¿Te acuerdas cuando…?

Sí, este año OK Computer ha cumplido 20 años y han corrido, como pasa en todos los aniversarios, ríos de tinta sobre él, sobre el grupo y casi sobre cualquier álbum de los grupos totémicos que invadían mes sí y mes también las portadas de Rolling Stone. Así que puestos a desintoxicarnos y elevar por enésima vez la obra del grupo inglés (cosa que además ya hemos hecho aquí unas cuantas veces), nos centramos en otros álbumes de aquél 1997 que tan lejos queda y que está repleto de historia no sólo por este disco, sino por otros que hacían historia en su ámbito, o que simplemente eran buenos álbumes que merecen ser reivindicados. Valga la excusa del aniversario para regodearnos, una vez más, en la zona de confort, porque pocas cosas sientan tan bien como estar solo en casa y ponerse hasta arriba el volumen de esos discos que te han marcado. Mañana la segunda edición con la electrónica.

Bardo Pond — Lapsed

Quizá se podría decir que es el grupo de psicodelia y space rock del espectro indie, precisamente por la estrecha línea que hay entre la distorsión de estos géneros con el shoegaze que se escondía bajo su muro de sonido. Pero fuera de etiquetas, un grupo a reivindicar siempre, que a efectos prácticos te deja metido en su nube para que allí te asfixies tranquilamente por la presión de sus pedales. Abrir un disco y escuchar ‘Tommy Gun Angel’ sigue siendo una experiencia maravillosa. Un buen pepino para empezar el listado.

Yo La Tengo — I Can Hear the Heart Beating as One

Hay pocos grupos que se adueñen de tu interior tan rápido. Yo La Tengo representan la calma y la clase dentro del indie rock americano; el saber esperar a la explosión sin prisas, construyendo la canción lentamente para luego atraparte. En esta, sin duda una de sus grandes obras, te envuelven con esos cánticos angelicales mientras una suave brisa de distorsión va acercándose a ti. Todo, la profundidad que les da el bajo, la batería calmada e Ira Kaplan punteando y encajando su guitarra, hacen de este álbum una gozada. Uno de esos álbumes para escuchar de arriba abajo y disfrutar en todos los sentidos, sin prisas. Están los medios tiempos clásicos, los temas que empiezan con quinta como ‘Little Honda’, los deliciosos acercamientos pop para deshacerse con ‘My Little Corner of the World’ o la gloriosa ‘We’re An American Band’ reivindicando las raíces de su sonido. Yo La Tengo, la vida.

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Pavement — Brighten the Corners

Parecía que Pavement ya habían tocado techo, pero aún seguían siendo ese grupo de chavales riéndose del mundo, con descaro y cinismo. Con Brighten de Corners trajeron algunas de sus canciones más célebres, los hits del underground. Dejando de lado estas, el resto del disco sigue teniendo esa atmósfera juvenil, fresca, aunque sin el empuje de su anterior e histórico triplete. No siempre se puede estar igual de inspirado, pero desde luego, sigue siendo un disco que ha aguantado bastante bien el paso del tiempo, prácticamente igual que sus hermanos mayores. Una gran producción y algún puñetazo en la cara que ha quedado impreso en la historia del rock independiente. Como este jitazo que tenemos arriba.

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Mogwai — Young Team

Qué decir de Mogwai. Desde ‘Yes! I Am a Long Way From Home’ hasta la totémica ‘Mogwai Fear Satan’, el debut de los escoceses es una de las piedras de toque del post-rock y uno de los discos más importantes de la década. Después de tantos años en activo, esos rugidos aún siguen sin cansar en directo, donde exhiben músculo como pocos grupos en directo. En los últimos tiempos están dando síntomas de agotamiento con discos de los que se extrae menos de lo habitual, por eso volver a este debut es reencontrarse con el alegato joven y las ganas de comerse el mundo que tenían. Desde el primer corte hasta el último hay un sabroso recorrido por las fauces de la bestia, la profundidad de su sonido y esa necesaria sensación de desaparecer y difuminarse entre el torbellino sonoro que representan. Noise, épica, crudeza, vitalidad, las flautitas y el resto de la instrumentación… aquí está todo. Reencontrarse con el disco y escuchar el primer tema: piel de gallina siempre.

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Built To Spill — Perfect From Now On

Doug Martsch, el eje sobre el cual gira Built To Spill, nunca tuvo mucho aprecio por sus letras. Sin embargo, en este disco, en el ecuador de su tridente mágico, su lírica alcanza un punto brillante, a mitad de camino entre lo metafísico, los momentos existenciales y dudas vitales. Todo eso bañado en canciones que rara vez bajan de los seis minutos, a pesar de ser su primer disco con un gigante como Warner. Un disco más espacial, más orgánico, con vendavales guitarreros, cambios de ritmo y atmósferas que te dejan flotando. Sin duda una de sus mejores obras y una valentía entrar en una multinacional con un álbum así. Pero ya se ha visto que fue un acierto. Dis-ca-zo.

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Modest Mouse — The Lonesome Crowded West

Hay gente que odia los 90s, yo les entiendo. Las pintas podían ser avergonzantes aunque tenían su aquél, empezaron a surgir grupos de dance con cintas con las que algunos nos criamos y que eran cosas chusqueras pero divertidas. Sin embargo, el indie rock de segunda generación en EEUU seguía su camino y de entonces algunos grupos hoy son la sombra, como el caso de Modest Mouse, sin embargo, en aquélla década estaban en plena explosión creativa. En este segundo álbum seguían apostando por guitarras afiladas, por tempos narcotizantes o largos desarrollos en los que derramaban su angustia o su inmediatez. Canciones de raza y otras para disfrutar en soledad. Gracias a su empuje, descaro y a esos pasajes de melancolía, encontraron un sonido característico por el que se les reconoce. Nada fácil en general, y menos dentro de un estilo que después de los 80s tuvo ocho mil practicantes.

Morphine — Like Swimming

Aunque Morphine ya habían dejado para la historia su mejor trabajo, Like Swimming sigue siendo un disco en el que encontrar maravillas, porque Mark Sandman funcionaba aún como esa suerte de crooner que tenía un gran magnetismo para componer canciones y para trasladarlas al estudio. Dentro de lo único e inspirador del conjunto, dos años antes de la trágica muerte de Sandman, volvió a dejar su huella aquí con algunas de sus mejores canciones.

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Sleater-Kinney — Dig Me Out

La supervivencia de la actitud punk y su mezcla con el mayor talento del movimiento riot grrrl. Puro nervio, clase, y sobre todo, un álbum que aún hoy desprende mucha emoción. De la tensión sexual, las inseguridades, el miedo y las rupturas (en el propio seno del grupo), que se quedaron grabadas en canciones que se clavan como una estaca en el corazón. Todo ello con ese aroma rock and rollero y punk que sobrevuela todo el disco. Un tema que te deja el corazón en un puño. Tensión, descaro, empoderamiento y sobrada calidad. Abajo la testosterona, arriba Sleater-Kinney.

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Polvo — Shapes

Es uno de los mejores regalos que nos hizo Chapel Hill. Su músculo, su ritmo matemático, sus guitarras desgarradoras; Polvo exhibieron su poderío durante toda esta década. Si bien Shapes no está a la altura de sus espléndidos hermanos mayores, es un buen trabajo que exploraba nuevos sonidos, alejándose de la losa que suponía su música cuando caía sobre tus oídos. Aunque seguían concentrando algunos de sus pilares básicos como esas voces camufladas entre los instrumentos, la tensión de guitarras angulosas y alguna canción muy larga. Había que dejar la huella y Polvo volvieron a hacerlo. Sin tanto plomo, pero manteniendo el nivel dignamente.

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Ween — The Mollusk

Ubicados entre el surrealismo, el sarcasmo y la autoparodia, Ween forman parte de ese otro espectro underground americano no tan aclamado. En línea de gente como Butthole Surfers, macarras y hedonistas, este es otro de sus discos sin hits, lisérgico por la experimentación con la multitud de cacharros o simplemente por el juego con sus instrumentos en parámetros muy diferentes entre sí en sus propios discos. The Mollusk, bajo el cajón de-sastre del art rock, tiene joyísimas pop como la que da nombre al disco, himnos irlandeses de taberna, psicodelia triposa a lo Flaming Lips, frenetismo Minutemen e indie rock americano noventero canónico. Un disco hijo de su tiempo y que hoy sigue sorprendiendo por lo actual que puede sonar. Una obra de arte.

Björk — Homogenic

Homogenic es una de sus grandes obras. El álbum en el que se sigue transformando y erigiéndose como una de las compositoras femeninas más transgrssoras y vanguardistas de los últimos tiempos. De un art pop más oscuro y electrónico a un art pop más luminoso, que se funde en la electrónica y que toma recursos de algunos géneros entonces en auge, como la IDM. Esa toma de coordenadas sonoras de otros estilos y la forma en la que se los lleva a su terreno hacen de este disco una amalgama musical de bellísima factura. Visto en perspectiva, sorprende ver todo lo que aún hoy ofrece; cómo se renueva musicalmente y se adapta a los estilos electrónicos coetáneos.

Ocean Colour Scene — Marchin’ Already

Ocean Colour Scene es uno de los grupos ingleses más talentosos de su generación. Aunque quedaran como unos eternos segundones y alejados del britpop por convicción propia, la guitarra de Steve Cradock y sus golpes clásicos y sesenteros resuenan de maravilla en este disco. Desde el arranque del disco a auténticas perlas como ‘Get Blown Away’, OCS tienen canciones que pasan por encima de algunos de sus compatriotas que tanto se pavoneaban durante la década.

Godspeed You! Black Emperor — F♯A♯∞

Si lo que se esperaba, se espera y se seguirá esperando del post-rock es la explosión, la contención para después disfrutar la dinamita, los canadienses GYBE! se pasaron por el forro ese esquema en bastantes ocasiones. Hicieron del género una postal como la de su portada, pura poesía con líneas de cuerda, viento y una intensidad por momentos que siempre aumenta, pero nunca estalla; instrumentación en la que convergen emociones y atmósferas que erizan la piel. Dentro de la violencia que traía Mogwai, los canadienses metieron delicadeza. Pura poesía.

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Blur — Blur

Los chicos americanos de camisa de cuadros de leñador y vaqueros cortados por la rodilla habían conquistado el mundo. Y desde las islas habían respondido haciéndose valer con el britpop. Sin embargo, Blur deciden probar y meterse en ese rollete americano. Y ni tan mal. Más allá de la canción archiconocida por el FIFA, miles de pubs y por estar trillada hasta niveles insospechados, en este disco de homónimo título tenemos de todo: desde la bella electricidad de ‘Beetblebum’ hasta la maravillosa intimidad de ‘You’re So Great’, pasando por el himno de volandas ‘Death of A Party’, Blur demostraron poder cambiar de registro y seguir siendo brillantes.

Teenage Fanclub — Songs From Northern Britain

Después de todo un Grand Prix, no es fácil aguantar el tirón. Salvo que estés en grandes momentos de creatividad, y Teenage Fanclub y su power pop lo estaban. Canciones para un domingo o para una vida. Te lo preparan como haga falta, sobre todo con una recta final de disco que es una simbiosis entre pura orfebrería pop y regalos en forma de vocales para deshacerte junto a guitarras bien enérgicas. Pura vitalidad.

Grandaddy — Under the Western Freeway

Aunque en este disco es donde se encuentra la conocida ‘A.M. 180’, Under The Western Freeway es un trabajo bastante completo y que aguanta bien el paso del tiempo por una de los rasgos más distinguibles del conjunto, su elocuente asociación con la tecnología y los cacharros. Pero también por el espíritu que esconde, nostálgico o no, de cuando descubres en el cajón uno de esos discos llenos de polvo que no recordabas y que dentro tienen mucha vida, como este LP. Uno de esos discos que te alegran el domingo por la tarde.

The Dandy Warhols — …The Dandy Warhols Come Down

Sí, The Dandy Warhols ya estaban por allí. Gente completamente olvidada ahora, y que en el albor de lo alternativo de los 90s, prefirieron alejarse de todos los grupos que salían bajos las piedras y mirar hacia horizontes más psicodélicos. Con olores a Flaming Lips y ambientes viciados, tanto el disco, con una gran variedad, como el grupo, atrapado en el ‘Bohemian Like You’, a descubrir. Tienen canciones bastante notables, y este LP es un ejemplo de ello.

Helium — The Magic City

Mary Timony es uno de los nombres propios del indie rock femenino americano. No sólo por proyectos recientes como Wild Flag, sobre todo por su pasado, por proyectos como Autoclave o Helium. En su segundo disco combina esos aires de cierto grunge con melodías adictivas en forma de pop, de instrumentación afilada o de largas progresiones de tintes psicodélicos. Una de tantas formaciones olvidadas, lejos de los pilares del género, pero con buenas colecciones de canciones.

Buena Vista Social Club — Buena Vista Social Club

Casi cincuenta años de que el popular centro social de música y baile de La Habana cerrara, el estadounidense Ry Cooder logró reunir a algunos de los protagonistas de aquél club, para conseguir un disco trascendental como este, en el que se junta el talento de agentes como Compay Segundo u Omara Portuondo para explotar todo el potencial de la música popular cubana. Y para ponerla en valor. Un disco que abrió al mundo musicalmente no sólo a Cuba, sino a América Latina y sus músicas populares. Catorce temas de momentos de grandioso éxtasis para bailar, boleros o jazz cubano. Un absoluto y brutal viaje que destapa las raíces de todo un pueblo.

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