Sí, Daft Punk se han separado oficialmente. Pero asumámoslo (o mejor: asumidlo los que aún esperábais algo), en la práctica ya lo habían hecho. Este anuncio corrobora que hay que cerrar la puerta y dejar de hacerse pajas mentales castillos en el aire pensando en esa posible confirmación para un gran festival sorpresa y teorizar si los años acabados en 7 habría otro Alive. NO. Lo suyo ha sido más bien una separación en diferido: llevan desde 2013 sin producir nada, año en que publicaron Random Access Memories (Virgin, 2013), y sin girar desde 2007 con esa gran pirámide. Por una parte nos da un poco de bajona porque no los veremos nunca en directo, si es que hubo posibilidad; por otra, su discografía se queda quieta y no se arriesga ya a más inventos. RAM tenía partes aceptables, pero es el peor de sus cuatro discos. Y además la despedida con Epilogue ha sido un poco vaga, rescatar un pasaje de Electroma y Touch de fondo, se podía esperar más viniendo de ellos y todo su engranaje, pero es lógico después de tantos años manteniendo algo que podía parecer evidente que no iba a resucitar. Una forma rápida de matar el proyecto (igual un wassap rápido a su agente «oye monta un vídeo rápido y di que finito ya»), aunque en cierta forma, bonita despedida porque repesca esa gran película y un recoveco de su parte faceta más luminosa a nivel musical.

Así, es hora de pasar página, pero para atrás, porque más allá de todo ese merchandising del que pueden vivir hasta el año 3000, los hits de la vida y la turra del ‘Get Lucky’ en su momento, a partir de ahora quedará, como habíamos hecho hasta ahora, disfrutar de su obra. Va pues un pequeño repaso de esa otra cara de los ‘no jits’, si es que eso existe en estos tipos. Sobre todo, en los sonidos que orbitan alrededor del Homework (Virgin, 1997), su mejor obra, antes de meterse en samples que son todo casi plagios/apropiaciones de la música Disco y algo de funk de los 70s. Cuando estaban absorbidos por techno primitivo aunque con esas inspiraciones del Chicago House y la música negra de los 70s.

Drive

Antes de entrar en harina, hay que entender el sonido de Homework, y uno de los temas que lo precede es ‘Drive‘, parte de lo que grabaron en Soma cuando los ficharon Slam. Ahí yace el sonido sin domesticar de Daft Punk, techno regio y directo con pasajes que sonarán mucho por todo el álbum que llegaría tres años después. Beats rockeros que después registrarían, cajas de ritmo contundentes y puro éxtasis. El advenimiento de Rollin’ & Scratchin’. Es decir, una brutalidad.

Phoenix

Obviamente, Phoenix. Dentro de un álbum en el que convergen las cajas de ritmo primitivas, gloriosos detalles funk y varias perlas para la historia de la electrónica contemporánea, todos esos hits y millones de visitas no merecen tapar ni dejar de reivindicar uno de los temas del álbum. Después de su debut llegarían muchos singles para hacerse de oro, pero temas como Phoenix hay pocos: los bombos básicos, las pequeñas pistas de percusión que van entrando poco a poco y ya el paso a ese efecto que aún casi 25 años después suena tan elegante y exótico. Un sonido casi metálico difícil de describir pero que le da ese toque de melodía irresistible. Atemporal. En medio de este armazón de patrones básicos y ese sonido luminoso, el invitado perfecto: el bajo. El que contrasta y da más vitalidad a un tema redondo que es pura alegría. Ideal para ese momento de euforia en la pista de baile, en el club, en el festival; el momento de la mirada de complicidad porque la euforia está llegando a las cotas esperadas.

High Fidelity

Otra de las premisas del Homework, además de esa superficie tosca y dura que tiene fuera de los singles, es el rescate que hicieron Daft Punk del Funk y la música Disco. Fieles a esa inspiración, de la cual dejaron su impronta en mayor o menor medida en sus dos primeros discos, ese espíritu hedonista queda muy reflejado aquí, en ese toque festivo que es quizá el que menos se podía esperar después de los inicios del tema. Kilos y kilos de fiesta encima de patrones sencillos y astutos juegos de estéreo en la parte vocal y esas pequeñas progresiones hasta ese pegadizo high-fiiii-de-lityyyy del que nadie en su sano juicio querría escapar (embriagado obviamente imposible).

Rock’n roll

Sinceramente, a partir de High Fidelity es todo historia. Lo de antes también, pero el final que se marcaron aquí Guy-Manuel de Homem-Christo —iguala ese apellido— y Thomas Bangalter es una de esas cosas por las que Homework es en cierta forma una Biblia, además de un disco de ruptura para acercar la electrónica a las masas; una Biblia de cómo epatar y tocar el house, el techno y el p-funk desde unos mimbres tan sencillos. Pura creatividad. El tramo final del disco es esa parte dura, tosca, de desbarre, de estar empantanado y que todo dé igual. Que solo vaya a más. Eso es Rock’n roll. Rock’n roll es puro r’n’r. La base agresiva, el sonido marca de la casa retorciéndose cada vez más mientras estiran y estiran hasta que aquello se va de madre y no sabes dónde esconderte para entregarle el alma a estos tipos. Si ‘Around The World’ es ese tema sofisticado con el que tomarse una bebida cara, Rock’n Roll es una sesión inflamable en el desierto de Monegros sin proyecciones ni pijadas que te desvíen. Solo el polvo y la gravilla que te golpea, pero que duele menos que la violencia sonora.

Burnin’

Si se había mencionado High Fidelity, no podía faltar Burnin’, de su misma escuela. El scratch cada vez más forzado que prepara el terreno para algo que está por venir y que de repente se transforma en otra canción. El cambio de ritmo, de marcha. La ruptura funk mientras sigue de fondo parte de la secuencia inicial, y qué bien funcionan esos trucos viejos, manoseados, pero ah, tan efectivos, de silenciar varias pistas para dejar solo el bajo sexy y esa percusión que te hipnotiza para que junto al scratcheo vuelva a soltarlo otra vez todo. Cuanto más se contiene más se disfruta después. Los primerizos Daft Punk, antes de ser devorados por la maquinaria comercial en la que ya habían entrado, sabían a qué y cómo jugar. Es difícil a día de hoy no escuchar Burnin’ y no empezar a bailar en la silla, o que se te ericen los pelos de las piernas. Es normal, todos somos humanos (ellos no). <comentario pollavieja> En fin, ya no se hacen temas así </comentario pollavieja>. Qué delicia. Finezza, que diría la cuenta fake de Enric Juliana.

Indo Silver Club

Fuera de los jitazos de Daft Punk hay mucha vida. No es ningún descubrimiento para cualquiera que mínimamente conozca la trayectoria discográfica, que además no es muy extensa. Sin embargo, fuera de los singles siempre están las ‘Teachers’, las (casi nada) ‘Rollin’ & Scratchin’… Pero Indo Silver Club es otro de los niveles difíciles de superar. Cómo iban a superar esto después en los venideros trabajos. Cada uno conceptualmente distinto por su hilo conductor, pero todo aquí es una maravilla, desde la entrada de esas líneas eléctricas que se van deformando y que van entrecruzándose entre sí mientras suena de fondo un marciano patrón que muestra esa creatividad a la hora de construir sonidos diferentes a los de todos. A partir de ahí, sus idas y venidas con el estéreo, con los propios choques entre sí de cada una de esas capas sonoras que después explotan en metralla. Y otra vez a empezar. Salvaje.

Alive

Si en un mismo trabajo has fabricado temas ultra radiables y melódicos que son carne de cañón para el éxito, has llevado tus cacharros analógicos a terrenos de George Clinton y cía y has sometido al oyente con sonidos duros, ¿cómo cierras esto? Pues yéndote a la hipérbole. El contenido duro y abrasivo que ha acompañado a la parte final del disco pasado por un filtro metálico que te deja aturdido. Y una vez más, y es una de las cosas que más me fascinan de este trabajo, la facilidad para rematar al personal cuando ya lo tienes rendido desde lo más sencillo. Le sumas un redoble de batería al final y eso genera una sensación de euforia y clímax que bien vale la paliza que te han metido en Rollin & Scratchin.

Binomio Daftendirekt/Funk Ad

La cuadratura del círculo. Abrir molando y cerrar molando más con esos 50 segundos de distorsión solemne. Su sonido registrado con ese beat tan rockero. Lo que podrían haber seguido creando a partir de aquí. Lástima que no lo hayan hecho (o publicado).

Veridis Quo

Entramos en la parte Discovery. Un cambio radical para dar alas a unas inquietudes que había que satisfacer. Un auténtico giro de guión después del desparrame de energía y sudor de Homework. Daft Punk entraron en el nuevo milenio conquistándolo todo, si es que quedaba algo que aún no era suyo. Habían ayudado a generar esa electrónica para grandes consumos y tenían todo un terreno y público al que enviarle temas mucho más accesibles, pop y tremendamente radiables. Dejando de lado esos sampleos que son casi la canción entera, Discovery tiene una joya digna de recuperar siempre, y es ‘Veridis Quo’, casi seis minutos de fantasía pseudoambiental con una tonalidad que va variando mientras te dejan flotando en el espacio. Una pequeña maravilla que muestra un talento impresionante. Después de las hostias, literalmente hostias que te metían en el debut, que tengan la sensibilidad de esta perla es fabuloso.

Aerodynamite

Aún quedaba más chicha por explotar del sonido de Discovery. En 2003 con Daft Club lanzan varias remezclas y lo que podría ser alguna cara B de su anterior disco como es el caso. Una píldora de french house aceleradísimo en el que reciclan Aerodynamic para meterle unos mayores niveles de euforia, la chispa que le falta a Discovery, que tiene un planteamiento más bailable pero sin apenas zapatilla. Este es el chute de adrenalina que no le hubiera venido nada mal.

Brainwasher/Make Love/Emotion

A partir de Discovery la carrera musical del grupo pierde interés, es cierto que no dejan de haber buenos hits y temas interesantes, pero ya adolece de la locura de su debut y de los flirteos electrónicos de amplio espectro de 2001 con el que ascendieron a lo más alto (aún más). Pero es cierto que en Human After All (Parlophone, 2006) hay algunas cosas más allá de los singles que merece la pena rescatar. Una es Brainwasher, que podría ejercer —a una escala mucho más baja— de la Rollin’ & Scratchin’ de Human After All por la enajenación mental que desprende y esa voz vocoderizada de castigador en una especie de infierno ruidista. Una cosa curiosa es que dentro de estos amplios espectros con los que a veces jugaban dentro de los discos, con grandes contrastes, en medio de Brainwasher y Steam Machine estaba ‘Make Love’, una perlita suave en medio de dos temas perturbadores que encajaría perfectamente en la parte final de Discovery. Lo mismo que esa parte final con ‘Emotion’, un corte propio de su trabajo de 2001 pero con el sonido hegemónico de Human After All.

Television Rules The World

Sin duda, lo mejor del álbum. Los Daft Punk grandilocuentes, exagerando su propia hipérbole, poniéndose trascendentales. Tema de épica y mensajito contra la tele. Todos los presets en su versión más grave, la voz robótica y momento de hacer un headbanging lento.

Pero ya sabemos dónde está lo importante:

Sin casco, sin los sampleos-plagios de años después, con los únicos excesos que los de sus cajas de ritmo yéndose de madre, cada vez más duros, con beats demenciales.

Y otro día ya hablamos de Thomas Bangalter.

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