El pasado 14 de marzo fallecía Genesis P-Orridge a causa de una leucemia que se le diagnosticó en 2017. Tenía 70 años. Con una trayectoria artística extensísima, se va una figura no solo referente en el ámbito industrial y experimental por los proyectos de este corte en los que creó y participó, sino que representa en toda su literalidad lo que se entiende por transgresión. En una época en la que se tiende (tendemos) tanto al uso gratuito de algunos términos, ayudando a vaciarlos de contenido, y en el ámbito cultural y musical, hablar de ‘transgresión’ o ‘pioneros’ a veces es demasiado gratuito, Genesis P-Orridge, nacida —en este caso, nacido— como Neil Andrew Megson en 1950, fue transgresora en el más radical de los sentidos. Tanto en lo personal como en lo musical.

Con un interés desde bien joven por el ocultismo, la religión y la sexualidad, la combinación de todo ello, junto a la influencia del líder esotérico Aleister Crowley, germinó en COUM Transmissions, proyecto que empezó en 1969 y que a la postre sería el germen de los seminales Throbbing Gristle. Si bien durante la anterior década se han editado archivos musicales suyos a modo de disco, lo que hay de su época son generalmente grabaciones de las performances del amplio elenco de miembros que formaron parte del proyecto hasta 1976. Entre ellos, aún en activo Cosey Fanni Tutti o el ya fallecido Peter Christopherson.

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Prostitution en el ICA de Londres

Con formatos audiovisuales —inspirados en el movimiento Fluxus— o sobre todo representaciones en espacios públicos, su intención siempre fue la de llevar al espectador y a la sociedad británica al límite, con performances en las que se cruzaba el spoken word, la electroacústica y por supuesto, la violencia, espectáculos pornográficos que se iban a lo gore y que acababan en ocasiones en vómitos por intentar llevar también sus cuerpos al límite. Una trituradora pasada de rosca si se compara con el proyecto de Warhol con Exploding Plastic Inevitable y la Velvet Underground años antes. Desde las heces, la orina, las automutilaciones, juguetes sadomaso u objetos punzantes, no había nada que no fuera susceptible de ser usado en su propuesta. De una iniciativa que iba a estar más enfocada a lo teatral, el interés de Orridge por cagarse en los patrones de conducta establecidos y la experiencia de Fanni Tutti como stripper, sumado a la carga sexual que supuso la entrada de Christopherson, viraron hacia improvisaciones en las que los límites del arte se podían hacer difusos, dependiendo de la resistencia de cada uno. Decir que era controvertido se queda corto. E insuficiente.

Eran actuaciones muchas veces improvisadas que cumplieron su cometido, romper con tradiciones culturales y conmocionar a la opinión pública. Todo llevado al extremo y atacando los cimientos de la sociedad inglesa. Rompieron muchos esquemas, incluso los del punk como abanderados de la rebeldía y antisistemas, escandalizando sin necesidad de tocar ningún acorde. Fue en la última etapa entró el brillante Chris Carter con sus sintetizadores para poner algo más de relativa melodía. Entre sus actuaciones más célebres, o las que más impacto causaron, el espectáculo ‘Prostitution‘, en el  Instituto de Arte Contemporáneo de Londres en octubre de 1976, con fotos de Cosey como modelo de revistas y películas porno, explorando el potencial de los medios de masas y el deseo del cuerpo femenino. No tardó en generar críticas de la prensa y algún diputado conservador:

Un ultraje repugnante. Obsceno. Malvado. El dinero público se está desperdiciando aquí para destruir la moralidad de nuestra sociedad. ¡Estas personas son destructores de la civilización!

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De COUM Transmissions a Throbbing Gristle

COUM Transmissions había cumplido su cometido. Desafiar con las agitaciones artísticas ideológicas de Genesis y los suyos de la forma más radical posible. Generando reflexión, o más bien, atacando todo un sistema de valores que escandalizaba a las más altas esferas. Todo un logro por parte de un grupo de gente que estaba en los márgenes, con una militancia trans de Genesis que había empezado a finales de los 60s. Algo totalmente avanzado a su época y que rompió moldes, además de abrir una brecha sobre esta cuestión en sociedades donde era inimaginable. Al tiempo, durante los últimos años del transgresor proyecto, con la entrada de Carter, poco a poco fue tomando forma los hoy aclamados y entonces seminales Throbbing Gristle, que supusieron la expresión musical de esa coraza ideológica y agitativa.

«Una música industrial para un pueblo industrial»

Con esas, Genesis, Cosey, Peter y Chris se encerraron en el sótano de una fábrica para centrarse en ese nuevo ente, el Cartílago Palpitante, que dio como resultado la cinta Music From the Death Factory (Reflection, 1976). El nuevo proyecto se presentó en escena precisamente en la inauguración de Prostitution para ponerle música. Un año después llegaría su primer disco como tal, The Second Annual Report (Industrial Records, 1977) en su sello en el que publicarían sus creaciones. Con una estética pseudofascista, de nuevo la propuesta volvía a ser inquietante y perturbadora sobre el escenario, aunque sin los espectáculos de COUM. Con una luz blanca apuntaban a su público, ocultándose, para descargar sobre los presentes ese ensamblaje industrial y regio, con un sonido gobernado por máquinas para una época de despidos masivos en las fábricas inglesas. Algo crudo, con una imaginería y concepción musical que venía determinada por el contexto social y las condiciones materiales de miles de jóvenes. Industria en decadencia que ellos tradujeron como nadie hasta entonces —algunos años después, en Detroit, alguien volvería a utilizar esto como inspiración y válvula de escape ante la falta de oportunidades—.

En posteriores trabajos como D.o.A: The Third and Final Report of Throbbing Gristle (1978) llegarían ya composiciones más ortodoxas, cogiendo mucho con pinzas ese ‘ortodoxas’. Livianos atisbos de melodía, líneas de sintes cortantes y experimentaciones de capas y capas de sonido abrasivo para seguir abordando temas mortuorios, sanguinolentos o sexuales. En 1979 llega 20 Jazz Funk Greats, su trabajo más accesible, en el que combinan ya esas líneas frías que abren toda una puerta al minimal synth y toda sus subcorrientes emparentadas como la cold wave, y con temas más abiertos, aunque tímidamente, al pop, con la sugestiva voz de Cosey. En ‘Hot on Heels of Love‘ está el claro ejemplo de ese lógico desarrollo. Una cara que contrastaba con las voces de Genesis y su atmósfera sórdida. Una tónica que seguiría en sus últimos discos en directo hasta la disolución de la formación en 1981: «la misión ha terminado».

Cosey Fanni Tutti, que salía con Genesis P-Orridge, acabó haciéndolo con Chris Carter. Aquello supuso una división en los caminos (hasta 2004, donde lo rescataron para darle sepultura en 2009): por una parte Chris and Cosey y por otra Psychic TV, con Genesis y Peter Christopherson. En cualquier caso, un pequeño pero productivo periodo de vida en el que abrieron el abanico industrial que nadie había hecho, y poco tardarían en llegar proyectos similares en concepto y sonido como los yugoslavos (y ahora eslovenos) Laibach. Una carrera repleta de vanguardia, estructuras extremas y límites incómodos que pusieron y siguen poniendo al oyente contra las cuerdas.

El proyecto más longevo y diverso: del synth pop al industrial

Con el periodo de Psychic TV —del que a su vez surgirían Coil o Current 93—, con su primer disco en 1982, Themes (Some Bizzare, 1982) Genesis y Christopherson al igual que con COUM Transmissions, volvieron a contar con cantidad de artistas durante su etapa en activo, con una veintena de nombres. Fue el último gran proyecto de Orridge y el más corriente, y que estuvo activo hasta 2016. Durante los casi cuarenta años de vida, Psychic TV hicieron de todo, desde unos inicios ya en su debut más orientados a la experimentación y el minimalismo, hasta pasajes más netamente ochenteros con sintetizadores típicos de la época, y en consonancia con todo el auge del ácido que tenía lugar en el Madchester. Ahí queda de recuerdo el Tekno Acid Beat (Temple, 1988). En común, una vez más profundizando en cuestiones sociales polémicas y en lo que toca a Genesis, hablando mucho de género y sexualidad, como queda patente en gran parte del artwork de estos discos.

No obstante, su evolución sonora con Psychic Television no fue lineal. Después de una fase más eminentemente ochentera, en los 90s volvieron a tocar la parte experimental que había tenido peso en su primer periodo, con el anguloso Cathedral Engine (1994) o el lisérgico Trip Reset (1996). Fue su último trabajo antes de volver en la década siguiente con Hell Is Invisible…Heaven Is Her/e (Sweet Nothing, 2007), con un nuevo giro de guión, o mejor dicho, reforzado en su parte de guitarras y relativo garaje y psicodelia que les siguió hasta su último trabajo en 2016. Así pues, una intrincada carrera la de este último proyecto, con numerosas facetas, desde el post-punk hasta el synth pop, pasando por lo experimental y la psicodelia, y apegadas al momento musical, aunque no siempre. Una vasta carrera musical la de Genesis, que compaginó en lo personal desde los 90s con Breyer P-Orridge, un proyecto pandrógino con su pareja Jaqueline Breyer en la que modificaron su cuerpo para parecer casi gemelas y representar un mismo ser.

El rastro en España

Por último, como apéndice y siguiendo con Psychic TV, Genesis P-Orridge y su grupo visitaron La Edad de Oro de Paloma Chamorro en octubre de 1984, en aquella España de la Movida, laca y hombreras, donde José Miguel López (hoy y desde hace 25 años en Discópolis de RNE 3) acertaba en aquello de «esto va más de ruidos que de música». Y más que de ruidos —que también, pero con un sentido, no porque sí—, de discurso. Recién salidos de la dictadura, Orridge había venido al Madrid guay de Tierno Galván a desplegar ese discurso heterodoxo y mostrar un personaje incómodo de entrevistar —o tocar ciertas partes de José Miguel López—, que a Chamorro se le escapaba; a cuestionar aspectos más allá de lo sonoro. «Quiero follarme a todo el público», a lo que ella dijo que no podía, pero le respondió «Acabamos de hacerlo, creo», señalaba certeramente después de un recital de experimentación y posos industriales (concierto entero más la entrevista), lejos de la música hegemónica en el país en aquellos años. «Si no han tenido un orgasmo, les han educado de una forma errónea». Una invitación, como la propia entrevista, a desafiar a telespectadores en este caso y a salir de los márgenes. Hoy ya historia de la televisión española.

Para acabar, y ya que estamos de homenajes, esa trayectoria rupturista y nueva, muchas veces incomprendida, no solo tuvo su poso en formaciones de todo el mundo y artistas que han estado viviendo en postulados industriales, también fue decisivo para proyectos emblemáticos y realmente pioneros en nuestro país como Esplendor Geométrico. Además del sonido, hay otras similitudes que saltan a la vista también en la actitud. Cualquiera que haya visto a Arturo Lanz en directo verá esa forma de Genesis de comerse el escenario y el micro en vídeos viejos de Throbbing Gristle, desgañitándose desde las vísceras y quebrando cualquier forma normal de entender el arte desde un escenario. El medio era el mensaje, con esa actitud de comunicar y agitar al otro, con el cómo al mismo nivel de importancia o más que el qué. La propia Genesis aparece en el indispensable documental Geometría del Esplendor sobre la formación madrileña, hablando de esa actitud y de cómo suplían esas carencias técnicas.

En resumidas cuentas, una gran pérdida para la música y cultura contemporáneas. Genesis P-Orridge participó en varios de los proyectos más transgresores recientes que se recuerdan, una de las artistas más radicales del panorama británico. De hecho, tuvo que ‘exiliarse’ a EEUU bajo amenaza de arresto en Inglaterra por poseer material obsceno. Y desde allí se empezó un crowdfunding cuando se descubrió su leucemia para poder compatibilizar su existencia con el tratamiento. En fin, una vida repleta de vivencias personales y musicales, activa hasta que pudo y participando con gente como Blanck Mass. Después de todo ese ideario agitativo, cuestionando normas, patrones y conductas sociales, escandalizando a las más altas instancias, cualquier cosa que se denomine ‘transgresora’ deberá revisarse para ver cuán acertado es el término. Irrepetible.