“Probablemente vi en ella lo mismo que todos los demás vieron más tarde. Sólo que yo llegué primero”, dice Chris Stein (Nueva York, 1950) con una sonrisa gamberra en el documental de la BBC Blondie — One Way Or Another cuando le piden que rememore el inicio de su relación con Debbie Harry. Hablaba de octubre de 1973, el momento en que acudió al primer concierto que daban The Stilettos, el grupo en el que estaba Harry en aquel momento (antes había cantado en los folkies The Wind and the Willows) y al que se acabaría uniendo poco después.

Parece ser que lo suyo no fue algo inmediato, que ni siquiera empezaron a salir al poco tiempo. Debbie, nacida en Miami en 1945 y criada por sus padres adoptivos en un barrio residencial de Nueva Jersey, era una niña bien que había pasado una temporada experimentando con todo lo experimentable y dándose una vuelta por el lado salvaje. Iniciar la relación con Chris puso fin de alguna manera a aquella etapa de su vida y abrió una nueva, la que la iba a convertir en una superestrella. The Stilettos, según Debbie, “era un trío, mezcla de las Shangri-Las y The Supremes, pero haciendo música calentorra”. “Nos lo pasamos muy bien, pero no éramos demasiado… musicales. Tres chicas intentando llevarse bien es algo bastante complicado. Tuve ganas de montar mi propia banda y me marché”. Y Chris se fue con ella, claro.

Blondie fue Debbie y Debbie fue Blondie

A finales de 1974, Stein y Harry (que ya eran habituales de la, en sus propias palabras, “incestuosa” escena del CBGB, donde todos conocían a todos) empiezan a poner en marcha su plan y montan un grupo con el batería Billy O’Connor y el bajista Fred Smith, al que bautizan Angel and the Snakes. Sufren varios cambios de formación en apenas unos meses, pero acaban dando con el que será su primer equipo titular de verdad: Clem Burke a la batería, Jimmy Destri a los teclados y Gary Valentine al bajo. Circulan varias teorías acerca del origen del nombre definitivo de la banda, pero la más probable es la que afirma que lo adoptaron por pura costumbre, acostumbrados a que técnicos, camioneros y demás personal se refiriera habitualmente a Debbie como blondie.
Una metonimia, por otra parte, bastante reveladora, del futuro de la banda y los motivos de su éxito.

Porque desde el principio Blondie fue Debbie y Debbie fue Blondie: el atractivo y el carisma de su vocalista eran prácticamente lo único que llamaba la atención de una banda bastante despreciada en sus comienzos, en parte porque carecían de la coartada intelectual de algunos de sus vecinos (Talking Heads, Patti Smith y demás) pero también, y quizá sobre todo, porque en aquel momento eran unos músicos rematadamente malos: apenas sabían tocar, hacerlo todos juntos a la vez era todo un desafío y su cantante tenía tendencia a olvidarse las letras. En más de una ocasión se ha dicho que a Blondie no se les tomó en serio en un primer momento por tener una vocalista femenina, pero no es menos cierto que fue precisamente ese reclamo el que también les abrió muchas puertas: en 1976 consiguieron por fin que alguien (fue Private Stock Records) les firmara un contrato y el propio Stein dice que fue gracias a un poster con una foto de cuerpo entero de Debbie que había publicado una revista unas semanas antes.

Blondie, el disco, se grabó entre agosto y septiembre de aquel año, con ‘X Offender’ (titulada ‘Sex Offender’, antes de la censura del sello) como el single que los iba a catapultar a la fama. No fue así y el disco fracasó, pero sí funcionó bien en Australia, aunque fuese de pura casualidad: en la radio el presentador pinchó por error la cara b (‘In the Flesh’) y gustó tanto que se optó por lanzar ese corte como sencillo allí y el disco llegó a número 2 en listas. El fenómeno no se repitió en ningún otro lugar y Blondie rompieron con Private Stock para irse a Chrysalis, que volvió a intentarlo reeditando el elepé unos meses más tarde, de nuevo con discretos resultados. Lo cierto es que Blondie no alcanzarían el éxito hasta su tercer disco (Parallel Lines), varias transformaciones estilísticas más tarde.

Chris y Debbie siempre fueron un equipo, también cuando las cosas volvieron a ir mal. En 1982, después de un triunfo fulgurante, después de ‘Heart of Glass’, de ‘Atomic’ o de ‘The Tide Is High’, las cosas volvieron a ponerse feas: The Hunter fue un fracaso, muchas fechas de la gira tuvieron que cancelarse por las escasas entradas vendidas, la mezcla de drogas, deudas y denuncias cruzadas hacía insostenible la situación interna de la banda… Blondie se rompió definitivamente cuando a Stein le diagnosticaron una rara enfermedad autoinmune, pero la relación entre ambos siguió adelante, hasta el punto de que Harry aparcó su carrera en solitario para cuidar de su pareja: de estos años apenas se puede destacar de ella un papel en Videodrome (David Cronenberg, 1983) y el olvidable single ‘Rush Rush’ que le produjo Giorgo Moroder.

Con el tiempo Stein se recuperó, pero la pareja se rompió. Sin embargo, Blondie pertenece a esa rara estirpe de bandas que (como Fleetwood Mac, Superchunk o The White Stripes) han sobrevivido a una ruptura en su seno y la relación entre sus dos miembros fundadores ha resistido también el paso del tiempo: volvieron en 1999 con un disco mediocre (No Exit) que incluyó el hit planetario (‘Maria’) que los volvería a colocar en el mapa. “El motivo por el que tuvimos éxito como pareja”, ha declarado Debbie, “es el mismo por el que tenemos éxito como músicos cuando dejamos de serlo: que nos queremos y nos respetamos, simplemente”. “No podemos librarnos el uno del otro”, ha dicho Stein, “debemos habernos conocido en otra vida”.

Les ha bastado con conocerse en ésta para facturar al menos un par de álbumes absolutamente redondos (si todavía los tenéis por un grupo de singles, escuchaos Parallel Lines de principio a fin y a ver qué pasa), una larga lista de hits y una cuidada imagen que los ha convertido en iconos de la historia de la música. Como balance para una pareja, no es mal resultado.

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