Hay que hablar del elefante en la habitación


A nadie debería sorprender que se hable de Depeche Mode como una banda clave en el desarrollo de la historia de la música, sobre todo durante la década de los ochenta, cuyo sonido y características entroncan directamente con las de la banda inglesa. Mal que les pese, se han ganado su sitio en el olimpo gracias a su papel clave en esa década y a su buen hacer posterior en los noventa -¿cuántos grupos pueden presumir de haber sacado Violator (Mute, 1990) y Songs of Faith and Devotion (Mute, 1993) durante esa década?-.

No obstante, toca abrir de una vez un melón que igual hemos dejado apartado durante mucho tiempo, sabiendo de su existencia pero sin llegar a mencionarlo directamente. Quizá muchos hardcore fans se abalancen contra mi cuello por decir esto, pero tengo la necesidad de hablar del elefante que hay presente en la habitación: el siglo XXI ha tratado muy mal al legado de Depeche Mode.

Igual suena drástico afirmar que el último álbum a la altura de su leyenda, el último al que pocos pueden poner algún pero, sea Ultra (Mute, 1997), pero todo lo que han ido sacando posterior a ese trabajo siempre ha terminado teniendo reservas de algún tipo. Y, al final, lo que muchos acaban rescatando de este periodo son los singles, ese clavo ardiendo al que muchos nos hemos terminado agarrando para seguir manteniendo el (mínimo) interés en ellos.

Y al final estos mismos singles han terminado siendo un reflejo de lo que encerraba el resto del álbum. Cosa lógica, por otro lado, ya que muchas bandas escogen los singles que logren representar con mayor acierto las obras de las que salen. Por eso mismo, hoy nos atrevemos a trazar un repaso ligero de la trayectoria de los de Basildon durante este siglo mediante los singles de cabecera de cada uno de sus discos publicados a lo largo de este periodo.


‘Dream On’ (Exciter, 2001)

Existe una corriente dominante que habla de Exciter (Mute, 2001) como uno de sus peores trabajos, y no seré yo quien se atreva a contradecirla. Desde su lanzamiento, todo lo que nos ha ido llegando ha acabado siendo comparado con este trabajo, pero para ver en cuando lo mejora. “Su peor disco desde el Exciter” no es una frase extraña para cualquiera que haya tenido un debate sobre Depeche Mode recientemente.

Y en esa línea se termina moviendo ‘Dream On’, tema que abre el disco y single principal del mismo. Un tema de pura estética electrónica que esconde un tema de espíritu folk-country, pero que a día de hoy sigue siendo uno de sus singles más flojos ever. Un estribillo que no engancha, un tono general curioso pero que no llega a sonar inspirado, más bien aburrido, y un Dave Gahan que pasa un poco como de puntillas, apareciendo casi porque tocaba. Desde luego, recoge bien lo que es el disco en sí.


‘Precious’ (Playing the Angel, 2005)

La historia volvió a dar un giro con la llegada de Playing the Angel (Mute. 2005), el típico “disco digno publicado por banda veterana” al que poco asco se le puede hacer. Su undécimo álbum de estudio recuperó de nuevo el nivel del notable y nos hizo creer que lo de Exciter fue más un traspiés que otra cosa. Está alejado de los tiempos dorados de la banda, pero tampoco necesita ser tan bueno como los discos de los noventa para ser disfrutable -el que no se venga arriba con ‘John the Revelator’ que confiese ahora-.

Y temas como ‘Precious’ nos ayudaron a mantener el romance con los ingleses. Un single con todas las letras, además de lleno de magia y muy sexy. A muchos nos encantan esos Depeche Mode oscuretes y de pulso rockero en medio de muchos soniditos electrónicos, pero estos que se tiran a cara de perro a los sintes más pop también llegan a molar muchísimo, y este tema lo demuestra. En su caso no es un single de los que se ven en la papeleta de salvar un disco, porque este se sostiene la mar de bien por sí mismo, pero es de esos que ayudan a dar empaque y categoría.


‘Wrong’ (Sounds of the Universe, 2009)

No obstante, Sounds of the Universe (Mute, 2009) nos volvió a poner los pies en el suelo. Se recuperaba esa amarga sensación de tener que ir rascando y repasando mil veces los temas para encontrarles el punto (o al menos algo rescatable) en vez de ser ellos los que te ganasen a ti. Ni ganchos, ni hechizante magia, ni nada para que, al menos, pasásemos un rato entretenido.

Pero AY cuando tras un par de cortes de calentamiento aparece ‘Wrong’ y de repente hace suya la escena. Que lo que viene después no se sostenga hace que incluso su dimensión parezca mayor de lo que en realidad es, pero la realidad es que este es uno de esos singles que sólo le salen a Depeche Mode y a pocos más. Magnetismo puro, con un ritmo y un riff de esos que te agarran y no te sueltan, además de un despliegue vocal de Gahan de esos que se te quedan tatuados en la memoria. En resumidas cuentas: Jitazo.


‘Heaven’ (Delta Machine, 2013)

Mis sensaciones con Delta Machine (Columbia, 2013) han fluctuado demasiado con el paso del tiempo. Recuerdo que en su momento llegué a estar moderadamente contento con el resultado global, pero no llegué a enganchar del todo con él, así que lo acabé dejando de lado y, con el paso del tiempo, me di cuenta de que me había olvidado de a qué sonaban casi todos los temas (y que los temas lleguen a ser olvidables no es una buena señal para un disco de Depeche Mode). Claro, luego lo terminé rescatando y me di cuenta de que el recuerdo agradable era más un espejismo que otra cosa.

Aunque a nivel global sea un disco mejor resuelto que Sounds of the Universe, a Delta Machine le falta como el comer un tema de esos que te haga exclamar “¡SÍ!” conforme empieza a sonar. Sin embargo, la que mejor aguanta el tipo es, cómo no, su principal single, ‘Heaven’. Bajada de revoluciones, con un pulso de balada de estadio y un Grahan en plan crooner conformando uno de los temas que mejor sabor de boca dejan del disco.


‘Where’s the Revolution’ (Spirit, 2017)

La reciente llegada de Spirit (Columbia, 2017) no ha conseguido revertir esta tendencia algo decepcionante para una banda que ha llegado a significar tanto. El trve fan seguirá encontrando motivos para seguir queriendo a la banda de sus amores, pero el resto del universo tenemos que lidiar con un disco soso, plano y con poco a lo que agarrarse.

Y entre los muchos fallos de ese trabajo se encuentra escoger ‘Where’s the Revolution’ como single, quizá un tema que resume bien la obra como conjunto pero que es también uno de sus temas menos inspirados (también de su carrera). Épica intrascendente, falta de poso en la composición y proclama política muy de baratillo y llena de clichés (algo de lo que pecan muchos temas del álbum). Quizá habría sido más acertado optar por ‘So Much Love’ como single que, sin ser una maravilla, resulta más convincente, aunque seguiría sin ser un single que salvase un disco anodino y prescindible.

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