Uno de los pocos cabezas de cartel de guitarras que hay en esta edición del SOS 4.8 es Bloc Party, que tocan justamente hoy. Aprovechando la tesitura, hoy hablamos de la trayectoria de los chavales de Kele Okereke, que empezaron por ser unos tipos molones que a la crítica le molaban, pero que poco a poco han ido tomando una deriva bastante coñazo, perdiendo fuelle e incapaces de crear composiciones como las del buen Silent Alarm.

Bloc Party aparecieron por el mundo allá por el año 2005, con la fiebre de aquello que se llamó post punk revival, etiqueta en la que se han metido en el mismo saco a grupos que poco tienen que ver entre sí. Más si comparamos a estos londinenses con Interpol, o a los de Paul Banks con Franz Ferdinand. A Bloc Party los situaría más cerca de un indie rock o indie pop, pero tampoco vamos a entrar en debates nominalistas, porque no es lo que hoy nos atañe, sino la evolución del grupo.

Silent Alarm y la fiebre revivalista

Llegaron a mis oídos por primera vez a través de ‘Banquet’, uno de los singles de un buen debut como Silent Alarm; simple pero pegadiza. Hay que reconocer que el grupo era bastante efectista, mediante fórmulas ya conocidas, reorientaron sabiamente algunos patrones post punkeros hacia terrenos más melódicos y propios del indie rock, como tantos otros grupos de la época. Aprovechando el rebufo de otros grupos anglosajones que estaban triunfando, supieron buscar el hueco y el momento necesario para aparecer en escena. Era un producto cojonudo; otro grupo molón más del mencionado revival, ideal para una juventud que estaba consumiendo a Franz Ferdinand de una forma masiva. Y qué copón, el disco tenía buenas canciones.

Como pasó con los escoceses y el trilladísimo ‘Take Me Out’, Bloc Party tenían buenos ganchos comerciales, mediante temas guitarreros y bailables como Banquet pronto se dieron a conocer. Aparte de los hits como ‘Helicopter’, que era una buena pastilla de adrenalina, como así lo atestiguan las 15 millones de visitas del vídeo en Youtube, Silent Alarm tenía canciones realmente buenas. Entre ellas, ‘Like Eating Glass’, que se encargaba de abrir el disco y de enganchar con un estribillo pegadizo ejecutado con la lánguida voz de Kele Okereke; o ‘This Modern Love’ con las historias de amores juveniles de siempre. Y aunque Helicopter es el hit por el que la gente recuerda al grupo, había alguna canción tapada como ‘Luno’ y otras como ‘The Pioneers’, que a pesar de ser single, quedaban injustamente relegadas a un segundo plano.

Ciertamente, el grupo tenía tres o cuatro ganchos que funcionaban realmente bien. Bloc Party lo habían conseguido, habían encontrado un sitio entre todas esas bandas que viviendo del revival post punkeril, habían llegado a las masas a base de ese indie pop/rock bailable. El ejemplo lo tenemos en otras bandas como Metric, White Lies o The Bravery. Quitando los singles y alguna canción más, quedaba un trabajo apañado, con algunas canciones que daban el pego, repitiendo la fórmula hasta la saciedad, y con unas pocas anodinas. Pero ya habían dado el primer paso, triunfar con el debut.

A Weekend In The City, sobreviviendo al debut

Bloc Party tenían la difícil tarea de demostrar que Silent Alarm no había sido casualidad. No era un gran disco, pero sí un trabajo resultón con buenos singles que habían partido la pana comercialmente. Así que qué iban a hacer, recurrir a su modus operandi: mucho pedal guitarrero al final de las canciones, estribillos adictivos con birguerías vocales de Kele Okereke y esa batería propia del indie con la secuencia tom-platillo-tom. Repítase múltiples veces durante una canción para lograr éxito (véanse también los casos de grupos españoles como Supersubmarina y otros del palo). De nuevo, los londinenses lograron dar el callo con unos avances relativamente buenos, empezando por la bizarra ‘The Prayer’ y sobre todo con ‘Hunting For Witches’. Recurrir a elocuentes riffs y punteos majetes siempre es una buena opción para enganchar a públicos masivos.

Los singles no eran tan cañeros ni tenían el gancho de los del debut, pero les bastaron para continuar montados en el dólar, incluso empezaron a utilizar los teclados con más asiduidad, creando mayor intensidad en temas como ‘Waiting for the 7.18’. Después de una casi primera mitad del disco bien decente, en la que seguían siendo efectistas pero ya empezaban a saturar, en la segunda decidieron suicidarse con pasteladas como el single ‘I Still Remember’, la parte más llorica del grupo, para después pasar a la parte más facilona, asequible y simplista en la que caen algunos grupos de indie pop. Hablo de ‘Flux’ y el horrendo efecto vocal de Okereke, que parece que haya insuflado un poco de helio, como hacen en los temas de maquineta.

Un grupo de singles

En resumen, lo que mejor funciona de Bloc Party son los singles, al menos en su mayoría. Analizando los discos como conjunto se les pueden encontrar bastantes fugas, sobre todo después de Silent Alarm. Así pues, los londinenses funcionan muy bien en teles y radios con sus temas gancho, pero se suelen desinflar en los trabajos. En Intimacy definitivamente se les va la perola y petan literalmente el álbum de sonidos histriónicos, creando canciones cargadísimas de efectos, con una saturación sonora que te obliga a soltar los auriculares ante tal despropósito. ‘Ares’, ‘Mercury’, ‘One Month Off’, que parece un refrito de canciones de su debut, son buenos ejemplos. Por no hablar de otras que son puro relleno, sobre todo las que van cerrando el disco.

Eso sí, hay un par de canciones que me siguen gustando y que se desmarcan bastante del resto de compañeras de álbum: ‘Halo’ y ‘Trojan Horse’. Porque ya no tienen el talento de Silent Alarm, pero Bloc Party siguen funcionando mejor con guitarreo y pedaleras que no con sintetizadores que emanan efectos horteras o molestos que invaden un disco que por momentos es verdaderamente insufrible.

La electrónica de Kele, Four y el declive definitivo de la banda

Con la polémica sobre si Kele Okereke ha sido expulsado de la banda o no, cual choni de Gran Hermano, el tipo se embarca en solitario con un disco de electrónica chunga, The Boxer, del que es mejor no hablar. Mientras contemplamos atónitos semejante obscenidad, parece que todo vuelve a la normalidad poco después y ya nos situamos en el pasado 2012, donde la banda edita Four, su cuarto disco. Viendo el continente, la verdad es que no vale la pena ni ponerle un título guay. Un disco insulso e irregular, como ya comentó Visnuh en su día. El grupo no fue capaz siquiera de elaborar un hit o una canción pegadiza que te haga pensar que están muriendo con dignidad.

Bloc Party tuvieron su momento de gloria, en el que a mediados de la década pasada nos abordaban por todos lados con estos grupos de indie rock bailables, vinieran o no del post punk revival, y aprovecharon el momento con un buen debut como Silent Alarm. Después de este, no fueron capaces de seguir el listón, a pesar de que siguieron confeccionando singles efectistas, eso sí, el resto del contenido de los álbumes cada vez iba a peor. Coger en Intimacy los teclados fue su pecado capital, el cual pudimos oficializar después con la execrable carrera en solitario de Kele y con Four.

Llegaron a ser un grupo de singles resultón, pero se han ido diluyendo con el paso del tiempo. Y el hecho de que sea un grupo de hits de radio viene bien para los conciertos, cuando se centran en sus temas de primera línea el directo gana bastante, sobre todo cuando suenan Helicopter y cía. Cuando ejecutan temas que no son los de vanguardia, se nota. Sólo hay que ver al público.

Estas son básicamente, algunas de las razones por las que algunos nos tiramos del barco de Bloc Party hace un tiempo, ya que no fueron capaces de sobreponerse dignamente a su debut. Y si lo relacionamos con grupos más estrictamente post-punk de la época como Interpol o Editors, estos eran holgadamente superiores.

Bloc Party en Hipersónica

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