Cuáles son mis cinco canciones favoritas de Neil Young y por qué

Neil Young las mejores canciones
Neil Young

Neil Young siempre ha sido mi cantautor favorito de los sesenta. Por muchos motivos. Probablemente este es el principal: él y no otros ha sido la influencia más relevante para algunos de mis grupos favoritos de los setenta, de los ochenta, de los noventa y del siglo XXI. Es una figura gigante en la historia de la música rock. Y además, sus canciones tocan algunas de las teclas más importantes de mi vida, algo que ni Bob Dylan ni Leonard Cohen, por citar a dos, han conseguido con tanta solvencia. Lo que sigue a continuación es un breve repaso a parte de su discografía mediante las cinco canciones que más me gustan de Neil Young.

Quizás las haya mejores o más influyentes, pero no hay ninguna otra que conozca más al dedillo. Como la discografía de Young es tan extensa que da vértigo asomarse a ella, la selección es a todas luces insuficiente. No aparece aquí Zuma (1975, Reprise), ni After The Gold Rush (1970, Reprise), ni Ragged Glory (1990, Reprise), ni Harvest Moon (1992, Reprise). No aparecen muchos que deberían estar. Hay un disco que incluso llega a repetirse. De algún modo, estas podrían ser cinco canciones mediante las que iniciarse en Young. Nunca es tarde para ello y da igual por dónde se empiece. El trabajo de Young es tan dispar, abarca tantos campos y es tan influyente que perderse entre sus discos es un ejercicio obligatoriamente premeditado. Sin embargo, siempre he creído que nunca alguien ha merecido tanta paciencia como él y sus canciones.

Powderfinger

La relación entre Lynyrd Skynyrd y Neil Young nunca fue tan agria como los versos de ‘Sweet Home Alabama’ dan a entender. En alguna ocasión, Young ha interpretado el himno en vivo, y hay fotografías que ilustran como Van Zant llevaba camisetas de Young en sus conciertos. Qué fue de su agria polémica con Neil Young, podríamos decir, supongo, aunque entre ambos, grupo y solista, existiera cierta relación reverencial de ida y vuelta. De algún modo la música de Lynyrd Skynyrd bebía mucho de la de Young. No es de extrañar, pues, que el origen de Powderfinger pudiera remontarse a 1975, cuando Young decide componerla para el grupo sureño, aunque finalmente se la quedara para él mismo. No saldría publicada hasta 1979, en el imprescindible Rust Never Sleeps (1979, Reprise). Desde entonces se han escrito ríos y ríos de tinta para desentrañar su significado.

Literalmente. Hay auténticos análisis de contenido sobre el subtexto de esta canción, una de las más reverenciadas por los fans de Neil Young. Las letras de Young hablan de un episodio violento en algún punto indeterminado del sur norteamericano. Pero tras las palabras del canadiense se entrelaza una historia de nostalgia y amor agrio, o al menos así lo deja entrever la guitarra empapada de emoción de Young. ‘Powderfinger’ es la primera canción electrificada de Rust Never Sleeps y de ella surgirían más tarde J Mascis o Teenage Fanclub. Es power pop y es southern rock. Es adaptar la melodía al ruido. Y es uno de los puntos más álgidos de la carrera de Young, el último antes de adentrarse en su inexplicable década de los ochenta y de su resurgimiento como padrino del grunge.

Out On The Weekend

Hubo un tiempo, que ahora parece lejano y nublado, en el que discos como Harvest (1972, Reprise) copaban las listas de éxitos de Estados Unidos. Este fue el álbum más vendido de 1972, y de él se extrajo un single universal: ‘Heart of Gold’. Young estaba en el punto más alto de su carrera musical. Habían pasado apenas tres años de su debut en solitario, pero tras After The Gold Rush había tocado su techo comercial, que no artístico. ¿Es Harvest su mejor disco? Yo creo que no, pero sí es quizá el más emblemático. Entre sus costuras se cuela la tradición musical blanca de Estados Unidos y algunas de las historias más fascinantes que Young ha escrito. Ahí está ‘Old Man’ y el amable anciano agricultor que cuidaba las tierras que Young compró cuando apenas tenía 25 años y en las que aún hoy vive. O ‘The Needle and the Damage Done’ y el relato anticipado de la muerte de Danny Whitten, que se descomponía entre la heroína ante los ojos impotentes de Young y Crazy Horse.

Pero, para mí, la historia más importante de Harvest se encuentra en ‘Out On The Weekend’. La calma que sucede a la tempestad. ‘Out On The Weekend’ es el relato de un pobre desgraciado que, roto por dentro, conduce por las carreteras que rodean Los Ángeles tratando de encontrarse a sí mismo. Sin éxito, es incapaz de escapar del reflejo de la mujer que le ha descompuesto el corazón y a la que ya nunca más volverá. Cada línea de esta canción se clava en lo más profundo del alma, entre la parsimonia del compás y la desgarrada armónica. Como siempre, las letras de Young han sido motivo de diversas interpretaciones, pero hay pocas canciones en su discografía tan libres de ser interpretadas como plazca como esta. Porque podría ser tu historia.

Walk On

Ni el rock ni la crítica musical mantienen hoy la misma relación que hace cuarenta años. El primero sobrevive adormecido, generalmente sin garra, escasamente combativo. La segunda trata de sobrevivir a sí misma entre tanto, víctima de sus propias tendencias y conformismos. La situación era distinta en la década de los setenta: la crítica tenía cierto poder coercitivo sobre los grandes artistas. Neil Young no fue el único en sufrir las consecuencias, pero su episodio es especialmente reseñable: tras Harvest, sus problemas personales se mezclaron con el cambio del sino de los tiempos y su música dejó de tener la aceptación y la popularidad de sus primeros trabajos. Algunos de sus discos, como On The Beach (1974, Reprise), pasaron al ostracismo de la historia. Visto en perspectiva resulta incomprensible por qué.

Dentro de On The Beach, uno de sus mejores discos, se encontraba el probablemente mejor arranque de un álbum de Young: ‘Walk On’. La frustración de Young por sus desaveniencias con la crítica musical derivó en este gran alegato de rebeldía, preñado de grandes arreglos y un estribillo demoledor. Young volcó en ‘Walk On’ parte de su rabia y un luminoso camino hacia el optimismo, porque no todo en la vida debería ser cortavenismo y fatalismo gótico. Camina, camina hacia adelante. Young ha sabido adaptarse como nadie al paso de los años, y el resultado son discos vigentes, un legado presente. On The Beach es otra obra maestra donde Young se adentra en grandes jams instrumentales que a ratos tocan el blues y a ratos el folk.

Cowgirl In The Sand

Neil Young tiene tantas caras que un sólo post es incapaz de abarcarlas todas. Pero sí considero imprescindible hablar aquí de la versión Neil-Young-guitar-hero. Los trabajos de Young a la guitarra en Everybody Knows This Is Nowhere (1969, Reprise), su segundo disco pero su primer gran disco, influyeron inevitablemente a toda una generación de artistas años después. Tanto en ‘Cowgirl In The Sand’ como en ‘Down By The River’, Young dibuja y dibuja pasajes de guitarra sobre la base rítmica que Crazy Horse trazan de manera impecable. No siempre Young optaría por soltarse la melena de semejante modo en todos sus discos, pero las raíces de lo que posteriormente probaría en On The Beach, Rust Never Sleeps o Ragged Glory están aquí.

Desaparece el country y aparece la fiereza rock en toda su magnitud, desde el mismo altar en el que le rezó Creedence Clearwater Revival. Las letras de Young nunca han sido más irrelevantes como en la tremenda ‘Cowgirl In The Sand’: diez minutos de desvarío a las seis cuerdas, con Young improvisando tal y como los impulsos de su cabeza y su corazón le exigían. Es el colofón perfecto a probablemente mi disco favorito de Young, también uno de los menos delicados que le recuerdo ahora mismo. Este era el cantautor aún joven, que desechaba momentáneamente los sutiles caminos del country o del folk rock y que se adentraba en el legado imperecedero del rock ‘n roll. El Neil Young más libre y el Neil Young al que más regreso.

My My, Hey Hey (Out Of The Blue)

My my, hey hey

Rock and roll is here to stay

It’s better to burn out

Than to fade away

My my, hey hey

En su nota de suicidio, Kurt Cobain incluyó parte de los versos de ‘My My, Hey Hey (Out Of The Blue)’: “It’s better to burn out than to fade away”. La frase de Neil Young parecía esconder el secreto de la eterna juventud, pero en realidad sólo resumía lo que para Neil Young era el rock ‘n roll. Cobain interpretó esta línea del Rust Never Sleeps como una forma de vida, pero Cobain siempre estuvo equivocado sobre la vida. La eterna juventud no consiste en legar un bonito cadáver para el resto de la eternidad, porque hasta un recién nacido puede ser viejo. Ser joven no es una cuestión física. Young lo entendía así. Ser joven es una actitud, y de ahí sus líneas. El rock ‘n roll es joven, es aquí y ahora. El rock ‘n roll es “it’s better to burn out than to fade away”. El rock ‘n roll no puede morir si aún hay alguien dispuesto a luchar.

Desgraciadamente Cobain no creía que le quedaran demasiadas cosas que hacer en el mundo de los vivos, y para la historia quedará su nota de suicidio, su epitafio, citando la legendaria canción de Young. Lennon llegaría a criticar esta perspectiva vital, confundiendo el continente del contenido. Young no opinaba que fuera mejor desaparecer repentinamente antes que apagarse poco a poco: creía en ello como una forma de enfocar el arte. O la vida. Y es mejor así: quemar etapas, apagar velas, encender otras, dejar correr lo pasado y dejar pasar lo futuro. No podía hacer otra cosa si quería sobrevivir a los nuevos tiempos. Rust Never Sleeps son los nuevos tiempos. Un set acústico y un set eléctrico. Una influencia capital para el underground USA de los ochenta y para el grunge.

Por estos y por otros muchos motivos creo que ‘My My, Hey Hey (Out Of The Blue)’, la versión acústica de ‘Hey Hey, My My (Into The Black)’, es la mejor canción de Neil Young. Es una bandera. Ha sido versionada miles de veces. Es un himno. El himno mediante el que Neil Young no quiso ser un dinosaurio más. Él no sobrevivió a los ochenta, pero resurgió como ningún otro gran maestro de su generación a principios de los noventa. Y sigue vivo, porque comprendió que el punk empujaba al mundo en 1977 y que la vida era constante evolución. El resultado de choques y luchas de poder. Resulta admirable que desde parámetros folk, tan clásicos, Young resulte tan revolucionario a día de hoy, pero su discografía es la historia de la revolución en muchas ocasiones. Si estoy en lo cierto, ‘My My, Hey Hey (Out Of The Blue)’ y Rust Never Sleeps es la punta de lanza de su ejército. La joya de la corona.

En Hipersónica | Neil Young – crítica de Rust Never Sleeps

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