Si los 50 significaron la lucha de los pioneros del rock y de toda la generación nacida del Baby Boom por conquistar su propio espacio musical, los 60 fueron la década del final de la música pop simplemente como fábula adolescente y el inicio de temas muy diversos y polémicos: drogas, sexo, política, muerte, guerra.

De repente, lo que en los años 50 eran insinuaciones se convirtieron en términos más o menos explícitos y en todo el mundo se vivió la tensión entre quienes cantaban y compraban los discos y quienes querían volver a ese presunto paraíso inocente que el rock’n’roll había echado a perder. Pese a todo, ya no había marcha atrás.

El disco de la muerte

Con lo que vendría después, parece casi hasta una niñería que muchas emisoras estadounidenses censurasen el ‘Tell Laura I Love Her‘ por incitación al suicidio. Sí, la canción era una historia de amor trágico
(un chico que muere en una carrera de coches con la que quería conseguir dinero para casarse con Laura), pero de ahí a llamarla “el disco de la muerte” hay un paso.

El calificativo es recurrente, porque ‘Eve of Destruction‘, de Barry McGuire, también se lo ganó antes de ser prohibida.

Pronto, anécdotas así serían sustituidas por cosas más graves, como que el FBI decidiese investigar a varios cantantes folk, de esos que habían hecho de la canción protesta la nueva moda. Phil OchsPete Seeger o, claro, Bob Dylan fueron objetivo del FBI.

¿Louie Louie?: el absurdo indescifrable

Puede que los cantautores fueran deliberadamente provocadores en sus letras, pero también los censores ponían mucho de su parte para ver “fantasmas”. Como ejemplo: el gobernador de Indiana, en 1964, decidió prohibir el ‘Louie Louie‘ de los Kingsmen por su letra obscena. La Comisión Federal de las Comunicaciones (la FCC, responsable en última instancia de lo que en EEUU se hace o no con los medios de comunicación) echó para atrás la censura al decir que lo que decía la canción no sólo no era obsceno, sino que no tenía sentido y era indescifrable.

Con la llegada de grupos como los Rolling Stones o The Who, que hacían una versión más salvaje de lo que en los años 50 había dado forma al rock y que no tenían problema en cantar sobre temas como el sexo, la masturbación, las peleas adolescentes y muchas otras cosas, cada vez se hicieron más comunes los casos de canciones prohibidas.

Claro que había quien pasaba por el aro (los Stones actuaron en 1967 en el Show de Ed Sullivan después de cambiar la letra de ‘Let’s Spend The Night Together‘) y otros que no: a Dylan le dijeron en el mismo programa que no podía cantar su ‘Talking John Birch Paranoid Blues‘, se negó y nunca más en la historia fue invitado.

Dylan fue toda una piedra de toque para las mentes puritanas. Ya no sólo es que cantase lo que no mucha gente no quería oír, sino que su propia dicción le causaba problemas: en El Paso (Texas), la emisora de radio prohibió todas sus canciones porque no se le entendía nada. Eso sí, no había problema en emitirlas cuando eran otros quienes las cantaban.

Van Morrison y el tiempo que todo lo suaviza

El tiempo ha suavizado el impacto de muchas de esas canciones censuradas. Por ejemplo, el ‘Brown-Eyed Girl‘ de Van Morrison, de la que hoy nadie cree que pueda causar perjuicio a los jóvenes, pero que en 1967 fue prohibida por hablar de sexo antes del matrimonio y de un embarazo adolescente.

La segunda mitad de la década, con la contracultura en pleno apogeo, la Guerra de Vietnam a pleno rendimiento y el sueño hippie en su momento cumbre, quien quería escuchar muchas de las canciones de artistas punteros como los Doors tenía que recurrir a emisoras piratas o comprarse los discos donde los vendiesen, que no era en todo los sitios.

Pero algo había cambiado: las discográficas habían entendido a lo largo de toda la década que enfrentarse a los censores era mucho mejor que hacerlo con su mercado potencial. Un ejemplo paradigmático es la portada del debut de Blind Faith (1969) que tenéis sobre estas líneas: la discográfica lanzó dos versiones de ella, una con la niña desnuda y el avión apuntando hacia su abdomen (símbolo fálico, según los censores) y otra sin ella. Cuando vio que la “versión limpia” no vendía, el sello de Blind Faith no dudó en retirarla y quedarse sólo con la “provocadora”.

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