Su nombre quizá no se lleve tantos titulares, pero es probablemente, sin hacer mucho ruido, uno de los más cruciales en el cine de estudios de los últimos 25 años. Quizá no se lleve tantos titulares, pero ser guionista te prepara para estas eventualidades. Incluso llegando a ser un guionista notorio, ganador de un Oscar. Christopher McQuarrie quizá no sea el nombre para los grandes focos, pero su trabajo ha servido para que otros lo sean.

Y quizá por eso Tom Cruise lo ha convertido en su hombre de confianza esta década y media, incluso tras una primera parte de su carrera con un éxito notorio pero muchas piedras en su camino. Piedras que han servido para convertirlo en un mejor cineasta y, sin hacer mucho ruido, en uno de los mejores directores de acción en Hollywood con las llaves del reíno de Misión Imposible, con dos celebradas últimas entregas y dos más en camino y muy esperadas.

Y eso que antes de tener las llaves sólo había dirigido dos películas. Dos películas que representan dos periodos muy distintos de su carrera y cuyo repaso nos debería dar las claves de por qué fue condenado al ostracismo y ahora es un imprescindible para una de las mayores estrellas de cine del mundo.

«Me dijeron que me fuera a la mierda»

Cabe recordar que su futuro parecía prometedor e imparable. Junto con el director Bryan Singer hizo su primer guion convertida a película, Public Access, que fue una sensación en el circuito independiente de Sundance. Los focos, claro, se los llevó Singer, que recibió la atención de un Kevin Spacey que quería trabajar con él en lo que sea que fuera hacer. Director y guionista decidieron que era el momento de apostar fuerte haciendo un thriller criminal poco convencional, atrevido en su narración, y con un título que pegase fuerte como inicio de todo.

Así, se inició una complicada odisea para hacer Sospechosos habituales. Tras varias negativas para poder hacerla como ellos querían, lograron salirse con la suya en un título que causó sensación, rompió cabezas con su estructura y con sus giros, y llevaron a McQuarrie a ganar un Oscar por Mejor Guion Original. ¿Cómo no sentir que las puertas estaban abiertas de par en par para él?

Pero Hollywood nunca resulta tan sencillo, especialmente para nombres en la sombra. El guionista quería dar el salto a la dirección y tenía grandes ambiciones, entre ellas un biopic de Alejandro Magno que nunca pudo siquiera negociar. McQuarrie pasó años revisando guiones, pero cuando quería hablar con los estudios para algo más, se encontraba negativas ante su demanda de tener control creativo final, incluso aunque cediera en el tipo de película que fuera o el presupuesto.

Fox me dijo que me fuera a la mierda. Nada de dinero. Nada de control. Nada. No querían mi aportación, me querían a mí. Por nada.

Tuvo que ser Benicio del Toro, amigo suyo al que conoció durante el rodaje de Sospechosos habituales, quien le aupara, convenciéndole de que volviera a hacer un thriller criminal. McQuarrie no quería volver a hacer uno, temiendo que fuera encasillado como “el tío de los thrillers” y se le cerrasen otras puertas. Accedió y, con las negativas previa, escribió con ganas de retorcer expectativas de público y de Hollywood. Secuestro infernal fue su manera más fina de decir “que os jodan” a todo cristo y demostrar que el mundo le debía una.

El problema es que no hay tanta película para demostrar que el mundo le debía una. Su empeño en desviarse de los protagonistas tradicionales que se ganaban la simpatía de la audiencia le llevó a escribir dos personajes extremadamente antipáticos y sin más motivación para hacer burradas que ser unos burros. Resulta especialmente frustrante cuando uno de los actores principales resulta tan insulso y poco creíble como Ryan Philippe, que destapa todas las carencias del personaje y se ve totalmente desubicado durante la película. El contraste con Del Toro resulta doloroso, y el contrapunto del antagonista interpretado por James Caan es uno de los mayores alivios en un film feo y desagradable por el mero hecho de querer serlo.

La película acabó llevándose cierto culto, y es comprensible ya que McQuarrie muestra ya cierto talento para mantener la tensión en la acción, de mostrar con eficiencia lo que sucede para mantenernos en la intriga. Pero es en el resto de aspectos, especialmente en el guion, donde se ve que su energía y motivación están mal enfocadas. No es nada sorprendente que el público la rechazara de pleno.

Jack Reacher y la cura de humildad

El fracaso comercial fue especialmente recibido por los cabezas de estudio, que veían cómo al bravo e indomable corcel se le bajaban los humos. A McQuarrie se le destinó a la “cárcel del cine”, cerrándosele las puertas a volver a dirigir una película y teniendo que volver a ganarse el favor de los estudios para poder seguir como guionista. Por suerte para él, Singer le lanzó un salvavidas haciendo reescrituras no acreditas para las películas de X-Men y para otros tantos proyectos antes de volver a ganar la confianza necesaria. Ya no sólo de cara a los ejecutivos, sino para él como cineasta.

No fue hasta otro film con Singer, Valkiria, cuando McQuarrie pudo volver a tener un guion firmado con su nombre. Aquí se produce el cruce de caminos que cambiara su carrera, colaborando con Tom Cruise que protagonizaría y produciría la película junto a su compañera Paula Wagner. Ambos quedaron tan satisfechos con el guionista que le testaron en las complicadas aguas de la franquicia Misión Imposible, haciendo reescrituras del guion para Misión Imposible: Protocolo fantasma. El éxito de la película, que restauró el star power de Cruise, fue la prueba que necesitaban para saber que habían encontrado un diamante en bruto.

Por tanto, el siguiente encargo fue el de adaptar las novelas de Jack Reacher, a las que medio Hollywood llevaba años siguiendo la pista y terminaron en manos de Cruise, a pesar de las quejas por las diferencias físicas (especialmente de tamaño) con el personaje. Se siguió adelante con el desarrollo del proyecto, y el tándem Cruise/Wagner estimó que era la oportunidad para testar más a McQuarrie y darle la silla del director.

Y McQuarrie respondió al reto con altura. La forzada (aunque necesaria) cura de humildad que le supuso estar años en la “movie jail” le llevó a quitarse vicios innecesarios, como estructuras poco convencionales sólo por darse el gusto en vez de beneficiar a la historia, y sus años de reescrituras le llevaron a comprender mejor las expectativas y reacciones del público, sabiendo mejor cuando es conveniente subvertirlas y cuando es mejor centrarse en hacer participe al espectador del viaje al que le estás metiendo. Lo aprendió en el guion y lo aprende también a la hora de narrar visualmente.

El primer acto de Jack Reacher resulta ejemplar, sabiendo tomar las notas correctas de Alfred Hitchcock a la hora de presentar la información, manejar la intriga y sorprender al espectador sin dejarlo confuso. Presentándonos una vital pieza de información que los protagonistas deben descifrar nos hace más participes de su investigación, y mantener el suspense con la primera aparición del Reacher de Cruise ayuda a crear interés sobre dicho protagonista, tanto en personajes como en espectador, haciendo más significativo el momento de revelarlo.

El resto del trayecto nos muestra un thriller de investigación y adulto muy satisfactorio, de los que ya no se hacen. Un mediano presupuesto que ayuda a mantener la escala (y el riesgo emocional) a un nivel reconocible y con el que es fácil conectar, y ayuda a desplegar unas secuencias de acción brillantemente pensadas, planificadas y ejecutadas. En el desarrollo de las mismas no nos falta información en ningún momento, sabemos en qué situación se encuentran los personajes y el desarrollo de la acción es visible, cortando cuando es necesario.

Y tampoco faltan momentos de cierta grandilocuencia propia de un film de Cruise, incluso alguna agradecida extravagancia como el villano (Werner Herzog, tíos). Pero la mayor parte de la película se sitúa en un terreno medio muy sobrio, sin tomarse en serio en exceso, que la hace una agradecida singularidad en la trayectoria reciente de su estrella y un valioso soplo de aire fresco en un panorama donde cintas así escasean.

Y, por supuesto, permite a Christopher McQuarrie la posibilidad de redimirse -o mejor dicho, reivindicarse- como cineasta y convertirse en uno de los valores más atractivos en el sistema de estudios. Después de esto, una de las franquicias de acción más importantes ha pasado a estar bajo su batuta, y ha sabido estar a la altura del reto. Hubiera sido muy interesante verle intentando otra aventura por su cuenta para seguir demostrando rango, pero debe ser difícil decir que no a convertirse en el hombre de confianza de Tom Cruise. Yo le entiendo.

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