Cinco obras escondidas de la psicodelia americana

Nos podríamos inventar muchos motivos para realizar esta selección: lo injusto de su menosprecio, su enorme influencia en muchas bandas de hoy en día… No hace falta. Aquí van cinco discos clave de una de las épocas más fértiles y fascinantes de la historia de la música popular. Dos características los unen: cada una, con sus matices, puede definirse como psicodélica; fueron ignoradas en su momento y, en su mayoría, permanecen como jugosos secretos para iniciados.

Golden Dawn — Power Plant

Power plant es el mejor disco que los 13th Floor Elevators jamás hicieron. La oscura historia de este disco está ligada a la banda de Roky Erickson por razones más que evidentes. Formados en Austin y coetáneos de los 13th, Golden Dawn tomaron su nombre del libro de Aleister Crowley The Sect of the Golden Dawn, y aprehendieron mejor que nadie y en muy poco tiempo las enseñanzas de esa biblia que es el Psychedelic Sounds of. En 1968, un año después del lanzamiento de éste, veía la luz Power Plant, una obra maestra que fue directamente a las cubetas de saldo y, de ahí, al culto progresivo con los años.

El parecido de las voces de George Kinney, vocalista y líder de Golden Dawn, y Roky Erickson puede llevar a confusión, cuando no les unía más que la amistad. Power Plant contiene alguna de las mejores canciones del negociado este de la psicodelia, así en general, ‘Starvation’ y ‘Evolution’ por encima de todas; pero también picotea del r&b stoniano (‘I’ll be around’), de un folk cósmico a-la-Byrds delicioso (‘Seeing is believing’, ‘Tell me why’), y de delicados y ensoñadores números acústicos (‘Reaching out to you’) que ahora, 55 años después, uno podría enlazar con Vashti Bunyan, pero que en aquel momento vete tú a saber de dónde salían.

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The Plastic Cloud — s/t

Aquí hacemos algo de trampa, ya que nos vamos hasta Ontario, Canadá. Allí surgieron The Plastic Cloud, quienes en 1968 publicaron uno de mis discos favoritos de la época. Por supuesto, no se comieron un rosco, y el disco ha tardado décadas en alcanzar un poco más allá de los círculos connoisseurs. La distancia geográfica no impidió a los Plastic Cloud crear una obra casi mimética con la movida de la Costa Oeste que se estaba cocinando en ese momento.

Esa Epístola al Paraíso que abre el disco (ay, qué inocencia) bebe de Sagittarius y Love, pero en seguida llega ‘Shadows of your mind’ repleta de fuzz, uno de los rasgos que elevan a Plastic Cloud sobre sus coetáneos. Donde Moby Grape dibujarían folk campestre, ellos lo inundan todo de solos llenos de fuzz (digámoslo de una vez: ese sonido de los dioses). Y cuando decimos todo es todo: la guitarra no da respiro. Especial atención a esos dos viajes de ácido de casi 10 minutos cada uno que son ‘You don’t care’ y ‘Civilization Machine’.

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Kak — Kak

He dudado bastante si incluir este trabajo, por aquello de definir qué es y qué no es psicodelia. Aquí en realidad nos movemos en terrenos del rock ácido, la Costa Oeste en todo su esplendor, donde Moby Grape y John Cippolina mandaban. Kak son otros de esos grupos que nunca alcanzaron la fama, pero que legaron al menos una pequeña obra maestra. Su disco homónimo (reeditado hace unos años bajo el nombre de Kak-Ola) es imprescindible si de escarbar un poco en el género se trata.

Es algo inexplicable que este disco no alcanzase las mieles que si paladearon Grateful Dead o Moby Grape (éstos bastante menos), porque su primera parte está llena de singles llenos de potencial comercial (‘Everything’s changing’, ‘Disbelievin’’). La segunda parte se intrinca todo un poco, llegando a su máxima densidad en los 8 minutos de ‘Trieulogy’, aquí sí, pura psicodelia llena de fuzz.

Morgen — s/t

Un disco icónico de una época por muchas razones. En primer lugar por, lo habéis adivinado, su nula repercusión, pese a los esfuerzos de la discográfica. Morgen, trabajo en solitario del guitar hero Steve Morgen, se publica en 1969, año de cambio del que este disco es una buena muestra: el garaje y folk de los que nacen la psicodelia van mutando en proto hard rock de baterías cabalgantes (el Vincebus Eruptum de Blue Cheer se había adelantado bastantes meses). Por último, claro, su portada, ese Grito de Munch que no podría ilustrar mejor el contenido.

El bajo y la batería que dan inicio ‘Welcome to the void’, la canción que abre el disco, son la puerta a uno de los mejores trabajo de psicodelia jamás hechos, una obra rotunda que al minuto de haber comenzado ya te ha provocado escalofríos con esa risa maligna de Steve Morgen, esos gritos y esa voz desesperada. Lo que sigue no tiene desperdicio. Escuchad atentamente ‘Eternity in between’, con esas melodías post Byrds (otra vez) y ese fuzz (otra vez) que te aprieta los sesos con saña. Cuando estéis oyendo ‘Of Dreams’ habréis relativizado ya todo lo que os gusta Tame Impala.

The West Coast Pop Art Experimental Band — Part One

Para terminar, otra trampa, ya que la West Coast Por Art Experimental Band, además de tener el nombre más cool de la historia, son los más conocidos del lote, por lo que quizá no encajan del todo en esta arbitraria selección. Con el agravante, además, de que elegir un disco suyo implica descartar otras dos obras maestras.

Part One es mi favorito. Cada vez que lo escucho me sumerjo en un mundo infinito donde me siento bastante niño y la música me vuelve a parecer esa cosa inasequible y misteriosa, una sensación imposible de recuperar hoy en día.

En Part One lo veo todo. Cuando la Velvet publicó ‘After hours’ ya hacía 2 años que ‘I won’t hurt you’ existía. Veo una canción tan buena como la mejor que publicaran los Byrds (‘Scuse Me Miss Rose’). Me vuelve loco que una canción se llame ‘Help, I’m a rock’ y, efectivamente, vaya de que soy una roca y que preferiría ser cualquier cosa antes, incluso policía; y me vuelve loco también que esté hecha con un sólo acorde (bueno, esto ya lo habían hecho los Monks un año antes). Y me alucina que tenga alguna de las canciones más bonitas que nunca he escuchado. Ahí está ‘Transparent Day’, que contiene todo Teenage Fanclub en 2 minutos.

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