Quedan al menos 20 días para que acabe el confinamiento, y todo apunta a que si no finaliza ese día, seguiremos encerrados pero saliendo de forma gradual. Así que si ya te estás subiendo por las paredes, no sabes qué hacer, o peor, qué escuchar, te ofrecemos una propuesta de electrónica que haga más llevadera la espera. O al menos, que mejore tus momentos de quedarte en babia mirando por la ventana. Juntos por la sugestión. Eso sí, algunos no solo no son válvula de escape, sino que para los más masocas, ayuda a ahondar en la sensación de estar encerrados. Cada uno elige. Así que como regalo, una lista de spotify con un tema por artista, al final del texto, y ampliado más allá de lo que hemos propuesto aquí inicialmente (con IDM más ambiental, por ejemplo).

El ambient de los grandes

Era previsible que apareciese el omnipresente nombre del irlandés, que tiene piezas para todo tipo de estados de emoción, para mejorarlos y para empeorarlos. Si bien la idea de este primer bloque es un ambient más relativamente ortodoxo, que ejerza como narcótico, con ese dicho de «la música amansa a las fieras», lo fácil en efecto era ir a cualquier de los dos Selected Ambient Works. Como en la discografía de Richard D. James hay vida mucho más allá, nos quedamos con el tema que abre …I Care Becase U Do (Warp, 1995), el disco de transición entre esas obras totémicas para el ambient moderno —y en general— y esa barbaridad de IDM y Drill ‘n’ Bass que es Richard D. James Album (1996, Warp). Línea ambiental y recursos secundarios marca de la casa.

Por algún triste motivo, Stars of The Lid han quedado olvidados en un cajón. Y es una verdadera lástima porque el dúo de Austin es uno de los proyectos ambientales más sugestivos y preciosos de los últimos 30 años, con importantes discos tanto en los 90s como en los 2000, dejando en 2001 una obra casi perfecta como The Tired Sounds Of (Kranky, 2001). Aunque con el drone también jugaron (o juegan, porque no hay constancia de su separación), sus secciones clasicistas aumentan mucho el valor añadido de su propuesta.

Fue una gran noticia la de la vuelta del germano Gas. Con un sello personal claramente distinguible, su ambient tremendamente evocador, con un discurso sonoro temático y diferente en cada trabajo, hacen de él siempre una segura e inspiradora apuesta. De esa larga lista en la que decidirse por alguna de sus numerosas maravillas, aquí hay predilección por Königsforst (Mille Plateaux, 1998), una de sus obras cumbre en la que la sensación de estar fuera del lugar en el que te encuentras, sumergido en un espacio natural en el que no hay preocupación ni problemas, es fascinante.

Qué decir de esto. De Brian Eno. Después de su corta trayectoria por Roxy Music y su art rock en solitario, él solo diseñó y dio forma a esto que hoy conocemos como ‘ambient’. Claro precursor y visionario en la música electrónica. Si a menudo hablamos de Aphex Twin como una de las piezas indispensables de la electrónica contemporánea, y una de la grandes mentes del ambient, no habría habido nada de esto sin piezas adelantadas a su tiempo —lógico, como todo lo que se inventa—, como la primera de la gran saga Ambient, que vendría a ser una de las Biblias. Music for Airports (Polydor, 1978) es algo tan, tan inmenso, una pieza que advertía el futuro y que aún hoy suena tremendamente actual si se hace un repaso por trabajos varios de ambient, o de electrónica en general, como el uso de esos vocales fantasmagóricos que se disipan en el aire. Genio.

A mitad de camino, como tantos otros de su generación, entre la IDM y el ambient, Boards of Canada supusieron otra de las piezas clave en esas coordenadas sonoras durante las pasadas décadas, diseñando varios de los trabajos clave para ambos géneros a finales de los 90s y principios de la siguiente década. En Music Has The Right to Children (Warp, 1998), una vez más de la mano de Warp y utilizando material analógico, la formación escocesa navega como pocos en las imágenes del pasado, teletransportándote a recuerdos pasados, evocando esa nostalgia por días pasados que en esta cuarentena tiene más de uno. Y aquí esta pieza mágica, que se eleva por encima de todo con un aura de solemnidad por su belleza y poso.

Obligatorios del ambient y la erosión de hoy

En efecto, si hablamos de algunas de las figuras claves en el ambient de hoy, actual, a pesar de que todos los mencionados anteriormente siguen en activo, hay nombres que se han hecho su hueco propio y hoy son referenciales. Uno de ellos, por supuesto, Alessandro Cortini, que volvió a pasear su santa mano por nuestro lomo el año pasado con Volume Massimo y este año ha facturado otro notable trabajo junto a Daniel Avery. No son sus mejores álbumes, lo cual habla ya de por sí de su nivel. Durante la pasada década se ha erigido como uno de los artistas más relevantes, con piezas que tienen todo lo que se les exige, construcciones no monolíticas, emoción en aumento y ambivalencia para jugar con las atmósferas. Ahí queda esto.

Otro de los nombres propios que no puede faltar es sin duda el de Tim Hecker. Desde el drone más o menos intenso, hasta un ambient en el que ha innovado introduciendo todo tipo de matices en multitud de capas superpuestas, además de composiciones con un trabajo minucioso para representar músicas pasadas, el suyo es quizá el nombre que habría que poner en mayúscula. Su sensibilidad, su producción, sus pequeños cambios de guión dentro de las propias canciones… Una mente privilegiada.

Aunque sus producciones también se baten en el cobre con la línea delgada que separa el ambient de elaboraciones más netamente drone, qué duda cabe de que Lawrence English, a pesar de una dilatada trayectoria, ha cogido mucha fuerza en los últimos años. Es uno de esos nombres a los que siempre hay que atender por las texturas que hay en cada trabajo, con mayor o menor ejecución, pero siempre con un toque de elocuencia y talento que es necesario rescatar. En la cumbre de sus trabajos, el fantástico Wilderness of Mirrors (Room40, 2014).

Aunque uno de los discos que por aquí siguen marcando, y se ha visto que han dejado una buena herencia, porque Dino Spiluttini sigue ahora en activo, mostrando que hay vida mucho más allá de aquel split con Nils Quak, es en efecto Modular Anxiety (Umor, 2014). Dos artistas mostrando su apuesta por el ambient y el drone, con visiones diferentes, uno más fino y atmosférico, otro más secuencial y uniforme, pero en cualquier caso, complementarias. Así lo atisban las perlas que conforman la colaboración y que aún hoy es uno de mis discos de cabecera en la materia. Geometría y vacío. Para disfrutarlo.

Si subimos un poco la intensidad de estas atmósferas, esta vez yéndonos a propuestas más vigorosas, de dark ambient, hay un nombre que brilla por sí solo, y cuyo nombre ya nos evoca a alguna de las películas espaciales que tan fuerte han pegado en los últimos años. Y ese es sin duda Roly Porter, que lleva de casa esa imaginería espacial en sus álbumes. Sus dos últimos discos son harina de otro costal. Para abrocharse el cinturón y prepararse para el despegue (con auriculares, eh) y flipar.

Y si Porter es el encargado de lanzar el cohete hacia el espacio para que contemples la supernova, el productor de Sri Lanka Paul Jebanasam es el que te deja suspendido en órbita mientras observas todos esos cuerpos celestes brillando con toda su magnitud y chocando entre sí. Un atronador trabajo de drone, de los que quita el hipo, con una potencia excepcional. Su último LP hasta la fecha, Continuum (Subtext, 2016) solo tiene tres cortes, de entre 10 y 15 minutos. Pero joder, qué temas. Auriculares y a flipar.

Minimalismo y neoclasicismo

Lo reconozco. Una de mis joyas de la corona. Si antes hablábamos de Brian Eno como precursor del ambient y padre del que todos mamaron, también en sus momento cumbre como compositor apadrinó a otros artistas impulsando su carrera. Uno de ellos fue Laraaji, el alias bajo el que se esconde Edward Larry Gordon. Hizo de su cítara su principal arma electrónica, abriendo su propio camino en el ambient y su prolífica new age. De ahí surgieron maravillas irrepetibles como ‘The Dance No 1‘, una pieza que ya de por sí hace de eje inspirador.

Precisamente de esa maravilla sonora anterior luego surgen esos pianos preparados y atmósferas tan inspiradoras que parecen tan obvias en la estadounidense Kelly Moran, uno de los nombres más importantes hoy en todo lo que se refiere al minimalismo, esa horrenda etiqueta que es la neoclásica, o la electroacústica. Tan solo con una década de actividad musical, el talento que exhibe es total, y se pudo ver en su último disco, Ultraviolet (Warp, 2018), que habla tanto de todo lo que ha llevado a llegar hasta aquí.

Sabemos que era inevitable. Había que seguir la secuencia para visibilizar (y sonorizar) la interrelación entre estos tres nombres y la bonita red que marca las influencias de unos y otros. Si habíamos dicho que Aphex Twin tenía música y piezas para el confinamiento en todas sus vertientes emocionales y sugestivas, después de haber pisado el territorio Eno, ahora es el momento de pisar el territorio Erik Satie. Con uno de los álbumes más infravalorados de su carrera que sigue teniendo maravillas. Claro, hablamos de Druqks (Warp, 2001). Además de los cambios de ritmo y el frenetismo, hay pianos preparados fabulosos.

Volviendo al sello de Moran, para quienes disfruten esos pianos y el respeto a ese clasicismo, aunque con algunos recursos que añadan algo más. Necesario también apuntar nombres como el de la coreana Park Jiha, pura inspiración la que irradian sus dos discos de 2018. Estimulante para rebajar la tensión y la ansiedad del confinamiento a través de esas evoluciones que se intensifican mientras entran más matices conforme los temas avanzan, añadiendo texturas más ricas.

Es uno de los artistas fijos en esto de la neoclásica. Uno de los nombres que vienen directos a la cabeza, y no es para menos. Si bien es cierto que Nils Frahm tiene ciertos tropiezos en su carrera como pianista (el último disco, entre ellos), tiene una amplia gama de producciones más minimalistas y otras que son más puramente electrónicas y que ganan por tener un ensamblaje más completo. Es el caso por ejemplo de All Mellody (Erased Tapes, 2018), probablemente su más ambicioso y mejor disco hasta ahora.

Ambientaciones de la casa

Para cerrar el texto sobre esta electrónica de confinamiento, que podría no acabar nunca y por eso os dejamos con la lista de Spotify, zanjamos el asunto con producciones españolas, también a través de discos o canciones que son tremendamente sugestivas y que pueden ayudar a hacer más llevadero el confinamiento, o a aumentar la sensación de aislamiento y distopía si eres más masoca. Y empezando por esto último, siempre es recomendable darle una o varias escuchas a este soberbio tema de Boris Divider. Una ambientación infecciosa que en efecto, es ideal para el colapso y el fin del mundo.

Pasamos ahora a otros clásicos en esto de la ambientación patria, como es el caso de los catalanes Balago. Llevan años ofreciento álbumes muy notables, con sintetizadores que les ofrecen paisajes sonoramente potentes, jugando mucho con los graves, y haciendo de esa ambientación y ritmo marcial o espacial, según se tercie, una propuesta sonora muy potente. Aquí queda como ejemplo su último largo. El final es pura evocación. Grandes.

Quizá un nombre aún poco conocido, pero capaz de composiciones realmente buenas, de las que saldrían en medios anglosajones poniéndolas por las nubes. Es el caso del malagueño Pepo Galán, que en 2018 se sacó de la chistera un trabajazo como Strange Parentheses (Archives, 2018), con un ambient potente y con un importante grado de drone y erosión que pone los pelos de punta. Sin duda, no puede faltar para la música de confinamiento.

No puede faltar tampoco como recomendación, el proyecto ya extinto de las asturianas LCC, que llegó a la casa de Editions Mego para demostrar lo lejos que puede llegar el ambient español. Aunque eso sí, hace falta sudor y lágrimas para que sellos de primer nivel internacional apuesten por ellos. Discos como d/Evolution (Editions Mego, 2014) mostraban su potencial y lo justificado que estaba la apuesta de Mego.

Y por último, nos despedimos con uno de los proyectos patrios que más nos han gustado últimamente en el ámbito electrónico. Mecánica Clásica, que con Filtraciones de Luz (Abstrakce Records, 2019) nos sorprendieron por su combinación de aquellos trabajos de los 70 de electrónica progresiva, combinados con muchos de los tamices del ambient actual y que suponen un potente sugestivo para estos días en los que te quedas en casa. Desde mirar a la nada, hasta ver cómo anochece poco a poco, tienen temas para dar rienda suelta a esas proyecciones mentales, o para imaginar cómo sería una distopía postapocalíptica.

Y aquí una pequeña playlist para disfrutar de clásicos, a modo de válvula de escape o para ahondar en el enclaustramiento.