Shadow)‘. Pequeños hitos muy interesantes dentro de un álbum con mucha miga y que tiene su punto de máximo esplendor en ‘A Collective Floundering‘, transportando de nuevo a esos parajes estrechos que acongojan y que mientras su fuerza se despliega hilan unas melodías secuenciales de fondo que generan casi una atmósfera drone que es pura absorción.

Rødhåd – Mood

Antes de meterse con su compatriota Vril en Out of Place Artefacts (WSNWG, 2020), Rodhad publicó en mayo también en su sello Mood (WSWNG, 2020), un disco que se adentra en su paleta sonora dejando de lado su portentoso techno por el que se le conocía. Y su salto al ambiental ha sido sorprendente. Cogiendo de raíz ese ímpetu del que venía su techno, lo ha desplegado en un álbum de atmósferas sobrecargadas, de las que van estrangulando poco a poco, como muestra el corte inicial, ‘A Huge Plume of Ash Rose From a Volcano‘. Un aperitivo que luego va perforando tu oído con piezas que están a mitad de camino entre el drone y el dark ambient, temas de mucha sonoridad como ‘Flying Between the Clusters of Trees Buoayant, Floating Wing Beats‘ o que descansan sobre tamices más escapistas como el de ‘Like Sleepwalkers Ghosting Through a Dreamscape‘. Un álbum muy trabajado que juega bastante con las frecuencias, de hecho muchas de sus canciones orbitan en torno a estas, que son el hilo vertebrador de este su segundo LP. Un disco muy largo, para tomárselo con calma y caer preso en su magnetismo, puesto que nunca baja el pistón para hacer un ambient suavecito. Solo hay tensión, descargas eléctricas y pulsiones hipnóticas, como demuestra ‘No Forms to Fill Out, No Instant Check, No Waiting Period‘. También hay, sobre todo en la segunda mitad, cierto músculo techno que le mete algo más de ritmo a unas frecuencias que sobre todo en los primeros temas van a degüello a por tus tímpanos.

Oliver Coates – skins n slime

No se puede etiquetar fácilmente al multiinstrumentista Oliver Coates. Después de un gran Shelley’s on Zenn-la (Rvng, 2018), entre lo progresivo, lo ambiental y la IDM, su nuevo trabajo no es tan elocuente en el resultado, dada la ambivalencia de su largo de 2018, pero es como mínimo una obra igual de interesante. Su incursión en las secciones de cuerda y el minimalismo, todo ello desde un punto de vista electroacústico con el que desplegar su energía y capas sonoras superpuestas, arrojan un resultado de matices y pistas de gran grosor como las de ‘Butoh Baby‘. Temas que rememoran sus tiempos de músico de cámara a los que ha enchufado eléctricamente para firmar joyitas como la mencionada. Es cierto que es un álbum con un punto de experimentación importante, investigando en dieferentes coordenadas sonoras a lo ya realizado, por lo que si venías buscando aquello, te darás con un canto en los dientes. Pero por contra, tiene ese toque de ruido de cuerdas, de capas de sonido intenso con una base muy clasicista.

Merrin Karras – Northwest Passage

Con su segundo largo, el irlandés sigue la estela de la electrónica progresiva que va desplegando poco a poco en Northwest Passage (A Strangely Isolated Place, 2020), un disco que va de menos a más, mostrando sus cartas por goteo, sin llegar a unas cotas de mucha turbulencia, pero sí manteniendo buenos picos de intensidad con un ambient contenido que no llega al drone. Durante el transcurso del álbum, Karras enseña la patita con correctas ambientaciones (‘Passage‘) y esas secuencias progresivas (‘Meridian‘) que son un caramelito para los acérrimos del estilo. También hay, cómo no, simbiosis entre ambas patas en temas tan satisfactoriso como el de cierre, ‘Dominions‘, donde la estructura secuencial se mantiene mientras las capas erosivas evocan y corroen.

Craven Faults – Erratics & Unconformities

Siguiendo con el hilo progresivo, este 2020 ha sido el año del debut de Craven Faults, proyecto británico que recoge toda esa influencia y también ciertos estertores del kraut rock. Aunque el suyo es un proyecto eminentemente electrónico. De los de temas de gran minutaje a los que subirse y quedarse en ellos toda la tarde. Desarrollos que se van casi a los veinte minutos y que recogen parte de la Escuela de Berlín, pero también tienen muy satisfactorias construcciones entre las distintas capas secuenciales de temas como el que abre su debut, ‘Vacca Wall‘. Acto seguido el álbum irá por derroteros más clasicotes, con cantidad de referencias clásicas identificables como ese olor kraftwerkiano de ‘Cupola Smelt Mill‘. Un interesante primer largo, hipnótico, como procede, que puede tener buen potencial si introducen pequeños cambios de guión para no dejar el sonido tan estático, sobre todo en el final del disco.

Alessandro Cortini – Spettri

Un año fastidioso que se va, y que ha sido especialmente productivo para aquellos que viven con maquinitas y cacharrería analógica. Cómo no, el italiano Cortini es uno de ellos, que durante estos meses, al igual que otros como John Beltram como decíamos el otro día, han aprovechado para sacar a la luz diversas referencias. En ese sentido, el italiano no ha parado. Además de lo suyo con Daniel Avery, ha estado toqueteando sus sintetizadores modulares Buchla y publicando sus primeros flirteos con estos sintetizadores. Durante estos meses nos ha arollado con álbumes en su bandcamp como Movimento, Emosfere o Spettri. Cada uno algo más diferente del otro, más Cortini habitual de sellos, más experimentación, y otros como Spettri, quizá el que más ha gustado especialmente, porque aúna como siempre, esa capacidad especial para tejer ambientaciones muy emotivas —que nos lo digan después de VOLUME MASSIMO (Mute, 2019)—, con distintas fórmulas para jugar con el sonido analógico, con capas secundarias que añaden pequeños detalles que le dan ese plus al tema. Y sí, obviamente no podíamos dejar de hablar de ambient anual sin el prolífico Cortini. Vaya años llevas, fenómeno.

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