La banda de Atlanta ha logrado hacerse aún más imprescindible


Algiers no es uno de los discos del año: es uno de los acontecimientos del año

Así de rotundo sonó mi compañero Mohorte hace tan sólo un par de años cuando hablaba del debut homónimo de Algiers. Y no exageró lo más mínimo. Su trabajo no era sólo uno de los esfuerzos más revolucionarios e interesantes musicalmente hablando de aquel año, era una llamada al alzamiento, una reivindicación apasionada de las raíces culturales y la revitalización de un estilo más en alza que nunca: la canción protesta.

En estos convulsos y locos tiempos de Donald Trump y el resurgimiento del nacionalismo mal denominado “alt-right”, era inevitable que termináramos viendo su influencia en la cultura pop que consumimos diariamente. Cierto es que no todo el cine, literatura, música o cualquier otra manifestación artística de nuestra preferencia va a estar teñido con ese toque político o de protesta, aunque sea de forma más ligera, pero sí que es cierto que la llegada de Trump ha cambiado la forma en la que apreciamos el arte en 2017 (sobre todo los que nos dedicamos al análisis de dicho arte). Como decía Alissa Wilkinson de Vox.com, el tinte político-crítico en la cultura siempre ha estado ahí, pero la era Trump no iba a pasar inadvertida para los críticos culturales.

Aunque en 2017 hasta Depeche Mode hayan sacado su disco anti-Trump, el aspecto político y reivindicativo de la música de Algiers no busca poner específicamente el foco en él. En su última obra de estudio figura ‘Cleveland’, un lamento ante la muerte injustificada de personas afroamericanas en manos de unas instituciones que, lejos de protegerlas, les ponen una diana en la espalda. Algiers. y especialmente su frontman Franklin James Fisher, comprenden que el enemigo no está sólo en una persona, sino que deben apuntar el sistema.

Sin embargo, no es casual que, cuando más encendida está la protesta y la crítica política, más incendiaria y furiosa suene la música de los de Atlanta. The Underside of Power (Matador Records, 2017) lleva más al límite los extremos tocados en su debut y transmite una mayor sensación de urgencia y de intensidad desbocada que, sin duda, marca un progreso necesario para una banda en su segundo disco, y más para una que parece destinada a marcar una época tras entregar un debut tan sorprendente.

Que los primeros compases sean los del bombardeo de intensidad de ‘Walk Like a Panther’ marca mucho las pautas del trabajo, además de fortalecer las señas de identidad del grupo. Ya en su primer trabajo sonaban a algo más que una mezcolanza de influencias, casi tenían marcado un sonido propio. Aquí logran enriquecer ese “sonido Algiers” y lo hacen incluso más identificable.

Pero no es lo único que se nota el progreso y avance de la banda, que desde la propia exhibición de su frontman Fisher, mucho más contundente y fascinante si cabe, hasta la acumulación de jitazos como ‘Cry of the Martyrs’, el tema que da título a la obra, ‘Animals’ o ‘The Cycle/The Spiral: Time to Go Down Slowly’, muestra que este segundo disco ha sido capaz de lo imposible: mejorar a su debut y, de paso, hacer aún más imprescindibles a Algiers como banda.

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