Las letras de Arcade Fire siempre han estado ligadas al fin del mundo. Por simplificar y centrarnos en el último disco, The Suburbs (del que ya os dimos primeras impresiones y del que otro día hablaremos de su música), podemos decir que Funeral era el momento en que el apocalipsis (mundial o personal) llegaba, con aquellos ‘Neighbourhood’ donde la nieve lo barría todo y los protagonistas apenas podían recordar los nombres o las palabras que usaban antes de que ocurriera.

Si en Funeral el apocalipsis ocurría, Neon Bible era la razón por la que pasaba. En ese disco, Arcade Fire se autoproclamaban predicadores: not much chance for survival… an ocean of violence / a world of empty streets… ‘(Antichrist Television Blues)‘ y también aquel “será un largo viaje por las olas del olvido” que parecía asumir, como en el primer disco, que después del apocalipsis no habría nada. Es el final del mundo y no, no me siento bien.

Ahora, The Suburbs cuenta qué ocurre cuando los supervivientes regresan a sus lugares habituales antes de que todo se fuera al carajo. Y no sólo no hay olvido, sino que los recuerdos del pasado están más presentes que nunca.

The Suburbs: las cartas de amor del pasado

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“En el instituto, tuve un romance por carta con una chica. (Cuando hicimos el disco) estaba tratando de recordar aquella época, aquel año casi completo, la ansiedad de que llegara el correo. Todo los días iba y venía a la oficina de correos, me consumía aquel sentimiento.”

Tenemos, pues, el romanticismo adolescente típico del grupo y su habitual gusto por los parajes destrozados, pero nos faltaba el McGuffin, la anécdota que pone en marcha todo, y ésa queda claro desde el título: los barrios residenciales donde crecieron los protagonistas del disco y a los que vuelven ahora son el escenario de todo, los que activan la historia.

Arcade Fire, Deep Blue, Kasparov y una nueva raza de infectados

http://www.youtube.com/v/1K7Sow5DKqA&hl=es_ES&fs=1

Por tener, The Suburbs tiene hasta a sus propios “infectados”, los nuevos zombies, el ‘Modern Man’ de la canción más extraña y fuera del compás habitual del disco. O los chicos modernos del centro de la ciudad, lo que usan palabras grandilocuentes que no saben qué significan, el mantra “Rococo, rococo, rococo”.

Deep Blue‘, con su mención de pasada a la partida de ajedrez entre Kasparov y Deep Blue casi nos da el momento en que comenzó el final del mundo, el despertar de nuestro Skynet, cuando los barrios residenciales dejaron de ser lo que eran. No es cierto, pero, de nuevo, Hollywood ha tenido premisas bastante menos interesantes.

¿Y después de ‘The Suburbs’, qué?

http://www.youtube.com/v/GgGMgk827l0&hl=es_ES&fs=1

Y dentro de ese contexto, lo que quedan son los recuerdos: los de ‘City With No Children‘, los de ‘We Used To Wait‘… los de las canciones donde cristaliza toda la historia de la carta de amor adolescente.

También los recuerdos de ‘Wasted Hours‘, los de los ratos sin nada que hacer que ahora se echan de menos. Quizás el apocalipsis no sólo sea algo grande y mundial, sino algo muy íntimo: el fin del mundo puede ser también haber perdido esos ratos sin nada que hacer. El cierre del disco lo deja claro:

“All the time that we wasted / i’d only waste it again / if I could have it back”.

Entre tanto recuerdo perdido, entre tantos lugares de infancia que no hay manera de conservar intactos, hay espacio para la esperanza y no sólo porque aquellas horas que no volverán ahora se han transformado en algo nuevo, “las convertiste en una vida que podemos vivir”. No, no sólo por eso: en una de las frases más bonitas e impactantes del disco, Butler canta sobre por qué fantasea sobre tener una hija mientras aún es joven.

So can you understand?
Why I want a daughter while I’m still young
I wanna hold her hand
And show her some beauty
Before this damage is done
But if it’s too much to ask, it’s too much to ask
Then send me a son

El daño no está completo, aún hay algo que merezca la pena enseñar a los que queremos hacer mejores, a los que trataremos de que no cometan nuestros errores. Algo como The Suburbs, que aun con sus excesos y sus resbalones, vuelve a ser un disco de Arcade Fire que merece la pena por lo que cuenta y cómo lo cuenta.

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