Pocas franquicias hay tan fascinantes como la que ha sido Alien. Y no ya sólo porque tenga dos películas que son indudables obras maestras, sino porque el resto de las que componen la saga varia en apreciación según a quién le preguntes. La cantidad de giros de rumbo, la cantidad de directores emblemáticos que han puesto (o intentando poner) su sello, y las diferentes versiones o montajes que han tenido cada una de las películas hace esta una de las franquicias más dignas de estudio.

En realidad, se podría escribir un libro entero sobre Alien y su evolución. Muchos podrían argumentar que no ha hecho sino de ir a peor con cada paso, y al mismo tiempo muchos podrían decir que muchas de estas películas están criminalmente infravaloradas. Esto es muestra de que este vaivén estilístico tiene una recepción desigual pero es justo la que la hace tan fascinante. Por eso vamos a pasar por todas, exceptuando las películas de Alien vs Predator, que se merecen su mención aparte.

Los orígenes

Tras haber terminado de hacer Estrella oscura en 1974 con John Carpenter, el guionista Dan O’Bannon quería desarrollar otro film de ciencia ficción con más orientación hacia el terror, además de hacer “un alien que pareciera real”. Junto con Ronald Shusett (con quien más tarde escribiría Desafío Total), fueron trabajando en el concepto de “caza de aliens a través de una nave espacial”, incluso tomando de un guion de O’Bannon sobre unos gremlims destrozando por dentro un bombardero de la Segunda Guerra Mundial (llamado, apropiadamente, Gremlins. Se rompió la cabeza).

Con un guion de título Star Beast, que luego pasó a llamarse Alien tras darse cuenta del número de veces que se mencionaba en el borrador (de nuevo, se rompió la cabeza), fue vendido a la productora de Walter Hill y David Giler, que estaba asociada con 20th Century Fox por aquel entonces. A pesar de las bajas expectativas presupuestarias por parte de los guionistas, el estudio decidió invertir una buena suma a raíz del éxito de Star Wars y notando un potencial nicho de mercado en la ciencia ficción espacial.

Parte 1: Bestia de las estrellas

Hill y Giler cogieron el guion y comenzaron a hacer numerosas reescrituras, para temor de O’Bannon y Shusett que desconfiaban de la falta de experiencia de ambos en la ciencia ficción y temían que fueran echados de la producción. No obstante, entre sus aportaciones estuvieron elementos a la larga fundamentales, como la introducción de un androide en la tripulación de la nave, recortando secuencias en el planeta alienígena y desarrollando diálogos más naturales para una serie de personajes menos técnicos y más obreros corrientes.

Aunque Fox quería a Walter Hill para dirigirla, este lo rechazó al no sentirse seguro de manejar correctamente todos los efectos especiales que iba a requerir la película. En su lugar, propuso a un joven Ridley Scott, que venía de una importante experiencia haciendo anuncios y tras debutar en el cine con Los duelistas. El director británico aceptó sin dudar el encargo, lanzándose a elaborar una serie de detallados storyboards sobre cómo iba a narrar la historia y cómo iban a ser los diseños de la nave y los trajes espaciales. El estudio quedó tan impresionado con estos storyboards que duplicó el presupuesto para poder recrearlos apropiadamente.

No obstante, a pesar de que Fox quería algo más parecido a una fantasía espacial, Scott se mostraba más inclinado al enfoque de terror que proponía originalmente O’Bannon en el guion. Más tarde describiría su idea como “La matanza de Texas de la ciencia ficción”. Por eso mismo el diseño de la criatura resultaba esencial, y era la mayor preocupación del director al diseñar visualmente la película. O’Bannon salvó la situación presentándole al artista H. R. Giger, con quien había trabajado en el frustrado proyecto de Dune de Alejandro Jodorowsky, y presentó su pintura Necronom IV, que serviría de plantilla para el diseño final del Alien. Aunque el estudio lo consideraba demasiado aterrador, Scott sabía que había solucionado el mayor problema que se le iba a presentar en la película.

El segundo mayor problema era conseguir un reparto que sosteniese la parte humana de la historia. Scott apostó por una serie de actores poco conocidos pero con una presencia fuerte y que tomasen fácilmente las riendas de los personajes para poder centrase en los aspectos visuales. Se apostó también por un reparto diverso gracias a las notas del guion de O’Bannon, que había escrito los personajes lo bastante genéricos y añadió la aclaración de que “la tripulación es unisex y todos los papeles son intercambiables por hombres y mujeres”. Imaginaos los indignaditos que saldrían ahora por hacer lo mismo justo ahora, quejándose de la diversidad forzada de meter a dos mujeres y un afroamericano.

En ese aspecto, volvieron a clavarlo. Con una serie de actores de carácter que luego tendrían una sólida carrera y encontrando un diamante en bruto en Sigourney Weaver como actriz protagonista, el reparto logra vender esa sensación de un equipo de camioneros en el espacio, haciéndolos especialmente humanos y haciendo más pasables los deslices o fallos humanos que muchos rápidamente acuden a señalar como “agujeros de guion” [sic].

Pero, de nuevo, la mayor clave fue la fuerte presencia de Ridley Scott. Su confianza como cineasta le permite recrearse en la atmósfera y en un ritmo pausado que ayuda a incrementar la tensión a lo largo de la película, poniendo un enorme esfuerzo en el tratamiento visual de la película y en unos efectos que resultasen prácticos y táctiles que siguen resultando impactantes a día de hoy. Su increíble visión es la que permite que secuencias como la celebrada escena del revientapechos hoy sean imborrables de la memoria colectiva. Su confianza es la que permitió convencer al estudio de añadir más dinero al presupuesto para poder rodar un adicional cuarto acto en el que la teniente Ripley y el Alien se enfrentarían por última vez (aunque el estudio tuvo a bien pararle los pies en su idea de que el Alien le arrancase la cabeza de un mordisco y que luego hablase con la voz de Weaver).

El resultado habla por sí solo y las reacciones fueron acordes. Hoy día es complicado dudar de su condición de clásico, no sólo del terror y la ciencia ficción, sino en general. El público la abrazó con fuerza, con una recaudación global de unos 143 millones de dólares (aunque la ingeniería fiscal de Fox podría haber limitado estas cifras y que en realidad fuera más de 200, pero ya entraremos en esa parte). Tras semejante éxito, Scott recibió carta blanca como cineasta, pasando a hacer una adaptación de Philip K. Dick donde se permitiría explorar más los androides, la inteligencia artificial y la naturaleza humana.

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Parte 2: ALIEN$

A pesar del evidente deseo por hacer una secuela por parte de los productores, hubo años donde el proceso estuvo detenido por las disputas legales con Fox causadas por la mencionada ingeniería fiscal. Fox reajustó los números diciendo que el estudio había perdido dos millones de dólares por la película, por tanto no generó beneficios. Tras demostrarse la falsedad de dichos números, Fox volvió a reajustar y limitó el beneficio a 4 millones de dólares, lo cual volvió a refutarse.

Giler y Hill estuvieron un tiempo intentando sacar adelante la historia que propulsase la secuela, pero no se pasó más allá de una idea que cruzase Los siete magníficos y La presa. No obstante, a manos de Giler llegó un prometedor guion, de título Terminator, que estaba produciéndose con un joven cineasta a cargo de casi todo. El productor vio en el joven James Cameron un potencial suficiente para armar la deseada secuela, y le asignó la tarea de preparar la propuesta y un guion.
Cameron era un apasionado fan de la primera Alien, y rápidamente procedió a elaborar un primer boceto de 45 páginas, el cual no resultó demasiado convincente. El retraso de la producción de Terminator por la agenda de Arnold Schwarzenegger le ofreció tiempo para desarrollar un mejor concepto, y tomó ideas de Mama, un guion que había estado escribiendo y que le ayudó a elaborar la temática de maternidad y fortaleza femenina alrededor del personaje de Ripley.

Sin embargo, aunque el guion de 90 páginas fue lo bastante interesante para convencerles de darle el trabajo si conseguía que su slasher sci-fi fuera un éxito, la leyenda es otra: A la hora de presentar su propuesta para Aliens, Cameron se presentó ante los ejecutivos con una pizarra vacía a su espalda. Procede a escribir la palabra “Alien” en la misma, girándose hacia los ejecutivos para ver que le seguían. Acto seguido añade una “S” al final, haciendo que se lea “Aliens”. Los ejecutivos se mantienen intrigados, pero algo confusos. Cameron procede a cambiar la letra final por un símbolo de dólar, exhibiendo la palabra “Alien$”. Salió de la reunión con luz verde y 18 millones de dólares de presupuesto. La leyenda puede ser exagerada, pero encaja perfectamente con el carácter del cineasta, así que la damos por verdad.

Cameron desarrolló todo el concepto que iba a tener detrás la película, desde los múltiples aliens súbditos de la reina madre, el reforzamiento de Sigourney Weaver como protagonista de la franquicia, reforzar el carácter maligno de la corporación Weyland, los paralelismos con la Guerra de Vietnam y hasta inspiración del enajenamiento paramilitar de Starship Troopers (años antes de que Paul Verhoeven lo llevara a su máxima expresión, con la misma intención de ridiculizarlo). Giler y Hill se acreditaron como parte del equipo de guion original (el crédito de “story by…”), algo que gustó poco al verdadero autor de la obra.

Pero en comparación de lo que fue rodar la película, ese choque resultaba una discrepancia de caballeros. Cameron heredó parte del equipo técnico que trabajó con Scott en la primera película, y su marcado carácter británico chocó con la cultura de trabajo que quería imponer, acostumbrada a jornadas más extensas. El equipo desdeñaba al director, cuestionando además sus aires bravucones cuando era todavía un joven cineasta con un éxito sorprendente a sus espaldas y, previamente, un despido de Piraña II. Chocó especialmente con Dick Bush, director de fotografía de la película original, que insistía en contradecir las instrucciones del director e insistía en iluminar más los sets. Cameron finalmente le despidió y trajo a Adrian Biddle como reemplazo.

No obstante, su visión resultaba la correcta. Todos los detalles reforzaban una película de más acción (incluso la nave parece una escopeta), de un terror más urgente y encarnizado por la proliferación de aliens. Hasta hace un gran trabajo invirtiendo lo que se espera tras ver la primera película, empezando por el uso que se da del robot (y mira que Lance Henriksen no puede resultar más intimidante incluso cuando está siendo amable).

Pero el mejor detalle es la evolución de Ripley, que en esta película se vuelve un personaje más completo. Su arco, especialmente en el “montaje del director” (las comillas vienen a que Cameron insiste siempre en meter más información que luego él mismo reconoce que no necesita tanto), combina perfectamente el estado de estrés postraumático con un viaje de descubrimiento de la maternidad, enfatizado por un duelo final contra la Alien Reina Madre. Sí, en realidad Aliens es una película sobre la maternidad, como hemos remarcado antes con el hecho de que partió de un guion que se llamaba “Mama”.

Sin embargo, lo más remarcable de Aliens es lo ejemplar que es como secuela, incluso traicionando todos los preceptos que parecía marcar su predecesora. Hoy esos atrevimientos son más repudiados por parte de un fandom intransigente y fácilmente irascible, como se puede ver del caso de Los Últimos Jedi (sí, aquí también la reivindicamos, pero espiritualmente comparten muchísimo). Ya sólo por cómo pone en el centro al personaje de Ripley ya tendría a los “políticamente incorrectos” llorando mares de píxeles en Reddit.

Pero bueno, al final la realidad se impone, como se impuso Aliens en todo el mundo, siendo uno de los pepinazos de aquel año. La crítica se rindió a la exuberancia técnica y narrativa de James Cameron, y el público respondió con fervor después de estar anticipando durante años una continuación a Alien. En Norteamérica supero a su predecesora recaudando un total de 85 millones de dólares, siendo la séptima más taquillera de 1986, y sumando la recaudación del resto del mundo se llegó a los 180 millones, haciéndola la película para adultos más exitosa por aquel entonces. Por si fuera poco, incluso los Oscar se tuvieron que rendir y nominaron a Sigourney Weaver como Mejor Actriz en una categoría que suele reconocer poco los papeles en cine de terror y sci-fi.

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Parte 3: Perdiendo el control

A pesar de las dudas de Hill y Giler, la insistencia de Fox por hacer una nueva secuela terminó por resultar efectiva, y comenzaron a desarrollar nuevas ideas por las que llevar la franquicia. Su preferida involucraba dos secuelas que se rodarían simultáneamente, inspirándose en elementos de la Guerra Fría y poniendo a Michael Biehn en el centro de la franquicia, relegando a Ripley a poco más que un cameo glorificado.

Su primera elección a la hora de buscar director fue intentar el regreso de Ridley Scott, que rechazó la oferta por su complicada y ocupada agenda, aunque también se habló de las diferencias creativas sobre hacia donde orientar una tercera película de Alien, con Scott más interesado en explorar los orígenes del Xenomorfo (más sobre ello más adelante). Se trajo a bordo al escritor cyberpunk William Gibson, que ha reconocido la enorme influencia que la primera película tuvo en su trabajo, y desarrolló de manera funcional el concepto que Hill y Giller idearon, pero terminaron desencantados con el guion (luego convertido en una celebrada novela gráfica).

Tras varios intentos, los productores descartaron la idea de las dos secuelas, optando por una más sencilla escrita por David Twohy (El Fugitivo, Waterworld). Descartando el enfoque de la Guerra Fría tras la caída del comunismo en la Unión Soviética, Twohy llevó la acción a una prisión propiedad de la Weyland Corp. Después, se contrató al director Vincent Ward (The navigator: una odisea en el tiempo), que redirigió el guion hacia un planeta arcaico y compuesto de madera donde habitaría una sociedad próxima a un monasterio o institución religiosa a la que Ripley tenía que introducirse, explorando cuestiones religiosas en torno al Alien.

No obstante, su idea del planeta de madera resultaba imposible de hacer factible, por lo que Ward se marchó del proyecto. Hill y Giler volvieron a reescribir todo el proyecto, ya que así lo demandaba el contrato de Sigourney Weaver, juntando los conceptos de la población de monjes con el de la prisión. En una jugada similar a la de Ridley, trajeron como director al que por entonces era uno de los directores de vídeos musicales más destacados y demandados del momento, que todavía estaba pendiente de dirigir su primera película: David Fincher.

Fincher llegó a un proyecto ya trastabillado, con muchos decorados construidos para una película todavía por definir y comenzando a rodar sin guion finalizado. El director trajo a Rex Pickett (From Hollywood to Deadwood) para pulir el guion a una dirección más concreta, algo que no gustó a los productores que, tras varios choques, se desentendieron del proyecto. Fox comenzó a meter más el hocico en la producción y comenzó a interferir más en la visión de Fincher. Múltiples giros de guion más, parones en la producción, grabaciones de escenas adicionales y un descarte de sus ideas en el montaje llevaron a la frustración extrema al debutante director.

Tuve que trabajar en ello durante dos años, me despidieron tres veces y tuve que pelear por cada pequeño detalle. Nadie lo ha odiado más que yo. Hasta este día, nadie la odia más de lo que lo hago yo.

Es comprensible que un perfeccionista y alguien tan atento al detalle como Fincher terminase absolutamente descantado con algo como Alien³. Tampoco es que las decisiones que se tomaron para la película fueran especialmente bien recibidas, tanto por fans más irredentos que no recibieron nada bien que el resto de protagonistas supervivientes de la última película salvo Ripley muriesen al comenzar la película, como por audiencias generales que chocaron con un tono muy violento, deprimente y nihilista.

No obstante, quizá esta renegación de la película por parte del director haya contribuido a la percepción negativa que, a día de hoy, persiste aunque con menos intensidad, especialmente tras el lanzamiento del “Assembly Cut” (no un montaje del director, ya que Fincher se negó en redondo a participar, pero sí siguiendo sus notas durante la producción). En realidad, vista hoy, su nihilismo resulta rompedor y hasta apropiado para continuar (o poner fin) a una eterna y extenuante lucha ante una poderosa e imparable máquina de matar (el gigante capitalista) y una constante llegada de xenomorphos.

Hay también detalles sobre una lectura religiosa de todo el concepto del Alien (sobre todo el sacrificio de Ripley), heredados del concepto de Ward, pero sobre todo una asfixiante sensación de derrota, de angustia ante un terror que parece incansable. También hay un tercer acto más atropellado, consecuencia de los recortes y regrabaciones exigidos por el estudio, pero en el montaje extendido vemos más apropiadamente la versión implacable, demoledoramente violenta y gore que Fincher probablemente tuviera en mente. A pesar de evidentes problemas, es una heredera más digna de lo que parece, y ampliamente interesante para la constante redifinición de Alien como franquicia.

Aunque, obviamente, eso difícilmente se supo apreciar entonces. Alien³ recibió duras críticas por los evidentes problemas ya mencionados (aunque incluso entonces se supo apreciar el poderío visual de Fincher), y en taquilla tuvo resultados no malos, pero sí decepcionantes (especialmente tras el sobrecoste de la película). Sólo consiguió unos 55,5 millones en Estados Unidos, mientras que en el resto del mundo superó los 100 millones, dejando el total en unos 159,81 millones. Menos que Aliens, pero más de lo que en su momento Fox reportó que consiguió Alien. Lo suficiente para mantener el interés en seguir haciendo películas.

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Parte 4: Este muerto está muy vivo

Pero más difícil fue convencer al resto de que hacer una cuarta película era una buena idea. Giller y Hill lo consideraron abiertamente una mala idea, y Weaver no tuvo interés en el proyecto a menos que la historia le convenciese (además de darle un camión lleno de dinero, como ha terminado pasando). Fox incluso sopesó la idea de dejar la saga principal y comenzar el ansiado crossover de Alien vs Predator, que al final descartaron temporalmente (la película se terminó estrenando en 2004), pero finalmente optaron por apostar en uno de los jóvenes y más prometedores guionistas en Hollywood que se había hecho una leyenda por sus reescrituras ( a veces no acreditadas) en pelis tan distintas como Speed o Toy Story.

Así, la cuarta Alien se puso en marcha con Joss Whedon desarrollando el guion, tomando de base la idea de introducir un clon de Newt que habían sugerido Giller y Hill (incluso aunque fueron reticentes con la idea). Sin embargo, tuvo que reconducir la idea cuando Sigourney accedió protagonizar la película, haciendo a Ripley el personaje del clon. Más allá de eso, pudo desarrollar algunas de sus ideas, como un híbrido de alien-humano (en un principio más alienígena, posteriormente más humano deforme con la llegada de otros cineastas), una tripulación de piratas espaciales, un tono más ligero, cómico y autoconsciente (metiendo la metareferencia de los siete clones fallidos de Ripley) y hacer que la protagonista fuera también parte alien (algo que convenció a Weaver para hacer la película, además del camión de dinero).

Fue más complicado encontrar a un director que aceptase el reto. La opción preferida fue Danny Boyle, pero no pudo llegar a un acuerdo con los efectos y el aspecto visual de la película. Peter Jackson fue contactado, pero no tenía interés en hacer una peli de Alien. Bryan Singer al parecer no respondió a la oferta. David Cronenberg también dijo que no. Se decidió entonces apostar por el francés Jean-Pierre Jeunet, que había causado impresión con su personalidad visual en films como Delicatessen o La ciudad de los niños perdidos.

Se le dio a Jeunet un control creativo amplio, lo que llevó a una interpretación del guion más libre del que Whedon esperaba. El francés puso énfasis en girar la película hacia la comedia negra, aderezándola con un perverso carácter sexual que persiste a lo largo de la cinta. Mantuvo parte del espíritu meta que Whedon tenía en mente, además de la manera en la que interaccionan los personajes que también es puro Whedon así como los juegos de intriga sobre cuál de toda la tripulación es un robot, pero el guionista terminó insatisfecho con la interpretación que se hizo de su material.

Pero una vez más, el tiempo no le ha dado la razón a Whedon, porque Alien: Resurreción es una peli más acertada en sus intenciones de lo que aparenta, incluso aunque en su recorrido parezca terriblemente desigual y destartalada en su ejecución. Jeunet recupera una interesante claustrofobia, además de darle una personalidad visual a la película realmente efectiva, y consigue diferenciarla del resto mientras la mantiene como una película de Alien. Su retorcido sentido del humor y un enérgico sentido de la acción la hacen otra experiencia disfrutable que sólo los puristas más rancios pueden verla con el morro torcido hoy día.

Remarco lo de hoy día, porque entonces sí que se vio como una sonora decepción. La crítica la trató con cierto desdén y los 47,8 millones recaudados en Norteamerica se vieron como un duro golpe, siendo la película menos exitosa de la saga en dicha región. Más suerte tuvo en el resto del mundo, que elevó el total a 161,4 millones de dólares, pero se tomó como un signo de que era momento de poner en el congelador la idea de una Alien 5 (cuyo guion ya había escrito Whedon) y repensar adonde llevar la idea del Alien.

Parte 5: Dios te castiga

Mientras tanto, a Ridley Scott le estaba decepcionado que ninguna de las películas que sucedieron a la suya explorase varias de las cuestiones que más le intrigaban, desde «¿Quién creó al Alien y con qué propósito?» hasta descifrar la enigmática figura del space jockey aparecida en su película. Durante el punto de incertidumbre donde si iba a haber o no una Alien 5, Scott contactó con Cameron para desarrollar una idea que precediera a todas las películas y desarrollase algunas de estas ideas que tenía en mente.

Pero en Fox tenían otra cosa en mente: un crossover del Alien con Predator que, irónicamente, acabó en un par de películas que respondían a los orígenes y propósitos para crear al Alien. Pero ambos directores se mostraron contrariados con este concepto que iba a devaluar la franquicia y aparcaron sus planes. Tras ese par de películas de desigual recepción, por decirlo finamente, Fox decidió que era momento de reinicar la franquicia, retomando la idea de la precuela de Scott. No obstante, había una condición: el director tenía que aceptar el susodicho rol, en lugar de delegar Carl Erik Rinsch para ello. El británico terminó aceptando, además de tomar bajo su ala al guionista Jon Spaihts, que era uno de los nombres más solicitados de la famosa «blacklist».

Al estudio le convenció la idea de Spaihts de hacer una película que ejerciese de puente hacia la película original, introduciendo muchos elementos de la mitología Alien, pero más tarde Scott empezó a bombardearle con ideas que se desviaban de ese concepto. Desde introducir el concepto de los ingenieros como figura divina a referencias judeocristianas además de grecorromanas, destacando la figura de Prometeo, y tomando ideas del Paraíso Perdido de John Milton o el libro de ufología Recuerdos del futuro, de Erich von Däniken.

Ante la falta de acuerdos con Spaihts sobre cómo desarrollar sus ambiciosas ideas, Scott trajo al proyecto a Damon Lindelof, en boca de todos gracias al éxito de Perdidos y también un apasionado ante los misterios de la creación y cómo la humanidad se mueve por la fe, cosas que el director veía apropiadas para esta precuela. Sin embargo, conforme avanzaban, las conexiones con la saga original se hacían cada vez más difusas, llegando a tratar el proyecto como una idea original que no iba a tener relación con Alien. De hecho, el nombre de Alien se eliminó de la producción y se optó por el título de Prometheus para la película. Y aunque las conexiones estaban ahí, y la película es considerada una precuela, se trató de esconder en su momento la relación entre ambos mundos.

Y las cosas como son. Más allá de la opinión que se tenga de la película en sí, su ambición es propia de una producción original que quiere sentar un nuevo precedente en el cine de ciencia ficción. Su escala es apabullante y sus diseños maravillosos y únicos, tomando ideas revolucionarias para los trajes espaciales y creando el mundo a partir de las ideas de H. R. Giger y de descartes de Dune. También quiere responder preguntas muy ambiciosas, desde el propósito de nuestra existencia y quién nos puso aquí, hasta la co-existencia entre la fe y el espíritu científico, pasando por la sensación de ser castigados por Dios.

Pero lo más interesante viene de parte de la inteligencia artificial y del androide David, interpretado por Michael Fassbender. Al contrario que los humanos que le rodean, él ya ha tenido el «privilegio» de conocer y co-existir junto a sus creadores. De ahí que le resulte extraña la fascinación que estos sienten por conocerlos y obtener respuestas, ya que para David ambas cosas resultan en una completa decepción por la naturaleza frágil e imperfecta de sus creadores. En su lugar, decide trascender y pasar a ser él un creador de vida, haciendo de su trayecto la parte más intrigante y emocionante de Prometheus. No es casualidad que Lindelof citase varias veces el trabajo de Scott con Blade Runner, ya que el director parece siempre interesado en explorar la inteligencia artificial y su capacidad para superar a los humanos (y sobra decirlo, sabe como nadie cómo plasmarlo).

Quizá eso hace un poco más frustrante la sensación de que a veces la película no termina de aterrizar con sus ambiciones. Especialmente con un catálogo de personajes no especialmente interesante o que ofrezcan demasiado para que nos interese su supervivencia o potencial muerte. El reparto es un triunfo, pero los personajes no están ahí, y pasada la segunda mitad hay una sensación apresurada, quizá propia de unas reescrituras para intentar ensamblar el mundo de esta película con el de Alien, además de terminar de atar los cabos de la propia película. Encima, la dirección de Scott a veces oscila entre un inigualable sentido de la maravilla y una densidad bastante plomiza.

Aun así, en su desigual resultado, sigue siendo un artefacto fascinante, como prueba la sensación que terminó siendo en taquilla a pesar de que dominó una sensación de incertidumbre y relativa decepción. Sólo en Estados Unidos obtuvo unos 126 millones de dólares, pero en todo el mundo la cifra se elevó a los 276 millones, para un total de 403,4 millones de dólares. Esto la hace la más exitosa de todas las películas hasta la fecha en cada uno de los sectores, suficiente para seguir dejando a Ridley Scott explorar su visión.

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Parte 6: ¿Eso es una flauta o es que te alegras de verme?

Para Scott, el hueco de más de 100 años entre precuela y película original era un campo vasto para seguir desarrollando sus ideas sobre los orígenes y los por qué de la criatura, de nuestros creadores, de la inteligencia artificial, del Paraíso perdido de Milton y de esas miles de cosas con las que está demasiado obsesionado. Sin embargo, las reacciones a Prometheus, especialmente las sobrerreacciones de ciertos sectores que criticaban la falta de xenomorfos, generaron nerviosismo.

El director anunció que sus planes de continuación (que incluían dos películas más, o incluso tres) iban a pasar por menos xenomorfos y más robots e inteligencia artificial, además de seguir explorando a los ingenieros. Sin embargo, alguien desde Fox debió mandar un toque para que finalmente cediera en ese aspecto y no sólo el Alien fuera una figura prominente en la siguiente película, sino que había que renunciar un poco al tono de Prometheus y recuperar el slasher más puro de la original.

Lindelof, que había juntado demasiados patinazos en cine y se vio más cómodo regresando a la televisión, renunció al encargo de escribir la Alien: Paradise Lost que tanto Scott como el estudio acordaron hacer. Jack Paglen (Trascendence) entró para hacer un guion que contentase a ambas partes. Luego llegaron varios escritores para hacer una serie de reescrituras, pero finalmente terminaron con John Logan, que había trabajado con el director previamente en Gladiator, para hacer una revisión más severa que contuviera elementos terroríficos y de gran guiñol de la primera película.

Quizá todas estas tensiones no resueltas son las que hacen tan desigual el tono de Alien: Covenant, además de hacerla ver como un compromiso más que como la auténtica visión de Scott para esta secuela/precuela/whatever. Aunque hay una envidiable factura a la hora de rodarla (las localizaciones en Nueva Zelanda lucen preciosas) y de diseñar elementos como el Neomorfo o el mundo de los ingenieros, la película pasa su primera mitad intentando recuperar ecos y sensaciones previos que no logra encapsular, haciendo buena parte de su duración un correveidile algo insustancial.

Realmente, no se siente que la película arranque hasta que llega el androide David, donde la película se vuelve más bizarra pero más interesante de desentrañar. Referencias a Percy Bysshe Shelley, la evolución del androide desencantado tanto con sus creadores como con los otros creadores, dando salto para volverse el mismo un dios de la destrucción a través de la creación, tensiones sexuales muy extrañas (aunque la escena de la flauta puede ser perfectamente el punto álgido de la película) y no pocas ideas de bombero de desigual desarrollo pero hacen imaginar una película más interesante que la que hemos visto.

Quizá el problema, de nuevo radique, en la escritura de esta nueva serie de personajes que son poco más que carnaza para ser devorada tanto por la criatura como por el nihilismo extremo de Scott. Probablemente por la propia naturaleza de la profesión de los personajes: en la primera Alien teníamos un grupo de obreros corrientes, que están en la nave como podrían estar en una estación petrolífera, y a esos le siguen una serie de soldados cafres, unos prisioneros incels y un grupo de piratas. Personajes más imperfectos y con los que es más fácil empatizar que la serie de científicos punteros que vemos en Prometheus y Covenant, que hacen más cuestionables sus decisiones torpes (que los científicos también pueden meter la gamba a lo grande, pero eso es otro tema).

Eso, unido a esa sensación de compromiso que deja un poco en tierra de nadie a la película, hace de esta la entrega más decepcionante de la franquicia al ser la única que no aporta algo distintivo o diferente con respecto a las otras. Lo fascinante en Alien es siempre ver cómo se traslada tanto el concepto como los diseños a nuevos tonos, a nuevas localizaciones y a nuevos personajes, con nuevas visiones detrás de cada una de las entregas. Covenant no llega a ofrecer eso, y es posible que ahí nazca su decepcionante recorrido en taquilla: 74.3 millones en los Estados Unidos, con unos 240.9 millones totales al sumar la recaudación global, muy por debajo de lo logrado en Prometheus. Aunque teniendo un coste bastante inferior a la anterior, la película salió más o menos rentable, pero se sigue notando como insuficiente.

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El futuro: Televisión

Por supuesto, esta decepcionante recaudación es la causante de que la trilogía de precuelas de Scott se encuentre en un punto muerto del que no parece que vaya a salir. Su idea de Alien: Awakening quedó finalmente paralizada tras la compra de Fox por parte de Disney, que ha estado repensando cómo darle salida a una franquicia tan popular. No han sido pocas las veces que han resurgido tanto la idea de una Alien 5 como de la Awakening de Scott.

Sin embargo, parece que el futuro inmediato de Alien va a pasar por la televisión. Hulu confirmó el desarrollo de una serie ambientada en la tierra que va a desarrollar Noah Hawley (Fargo, Legion). Con un nombre así, podemos esperar cualquier cosa, pero al estar alojada en una plataforma menor igual podemos tener un rayo de esperanza para que mantenga tonos y ambiciones adultas. O no. De aquí a empezar a rodar puede pasar cualquier cosa. Especialmente con Hawley.

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