Cuando Iggy encontró a David Bowie

Situémonos. Estamos en 1971 y The Stooges, después de publicar sus dos primeros trabajos, se encuentran en un momento crítico. A excepción de Ron Asheton, son una pandilla de heroinómanos cuyo cantante apenas puede mantenerse en pie en los conciertos. La cosa se había salido tanto de madre que corría la voz de que Iggy se iba a suicidar en el escenario en uno de sus conciertos y gran parte del poco público que se acercaba a sus directos lo hacía para ver si tenía suerte y lograba presenciar el acontecimiento. Para colmo, ni The Stooges (1969) ni Fun House (1970) vendieron una escoba y Elektra Records les había echado a la puta calle. No quedaba otra opción que tomarse un descanso y reflexionar, si es que aquella panda de tarados era capaz de algo así.

Entonces ocurrió algo: Bowie viaja a Nueva York y, mientras el grupo de Elektra por el que todo el mundo pregunta es The Doors, él decide que a quien quiere conocer es a Iggy. El encuentro se produce en el Max’s Kansas City y ahí prende la chispa. Como en todas las historias de esos años, las versiones varían mucho según quién la cuente, pero todos parecen coincidir en que fue realmente el inglés quien quería trabajar con el americano. Leee Black Childers, fotógrafo y testigo de excepción de la noche neoyorquina de aquellos años, lo explica así en el imprescindible Por favor, mátame (Legs McNeil; Gillian McCain, 1996):

Creo que el encaprichamiento de Bowie con Iggy era debido a que Bowie quería probar la realidad del rock and roll en la que Iggy vivía y que David Bowie nunca podría experimentar porque era un estudiante de arte del sur de Londres mientras que Iggy era un desecho de Detroit. David Bowie sabía que nunca alcanzaría la realidad en la que Iggy había nacido y pensó que podía comprarla.

Raw Power: «O Bowie mezcla esto, o no se edita»

La cuestión es que la cosa funcionó, Bowie le consiguió a su nuevo amigo un contrato en Columbia y se lo llevó a Londres junto a James Williamson para grabar un nuevo disco. Una vez allí no encuentran músicos que estén a la altura, así que acaban haciendo lo que en absoluto tenían previsto en un principio: reunir a los Stooges, aunque con algunos cambios: el bajista Dave Alexander se queda fuera debido a sus problemas de alcoholismo (de hecho moriría en 1975) y es sustituido, muy a su pesar, por Ron Asheton, que se ve así “degradado” para dejar a Williamson el puesto de guitarrista principal.

Así se gesta la obra maestra del grupo, Raw Power (1973), cocinada a medias entre Iggy y Williamson, que firman todas las composiciones. La propia Iguana toma las riendas de la producción, pero el material que entregan no gusta ni un pelo en los despachos de Columbia y reciben un ultimátum: si Bowie no se encarga de las mezclas, el disco no se edita. Iggy traga y el resultado de esas mezclas fue el disco como lo conocemos hoy en día.

Éste fue también el momento en el que sus fans acérrimos declaran a Bowie enemigo público número uno: el disco, dicen, sólo es realmente “crudo” si se escucha como fue inicialmente concebido. Estas grabaciones originales fueron publicadas en 1995 por Bomp Records bajo el título de Rough Power y que su calidad sea tan manifiestamente superior como algunos dicen es una teoría más que discutible pero que despierta todavía encendidos debates en determinados foros.

Vente de gira, Iggy

El caso es que la tercera referencia de The Stooges tampoco fue la panacea: las ventas mejoraron algo, pero seguían siendo muy malas y se repitió la historia: espiral de drogas diversas, problemas internos, conciertos desastrosos y, finalmente, ruptura del grupo. Iggy decide entonces ingresar voluntariamente en una clínica psiquiátrica en Los Ángeles para desintoxicarse y Bowie es uno de los pocos que se presenta allí para visitarle. A su salida de la institución, David decide llevárselo a su gira del Station to Station a condición de que se mantenga limpio y ahí es donde Pop ve la luz:

Jamás había visto a nadie trabajar tanto en mi vida: se levantaba a las ocho y se pasaba todo el día en la furgoneta de camino a un concierto. Allí siempre había una selección de las nuevas cintas de artistas de todo el mundo. Las estudiaba y las escuchaba todas: el tío conocía a Tom Waits o a Kraftwerk antes que nadie. (…) Llegaba a la ciudad, daba un par de entrevistas, se subía al escenario para su concierto y después no paraba: buscaba bandas que tocaban allí aquella noche, llamaba a su guitarrista a las cuatro de la mañana en plan “vamos a escribir una canción”… Me agotaba sólo de verlo. Hasta entonces yo nunca había visto de cerca una gira de verdad, pero vi lo que hacía y me dije: yo voy a hacer esto mismo algún día. Este tío sabe lo que es currar de verdad: ¡no me extraña que le vaya tan bien y a mí no!

El secuestro sexual de David Bowie

Al acabar el tour, la pareja se traslada a Berlín Oeste, donde comparten piso en la Hauptstrasse 155. Esta convivencia desata todo tipo de rumores disparatados, como que David había secuestrado a Iggy o que éste era su esclavo sexual (Angie Bowie decía al respecto: “me pregunto quién se pondría debajo”), pero lo que está claro es que será una etapa de esplendor para ambos: Iggy conocerá por fin el éxito con The Idiot y Lust for Life (ambos de 1977 y compuestos con la ayuda de su socio), mientras que Bowie dará luz aquí a su celebradísima “trilogía berlinesa”, la formada por Low (1977), Heroes (1977) y Lodger (1979).

De aquí salieron también tres temas coescritos entre ambos: ‘Tonight’, (que apareció primero en Lust for Life para acabar dando título al prescindible disco de Bowie de 1984), ‘Sister Midnight’ (que, con nueva letra, se convertiría en la ‘Red Money’ de Bowie) y sobre todo ‘China Girl’, que se incluyó en primer lugar dento de The Idiot pero alcanzó la fama al ser escogida como single de Let’s Dance (1983). Bowie siempre ha recordado aquella época como una de las más importantes de su vida, como en una entrevista con Der Spiegel en 2002:

Cuando vives un éxito masivo, todo se vuelve absolutamente vacío. En los setenta me largué de Estados Unidos para vivir en el anonimato en Berlín. No tenía un centavo e iba por ahí con Iggy en un Mercedes oxidado y tan viejo que podías ver la carretera si mirabas hacia abajo. Nos sentimos como adolescentes de nuevo. Fue fantástico.

Fue ésta, pues, una sociedad extremadamente productiva, hasta el punto de que es difícil resumir aquí todos los puntos de encuentro entre ambos: ahí están, por ejemplo, esas reinvenciones de ‘I Wanna Be Your Dog’ que Bowie hacía en sus directos a finales de los ochenta. El mencionado Por favor, mátame, la biografía de The Stooges publicada por Jaime Gonzalo o un curioso documental holandés de 1986 podrán servir para ampliar materia a quienes estén interesados en una historia que da mucho de sí; no hace mucho leíamos que habrá película sobre los años berlineses de estos dos e inmediatamente pensamos que será imposible no acordarse de Velvet Goldmine.

Iggy Pop ha asegurado que la mayor contribución de los Stooges fue “poner fin a los años 60”. No fue lo único que hicieron (inventaron también, junto con otro puñado de bandas, el punk antes del punk, por ejemplo) y de David Bowie qué vamos a contar a estas alturas que no se sepa. Si hay que poner ambas carreras en una balanza, parece evidente que fue el de Michigan quien salió más beneficiado de este intercambio, pero, como siempre en estos casos, quién sabe cómo habría resultado la historia si los caminos de estos dos personajes no se hubieran llegado a cruzar nunca. Las colaboraciones (y las historias), en todo caso, ahí quedan.

Anuncios