Futuros valores, el nuevo disco de Pablo Und Destruktion que se lanza hoy mismo, se inicia con ‘El cortejo’, pero en realidad se abre del todo con su segunda canción, ‘ Gijón’, tan autorreferencial como el propio título deja claro, pero también con la virtud de lo universal.

En Pablo siempre ha sido fundamental lo teatralizado, lo que está al borde de lo inverosímil, lindando con el ridículo. Y siempre ha sido la clave del pacto de lectura con el artista porque no es sencillo el equilibrismo en ese alambre. ‘Gijón’ (recordemos, adaptación libre de ‘Amsterdam’ de Jacques Brel) se abre con aires de canción de taberna y, al acabar la primera estrofa, ya ha pasado a balancearse entre eso, la canción ligera y el Lou Reed que actuaba de cronista urbano.

“Eso era Libertad, lo de ahora aburrimiento”

‘Gijón’ es un retrato de nostalgia canalla que parece de otro tiempo… Putas, drogas, ciudades destrozadas, el lado salvaje de la vida, caballo y lubina: todo parece sacado de discos de rock que ya no podrías citar en redes.

Mejor diez puñaladas que un minuto con miedo

“Malditos europeos”, suelta Pablo, buscando un enemigo a una gentrificación que, por más que intente convencernos de lo contrario (“a mí no me convenceréis, yo lo vi de pequeño” … “el resto de Gijón envidia su risa”), es complicado ver igual desde fuera.

Complicado verlo, pero no emocionarse ante su recuerdo, ya real, ya fabulado.

En el puerto de Gijón ahora andan los turistas
Haciéndole fotos al árbol de la sidra
Esto era el progreso,
Esto era nuestra vida
Que se muera el civismo y Viva Cimadevilla

Esa estrofa final, de nuevo localista y a la vez universal, cierra tres minutos intensos con todo lo bueno de Pablo Und Destruktion. Una carta fabulosa para jugarla ante el que aún no se haya convencido… pero, ojo, que no te extrañe si alguien decide cancelarlo tras oírla.