El indie está muertJODER ¡Mira qué puto temazo!

Probertoj, Black, Chou, Mohorte… Sí, ya estamos (casi) todos aquí. Por estar, ha vuelto hasta Isra. Así que ya que parece que nos ponemos, habrá que volver al redil. Vuelve Hipersónica y vuelve el puto indie. Porque si volvemos hay que hacerlo bien. Con su turrita de toda la vida.

Cada cierto tiempo veo en redes sociales el típico comentario de “el indie son los padres”, “el indie es una mierda”, «esto ya no es lo que era» o incluso libros de expiación penitente de los que mejor no comentar. En definitiva, cuestiones derivadas de toda esa entelequia que bordea lo ‘indie’ —a algunos les explotará la cabeza cuando sepan que el indie como concepto va mucho más allá y también es o fue aplicable a Black Flag—. ¿Qué lo es y qué no lo es? ¿Hablamos de una forma de producir y concebir el arte o de estilos musicales? La mayoría de estos comentarios vienen por lo segundo, y seremos más concretos, o lo que nos importa hoy, el indie rock.

Hablemos de ello

Su ‘problema’ es el que ha pasado con cantidad de géneros: estilos exitosos con fórmulas mágicas pero manoseadas que se repiten y copian hasta la saciedad, algunas veces con fortuna y otras sin ella. Nada nuevo. Pasa con todo. Con el techno, con el ambient, con el pop rock, con el mainstream o con el post-punk (¿os acordáis de aquello del postpostpost-punk?). Aún hay incluso algún estertor de aquella ola de post-punk revival, que afortunadamente casi ha muerto. Aunque aún hay supervivientes como The Futureheads haciendo cosas. Tienen todo el derecho si Weezer continúa prostituyéndose en el estudio, por otra parte.

Pero vayamos a lo importante, dentro de las cosas que hay que aguantar cada año, muchas de ellas con el piloto automático y las cuatro distorsiones de turno, sigue habiendo algunas huellas realmente buenas en las que disfrutar. Más o menos difíciles de encontrar, sobre todo anualmente. Pero sí, lo de realmente buenas significa REALMENTE BUENAS. Todo viene a colación del que fue primer adelanto del nuevo disco de Big Thief. Sin ser yo nada de eso. Como ya hemos hablado en la parroquia interna, ni me ha acabado de convencer U.F.O.F. (4AD, 2019) de este año, ni me sorprendió especialmente su debut. Sin embargo, hay que reconocer que al contrario que con otros grupos que han sido bastante reconocidos a nivel internacional el curso pasado por ejemplo, con propuestas inanes, los de Brooklyn tienen bastante personalidad con ese elegante cruce de Americana con un indie bastante soft.

Temas sobresalientes en discos no tanto

Y dentro de esa propuesta, que no me acaba de llamar en demasía por jugar demasiado tiempo a bajas revoluciones, y el reciente Two Hands (4AD, 2019) lo confirma, da la impresión de que podrían hacer mucho más. Ganan bastante cuando se desmelenan como hacían en su primer adelanto —menudo hype me creó—. Imaginaba que podía ser el único tema así y así ha sido. Pero joder, JODER. ‘Not‘, ese primer regalo del disco, es una rara avis dentro de la trayectoria del conjunto de Brooklyn, más habitual del minutaje tradicional de los tres minutos. Sin embargo aquí tienen esa evolución lenta, mezclando rabia con elegancia, siendo imposible que te suelte una vez te coge. Un precioso tema de Adrianne Lenker que parece hablar sobre la dualidad sexual y cuestiones de género, que por supuesto sería menos bello sin la guitarra y solemne de Buck Meek poseído por Ira Kaplan, culminando la canción con un punteo que es de lo mejor del año.

Así pues, se trata de un disco de envoltorios delicados mucho más que guitarras afiladas a las que nunca han estado demasiado adscritos. Pero esconde esa perla que podría mostrar a otros Big Thief. Más cerca de Yo La Tengo y de Posse. Pero no estamos aquí para hablar de Posse. Representa uno de esos grupos que puede que no te entusiasmen demasiado por gusto, pero su propuesta cualitativa y con personalidad está fuera de toda duda.

Por otra parte, dentro de los trabajos de indie rock que encontramos todos los años están esas propuestas que suenan guay, pero que al quedarse estancadas suponen que cada disco del grupo sea prácticamente el mismo, por lo que el techo ya muestra unos límites claros que no serán superados. Es lo que me ha pasado este curso con Green and Gray (Exploding in Sound, 2019), el nuevo álbum de Pile, un conjunto que ha ido siempre discurriendo entre el indie rock tradicional y el post-hardcore, en varios de sus años pasados pareciendo que iban a explota en el siguiente, pero luego quedándose siempre en ese borde. Esperando un salto de calidad que no llega, con el lanzamiento de este año ya tenemos a un grupo estancado, haciendo más de lo mismo, y que en realidad ya venía haciéndolo antes. Las oportunidades para encontrar algo más finalizan.

*(Recomendación: poner el radar siempre en Exploding in Sound)

Un camino similar el que están siguiendo Kal Marks, virando más hacia el post-hardcore de Unwound, pero con algunos detalles por encima de Pile, con una melodía más elocuente, dosis de gritos y salidas por la tangente con ritmos de batería inesperados, bajos prominentes y guitarrazos sin desesperarse y sacarlos a pasear a la primera de turno. Tienen un grado de dramatismo en sus canciones que suele ser bastante adictivo, aunque a veces puedan sufrir ese peligro de estancamiento de Pile si no modifican su modus operandi. De momento, aguantan. Este año tienen nuevo EP.

Más gente que este año vuelve con nuevo disco y propuestas interesantes: Drahla. Indie rock de clara referencia a Sonic Youth y más concretamente de una inestimable querencia por Kim Gordon. Su vocalista, Luciel Brown, también toca el bajo (o la guitarra), pero sin duda, tanto su forma de tocar como de cantar viene directamente de Gordon. Líneas de bajo simples pero potentes y mucho de spoken word. Su debut de este año, Useless Coordinates (Captured Tracks, 2019), no sólo gira sobre esos ejes, también tiene mucho de post-punk, pero no del de cortarse las venas con el bajo omnipresente, sino de uno bastante más movido y similar al que hacían The Organ. Muchos puntos comunes, pero bien ejecutados. Una simbiosis curiosa entre ambos estilos que deja unas cuantas canciones para disfrutar.

Una pequeñísima muestra de formaciones actuales, con mayor o menor interés, pero bien ejecutadas todas ellas, intentando salir del saco de aquellos que siguen en la zona de confort y que tiran de A-B-C, con el piloto automático, faltos de inspiración. Un saco en el que han caído Pile como como decíamos más arriba u otros americanos como Speedy Ortiz. La lista puede ser muy larga. Como largo es el amplio abanico del indie rock y de todos los estilos que toca cuando sus límites se difuminan con otros. Ejemplo son aquellos que miran hacia la americana, hacia el post-punk, hacia el post-hardcore, hacia la psicodelia como Ulrika Spacek o hacia el noise y propuestas más ricas de hoy, como la de Tropical Fuckstorm, que merecen otro post.

Algunos años atrás para buscar inspiración

Un post que llevaba tiempo queriendo escribir tras ver en muchas listas bastantes propuestas de grupos jóvenes, más canónicas en lo indie, como Camp Cope, Soccer Mommy, Girlpool o Snail Mail. Ejemplos de ejercicios con el piloto automático que con un impulso relativamente comercial detrás, llegan a un reconocimiento importante fácilmente. Dentro de esas coordenadas, siempre he preferido a gente como Courtney Bartnett (en solitario), con mucha más pegada, o EMA, al menos en sus anteriores trabajos, construyendo auténticas cancionazas con trazas de himno con poco más que una guitarra y un vozarrón solemne.

En efecto, nos hemos ido un poco para atrás, estaba previsto. Una muestra de que hay que buscar mucho para encontrar pequeños grupos actuales que te llenen. Y de paso, aprovechar para poner el retrovisor y recuperar algunas de las grandes canciones o proyectos interesantes de hace unos años. Dejando de lado amigos queridos de esta casa como fueran Male Bonding o Fat History Month. Así que con la excusa del temarral de Big Thief miramos trabajos de bandas desconocidas en activo que hace tiempo que no publican nada, como el caso de Warehouse. Desde EEUU, a mediados de década, el grupo de Atlanta publicó un buen debut, pero sobre todo en su segundo largo dieron más cuerpo a su propuesta. Un término medio entre el indie rock, derivados del post-punk y guitarras jangle que entraban cuando menos te lo esperabas, ya que partían de estructuras más arties.

Sin noticias de grupos prometedores

Un álbum diverso en el que destaca la personalidad de su vocalista Elaine Edenfield y sus diferentes registros, deslizándose sobre las estructuras simbióticas de sus compañeros, elegantes progresiones jangle, medios tiempos de post-punk y barnices indierocker. Pequeños y elegantes cambios de ritmo que se manifiestan en ‘Arbitrarium V‘, un tema que puede servir como ejemplo de la filosofía sonora que sigue el conjunto.

Otro álbum al que suelo acudir relativamente bastante es el debut de los alemanes No Jaws, Young Blood, de 2014, mejorando notoriamente su proyecto anterior. Un trabajo más canónico en el que se refleja la inmediatez, notablemente ejecutado, en el que se puede oír influencias claras de gente como Pavement, pero sin caer en el intento de emularles. Una interpretación respetuosa del género, cruzada con la frescura y el empuje de un proyecto debutante. Siempre con unas coordenadas sonoras bastante flexibles a la hora de pasar por los puntos comunes inevitables.

Un proyecto parece que a día de hoy está parado, y es una lástima porque un nuevo LP permitiría ver cómo continúa la cosa. Con todo, dejó un debut bastante completo, con el desenfado y el impulso juvenil de Pavement y la virtud de sus medios tiempos bañados en cierta nostalgia, distorsiones que huelen mucho a Dinosaur Jr. y algún inevitable binomio guitarrístico que viene con rúbrica de escuela Sonic Youth. En definitiva, una lección muy aprendida, reminiscencias clásicas pero sin oler a cutrez; un trabajo que condensa bastante bien la pulsión del indie rock de los primeros años de esta década y los finales de la anterior.

Pequeños discazos

La siguiente parada también es de 2014, y también de paletas sonoras que van más allá de los cuatro puntos comunes que vertebran el indie rock. Como lo mencionado anteriormente, algo de jangle pop y amagos de americana en el que es uno de los debuts (y discos) más inspirados del género de esta década. El de Nap Eyes, Whine of the Mystic (Paradise of Bachelors, 2014). Un disco de los que no hace mucho ruido, humilde, pero con unos rincones y detalles deliciosos. Desde la voz de Nigel Chapman hasta la amplia gama de medios tiempos que hay en el disco: temas solitarios y áridos para ahogar en la barra del bar y otros más luminosos y melódicos, con una intensidad instrumental que crece en bloque.

Pequeños cambios de ritmo, guitarras que se deshacen en los oídos sin que te des cuenta mientras Chapman te canta pequeños himnos. Canciones de perdedores, de mares de dudas y letras introspectivas que junto al acompañamiento musical te hacen un nudo en el estómago como un enamoramiento imprevisto. En el brillante debut hay varias perlas con esas pequeñas cosas que hacen de él ese disco humilde, pero que crece sobremanera con una montaña rusa emocional sin que te des cuenta. Talento absoluto.

Era broma, claro que vamos a hablar de Posse. De hecho en realidad esto es una excusa para hablar de Posse. Empezamos hablando de un gran tema de esos largos y cerramos con otro similar. Mejor. Finalizamos con una de las canciones más soberbias del indie rock de los últimos años. Un disco, Horse Blanket LP (2017) con el que se despidieron para nuestra desgracia, después de dos discos bastante buenos y esta referencia en la que sacaron a pasear esta portentosa pieza. Y sí, otra vez hay que sacar a pasear a Yo La Tengo, porque el poso que dejaron en Posse es obvio, y como se suele decir, en este tema, el alumno supera al maestro en sus últimas producciones.

La encarnación moderna de Yo La Tengo

Un tempo constante, lento, repetitivo, acompañado por un dueto vocal que deja paso a la coraza instrumental, que prepara el terreno para que entre la distorsión por la puerta grande. Una atmósfera cargada, unos punteos afiladísimos con un reverb a tope que acompañan la cúspide en dos momentos clave: la parte del Foggy and bored / TV is skewed / Nothing to say / Nothing to know and do y el momento en que la batería y el bajo entran para imprimir más fuerza y arrollarlo todo.

Una especie de expiación de la ansiedad que había acompañado las composiciones del grupo, siempre mostrando sus vulnerabilidades, rechazos e inseguridades. Aquí vemos cómo lo envían todo a la mierda con una letra surrealista y una música que se va desquiciando conforme avanza. Un tema con picos atronadores que después dejan rienda suelta para la parte intimista que ya se conocía de la formación. Una pieza abrumadora digna de despedir una carrera en el punto álgido, que es el que representa esta canción.

Valga este ejercicio de rescate de grupos y canciones actuales o pasadas para dejar patente que Hipersónica ha vuelto y el indie rock nunca se fue. Aunque cueste más o menos encontrarlos, siempre estará ese grupo que tira de automático de forma decente, como Diiv con su viejoven shoegaze, otros que se van como vinieron, como Posse, y otros que seguirán organizándose sus cosas y tocando de cuatro personas y media, aunque sus canciones sean lo más.